A juzgar por las gambetas a los pozos, los salpicones, las caídas y la diversidad de diseños —con medidas y alturas fruto de criterios a veces poco funcionales—, las veredas ocupan un lugar central en la lista de problemas del entorno urbano. De ese escenario y del cumplimiento de normas que empezaron a buscar un cauce hace un poco más de 60 años promete ocuparse un área de la Municipalidad, que anunció un relevamiento de situaciones irregulares, teléfono en mano, para pasar a una etapa de advertencia y mejora que podría incluir facilidades.
La Comuna lanzó este plan dedicado a poner en valor el espacio peatonal apoyándose en la letra básica de la ordenanza Nº 3.001 de 1963, que coloca en el frentista la responsabilidad de la construcción y el mantenimiento. Si bien esa franja entre el límite del terreno y la calzada es de dominio público, la carga de conservación recae en los propietarios.
El plan oficial consiste en desplegar en la calle a inspectores y empleados municipales con dispositivos móviles. Trabajarán para una unidad ejecutora creada en la órbita del área de Obras. “Van a hacer un relevamiento con una aplicación georreferenciada que va a conformar una base de datos”, explicó la directora del nuevo organismo, Juliana Alfonsín.
La funcionaria apuntó que las recorridas por los barrios irán acompañadas por “una campaña de difusión” sobre el alcance de la normativa local, que tras aquella primera norma de 1963 incorporó sucesivas reformas. Alfonsín sostuvo que estas modificaciones no alteraron el reparto de responsabilidades ni el formato prescrito para la construcción.
“En las calles comunes del Casco Urbano se debe usar la baldosa de 9 panes (pequeños cuadrados en relieve), de color rojo y amarillo en la mano de los números pares, y gris y negro en la de los impares. En diagonales y avenidas se deben usar las de vainilla (bastones en relieve), con el mismo criterio de las calles”, detalló la funcionaria, y añadió que en las localidades también hay un esquema establecido: “Hay que colocar baldosones de granito gris, de 40 por 40 centímetros. También se puede utilizar el diseño del Casco y está bien”.
Un clave es el mantenimiento cuando los árboles rompen la vereda. En ese caso, el Municipio debe intervenir y definir la cazuela, indicó Alfonsín.
Germán Zuloaga, presidente del Colegio de Arquitectos apuntó que “la ordenanza 3.001 fue derogada y con el nuevo cambio de COU (Código de Ordenamiento Urbano)- La regulación quedó dividida, una parte la regula la 10.681 (Código de Edificación) y la otra parte por la ordenanza 12.692 (Nuevo COU)”. Según indicó, en el Colegio también piensan en la problemática: “Entre tantas cuestiones que le hemos planteado al Municipio, estamos trabajando en una propuesta sobre veredas y accesibilidad”.
Además del elevamiento que arrancará en breve y la entrega de folletos, el Municipio evalúa un esquema de facilidades para ponerse en regla, entre los que se contemplan posibles descuentos en fábricas de baldosas.
Por ahora no se contempla el camino de la contravención. El primer paso será contactar a los frentistas. “Vamos a apuntar primero a los organismos públicos”, indicó Alfonsín, al hacer referencia a la fuerte presencia de propiedades estatales en la Ciudad.
Por consultas, la funcionaria invitó a los frentistas a acercarse a la oficina de la Unidad Ejecutora, en 9 Nº 1134, entre 55 y 56.
SUSCRIBITE a esta promo especial