La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en un recurso cotidiano dentro de las aulas. Cada vez más estudiantes la utilizan para resolver tareas, buscar información, resumir textos o elaborar trabajos prácticos, al punto de que su uso ya forma parte de la rutina escolar.
Así lo refleja el informe “Uso de IA generativa y desinformación en el ámbito escolar”, elaborado por el Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital de BTR Consulting. El relevamiento indica que el 78% de los estudiantes utiliza inteligencia artificial para realizar tareas: el 35% lo hace con frecuencia y otro 43% de manera ocasional.
La tendencia también se observa entre alumnos de La Plata. “La uso para casi todos los trabajos. Si ChatGPT me responde algo, generalmente lo doy por correcto. Nunca me puse a pensar demasiado si podía estar equivocado”, cuenta Sofía, estudiante de quinto año de una escuela secundaria del centro de la Ciudad.
Pero junto con esa expansión aparece una señal de alerta. Según el estudio, el 49% de los estudiantes no puede identificar cuándo una respuesta generada por inteligencia artificial contiene errores, mientras que otro 40% cree que solo logra detectarlos en algunas oportunidades.
TERMINAR LA TAREA ANTES QUE APRENDER
Los resultados muestran que la principal motivación para utilizar estas herramientas es resolver las actividades con mayor rapidez.
El 32% de los estudiantes afirma que recurre a la inteligencia artificial para completar las tareas en menos tiempo, el 23% la utiliza para buscar información y el 17% reconoce que copia directamente las respuestas que obtiene.
“Cuando tengo varias entregas le pido que me haga un resumen o directamente la tarea. Después cambio algunas palabras y la presento. Casi nunca reviso si hay algún dato incorrecto”, admite Tomás, alumno de cuarto año de una escuela de Tolosa.
En cambio, apenas el 13% asegura utilizar la inteligencia artificial para comprender mejor un tema, un dato que, según los especialistas, evidencia que estas herramientas suelen emplearse más para cumplir consignas que para profundizar conocimientos.
“La inteligencia artificial llegó para quedarse y puede convertirse en una gran aliada del aprendizaje. El desafío es enseñar a usarla con criterio, entendiendo que ninguna respuesta debería aceptarse sin ser contrastada con otras fuentes”, afirmó Gabriel Zurdo, CEO de BTR Consulting.
LA CONFIANZA CRECE MÁS RÁPIDO QUE LA VERIFICACIÓN
Otro de los puntos destacados por el informe es la confianza que generan estas plataformas entre los usuarios.
El 60% de los encuestados considera que la información producida por inteligencia artificial es bastante o muy confiable. Sin embargo, esa percepción no se traduce en una revisión sistemática de las respuestas.
Solo el 11% sostiene que los estudiantes verifican siempre la información antes de utilizarla. El 45% lo hace únicamente algunas veces y el 21% admite que nunca revisa si los datos son correctos.
Advierten que el impacto de estas herramientas trasciende la resolución de tareas
“Si la respuesta suena lógica, no la chequeo. Me pasó alguna vez que un profesor me marcó un error, pero sigo confiando bastante porque casi siempre responde bien”, reconoce Martina, de 16 años.
Para los especialistas, esta combinación resulta preocupante porque aumenta la posibilidad de incorporar información falsa, incompleta o sesgada sin cuestionarla.
“El problema no es que la inteligencia artificial pueda equivocarse. El verdadero riesgo aparece cuando esas respuestas se toman como ciertas sin cuestionarlas ni verificarlas”, advirtió Zurdo.
EL RIESGO DE DELEGAR EL RAZONAMIENTO
Especialistas advierten que el impacto de estas herramientas trasciende la resolución de tareas. La rapidez con la que la inteligencia artificial ofrece respuestas reduce una etapa fundamental del aprendizaje: el tiempo destinado a pensar, formular hipótesis, equivocarse y construir conocimiento.
Una experiencia similar describe Joaquín, estudiante de 17 años que vive en Gonnet. “Antes buscaba información en distintas páginas. Ahora casi todo lo hago con IA porque es más rápido. Sé que puede equivocarse, pero tampoco me preocupa demasiado. Si la respuesta parece completa, la uso”.
Este fenómeno, conocido como descarga cognitiva, consiste en delegar parte del esfuerzo mental en una herramienta externa. A ello se suma el denominado sesgo de automatización, que lleva a aceptar las respuestas generadas por la tecnología sin analizarlas críticamente.
Los investigadores sostienen que el verdadero desafío no es impedir el uso de la inteligencia artificial, sino evitar que se convierta en una dependencia permanente que limite la capacidad de resolver problemas sin asistencia.
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