Desenvolverse en la Ciudad puede parecer un problema para quien no la conoce. Diagonales, facultades, comercios, oficinas para trámites, museos y miles de personas yendo y viniendo, representan un contexto tan habitual como solitario e individual. Sin embargo, aun conociéndola, el panorama se vuelve muy distinto para quienes conviven con una discapacidad física o visual. Eso hasta en el caso de quienes disponen de la movilidad en un auto particular o con el transporte en taxi o remís, cuyas áreas de estacionamiento aparecen alteradas en el Centro.
Cruzar la calle, tomar un micro, ir al trabajo o simplemente caminar por las veredas puede representar un trastorno cotidiano debido a la persistencia de barreras arquitectónicas, la falta de previsión estatal y una marcada indiferencia social que atentan directamente contra la autonomía.
En ese contexto, una vecina del casco urbano denunció que fueron modificados los espacios de estacionamiento reservados para personas con movilidad reducida, complicando el acceso en pleno centro. Silvia Franco tiene una hija con discapacidad y, para ella, conseguir un lugar para estacionar se convirtió en un calvario que se fue agravando.
La mujer, señaló a este diario que las modificaciones en las calles 8, 12 y 13 responden “a la falta de control y decisiones del municipio que priorizan otros usos”, como la carga y descarga de mercadería o el estacionamiento de motos.
Según describió, sobre calle 12 (de 55 a 59), los espacios reservados fueron reubicados o quedaron fuera de uso al superponerse con paradas de taxis o delivery.
El panorama se repite en 13 entre 47 y 48, y en la calle 8, donde directamente desaparecieron, indicó. A esto se suman sectores como 45 casi 7, 46 casi 7, 47 casi 6, 48 esquina 7, 7 entre 41 y 42, y 13 esquina 46, donde los espacios fueron eliminados o modificados.
Además, remarcó que en 8 y 48 pusieron un contenedor de basura adelante del cartel de ascenso y descenso. “Es una muestra clara de que no hay control ni planificación”, cuestionó Franco, quien además fue multada estando correctamente estacionada, según sostuvo.
Qué dicen la Comuna
Desde este diario se consultó al Municipio sobre la situación denunciada por la vecina y los cambios registrados en los espacios reservados, pero hasta el cierre de esta edición no se brindaron explicaciones al respecto.
También se solicitó información sobre la normativa vigente que regula estos lugares, aunque no se recibió una respuesta oficial.
La Municipalidad de La Plata regula el estacionamiento reservado para personas con discapacidad a través de distintas ordenanzas.
Una de esas es la 9.758, sancionada el 28 de julio de 2004, establece la existencia de espacios exclusivos para vehículos pertenecientes a personas con discapacidad en calles transversales a calle 12.
Según lo señalado por Franco, algunos de estos lugares contemplados por la normativa actualmente no estarían siendo respetados, debido a cambios en su ubicación, falta de señalización o la ocupación por otros usos.
Este cuadro en la vía pública se complementa con laberintos burocráticos.
Omar Fernández, un jubilado y abogado de 90 años que reside en 16 entre 34 y 35, tuvo que padecer por años con la demora en el trámite de la reserva de estacionamiento frente a su domicilio para su esposa de 85 años, quien es discapacitada.
Al no tener cochera en su edificio, tomar un taxi o una ambulancia es una odisea agravada por un taller mecánico que bloquea las veredas, según le contó a este diario.
Tras reclamar sin éxito ante oficinas del Ejecutivo Municipal, acudió al Concejo Deliberante, donde tras un año le indicaron que el expediente no se había tratado porque “no tenían recursos” para pintar el cordón y colocar los carteles.
“Durante mi vida pagué todos los impuestos para pagar sus sueldos. Ni una mísera respuesta he recibido”, puntualizó entonces, indignado. Al final, logró el espacio exclusivo en noviembre del año pasado.
A las barreras físicas y administrativas se suma la apatía social. Para una persona ciega, caminar por las calles platenses puede ser un campo minado.
Andrea Toffolo, docente que perdió la vista, graficó el escenario: “La autonomía de una persona ciega termina donde comienza una vereda rota, pero también donde la sociedad no entiende cómo ayudarnos”, expresó en una charla con este diario de fines de 2025.
Relató la fuerte indiferencia que percibe en las paradas de colectivos, algo que Alfredo, quien tiene baja visión, contrastó con el trato más solidario que recibe en Buenos Aires. Ante esto, la Fundación Tiflos, presidida por Belkis Díaz en 22 entre 32 y 33, trabaja desde 1989 brindando rehabilitación integral para que jóvenes y adultos recuperen su independencia. “Todavía hay que derribar barreras, sobre todo las sociales, actitudinales y todo lo que nos encontramos en la calle”, cerró Toffolo.
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