A diferencia del cruce de cuartos de final frente a Suiza, que se disputó el sábado por la noche, la semifinal de este miércoles por la tarde modificó por completo la rutina de los platenses.
La jornada laboral y escolar obligó a miles de vecinos a reorganizar sus horarios para no perderse el partido de la Selección. Hubo almuerzos a las apuradas, oficinas que adelantaron tareas y una carrera contrarreloj para llegar a casa antes del pitazo inicial.
Muchas familias organizaron encuentros para seguir el partido después del almuerzo, mientras que otros eligieron reunirse con amigos alrededor de unos mates, una picada o alguna merienda improvisada. Claro que, en muchos casos, los nervios también jugaron su partido y más de uno confesó tener el "estómago cerrado" por la ansiedad.
Los bares y restaurantes de La Plata también fueron protagonistas. Desde temprano comenzaron a llenarse de hinchas que buscaron vivir el encuentro frente a las pantallas gigantes, en un clima de expectativa que fue creciendo con el correr de las horas.
El contraste con lo ocurrido el sábado fue evidente. En aquella oportunidad, el movimiento se concentró durante la tarde en supermercados, almacenes y comercios de cercanía, donde los vecinos hicieron las últimas compras de bebidas, carnes, fiambres, snacks y otros productos para compartir una noche de fútbol.
Esta vez, en cambio, el protagonismo fue del apuro. Apenas comenzó el partido, el ritmo habitual de la Ciudad volvió a detenerse: disminuyó notablemente el tránsito, muchas calles quedaron casi vacías y la actividad comercial se redujo al mínimo.
Una vez más, La Plata acomodó su agenda al calendario del Mundial y volvió a demostrar que, cuando juega la Selección, todo lo demás puede esperar.
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