Claudia Gorza integra la Selección Argentina de Bote Dragón de Supervivientes de Cáncer de Mama que por estos días compitió en el Mundial de Francia. La vecina de City Bell es una de las 24 mujeres que representan al país en esta disciplina, un deporte de remo grupal en el que las participantes avanzan juntas sobre un bote siguiendo el ritmo marcado por una timborista. El equipo argentino, además, tiene una particularidad: está formado por mujeres de distintas provincias y ciudades.
Para llegar hasta Francia hubo dos años de preparación. Como las integrantes viven en diferentes puntos del país, los entrenamientos nacionales se realizaron en distintas ciudades. Neuquén, Córdoba y La Plata fueron algunos de los lugares de encuentro, mientras que cada deportista continuó entrenando con su equipo local siguiendo un programa común.
“Pertenecemos a distintas provincias”, explica Gorza en diálogo con EL DIA. Esa distancia geográfica hizo que cada encuentro tuviera un valor especial. Las integrantes del interior debían trasladarse para reunirse con el seleccionado, mientras que el resto del tiempo mantenían su preparación en sus respectivos equipos.
Gorza pertenece a Alas de Agua, de Avellaneda, porque es el equipo que le queda más cerca para entrenar. Pero su vínculo con La Plata es fuerte. Aunque nació en Bahía Blanca, llegó a la ciudad a los 18 años y allí nacieron sus hijos. Por eso se define como platense por adopción y asegura que representar a la ciudad en un Mundial es motivo de orgullo. No es la única representante de la región. También hay mujeres de Berisso y Ensenada que forman parte de Dragones Rosas La Plata, mientras que otras bonaerenses integran Rosas del Plata, de Tigre, y Rosas del Mar, de Mar del Plata.
Un equipo federal
El seleccionado está compuesto por integrantes de siete equipos: Amazonas de Córdoba, Chicas Pink de Santa Fe, Brarirosa de Bariloche, Dragones Rosas La Plata, Alas de Agua de Avellaneda, Rosas del Plata de Tigre y Rosas del Mar de Mar del Plata. La diversidad también aparece en los testimonios de las propias integrantes. Carolina Guiñazú viajó junto a tres compañeras de Amazonas representando a Córdoba. Ella vive en San Pancho, una pequeña localidad del sur de la provincia, mientras que sus compañeras son de Córdoba capital. Desde Santa Fe, Silvina Charrin participa por la Asociación Civil Chicas Pink junto a Gabriela Ramírez y Daniela Dal Lago. Para ella, una de las características que más impactan del Mundial es justamente la posibilidad de encontrarse con mujeres de distintas nacionalidades, culturas e idiomas.
En Francia participan alrededor de 4.500 mujeres de 127 países. Para las argentinas, ese encuentro internacional también se convirtió en una experiencia de intercambio. Gorza cuenta que muchas participantes se acercan a ellas, quieren sacarse fotos y buscan conseguir la camiseta argentina.
Después de las carreras existe, además, una tradición: las participantes intercambian sus camisetas. Según relata Gorza, la camiseta argentina es especialmente buscada. Antes y después de cada competencia, las integrantes del seleccionado también cantan el himno.
Remar después del cáncer
El bote dragón tiene un origen milenario y oriental. Su utilización como actividad para mujeres sobrevivientes de cáncer de mama comenzó en 1995, cuando el médico canadiense Donald McKenzie observó que el movimiento repetitivo del paleo favorecía el drenaje linfático, algo importante para prevenir el linfedema después de una mastectomía. En Argentina, la actividad creció hasta alcanzar más de 26 equipos. Para Gorza, sin embargo, el significado del remo va bastante más allá de una competencia.
Su propia historia está ligada a esa transformación. En octubre de 2020, durante la pandemia, fue diagnosticada con cáncer de mama y en noviembre comenzó un tratamiento de quimioterapia. En medio de ese momento recibió de una amiga una frase que terminaría marcando un nuevo camino: “Remo, rosa, bote dragón”.
Cinco años después, aquella propuesta la llevó hasta un Mundial. Pero Gorza sostiene que el objetivo no debería terminar en Francia. Su deseo es que más mujeres que hayan atravesado un tratamiento oncológico conozcan esta actividad y puedan acercarse a los equipos.
“No se requiere preparación previa física ni ser cercana al deporte náutico”, explica. Tampoco es necesario haber practicado deportes antes. Para ella, lo importante es animarse a participar.
“Remar nos conecta con lo bueno de la vida, nos conecta con la vida misma”, dice.
Por eso, mientras el bote argentino compite en Francia, Gorza también piensa en quienes todavía no conocen esta posibilidad. Su anhelo, sostiene, es que el remo rosa llegue a muchas más mujeres y que puedan descubrir, después de atravesar una enfermedad, una forma de volver a encontrarse con el cuerpo, con el agua y con otras mujeres que entienden lo que significa ese recorrido.
La Selección Argentina llegó al Mundial después de dos años de preparación y de reunir mujeres separadas por cientos de kilómetros. En Francia, todas esas historias se convierten en un mismo bote. Y, para Gorza, también en una misma idea: remar juntas y avanzar juntas.
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