En la Ciudad, para muchos repartidores de aplicaciones, el deterioro del poder adquisitivo, el aumento de los costos de mantenimiento de motos y bicicletas y la necesidad de no detener la actividad hicieron que apareciera una nueva alternativa: pedir préstamos a las mismas plataformas para las que trabajan.
La situación no es exclusiva de los repartidores de apps de delivery. Un escenario similar atraviesan los choferes de aplicaciones de transporte, que también recurren al endeudamiento para mantener sus vehículos en funcionamiento y poder seguir trabajando. En este caso, la diferencia es que los conductores de Uber, DiDi o Kify suelen financiarse a través de préstamos de billeteras virtuales, financieras o prestamistas particulares (ver aparte).
ENDEUDARSE PARA REPARTIR
“Depende de en qué aplicación estés repartiendo”, resumió Nahuel Salguero, referente de la Agrupación de Repartidores, en diálogo con EL DIA. “Hay una sola que hoy está relativamente bien paga pero también depende de la cantidad de horas que le metas. Para que realmente te rinda tenés que trabajar muchísimas horas”, aseguró.
La deuda promedio de cada repartidor rondaba los $900.000 hacia fines de 2025
En ese contexto, explicó, comenzaron a multiplicarse los créditos que la aplicación ofrece a algunos de sus repartidores para financiar la compra o reparación de motos, una herramienta indispensable para poder seguir generando ingresos.
“Lo que se hizo muy popular en estos días son los préstamos para financiar motos o arreglos. Se gestionan desde la aplicación y después te descuentan un monto todas las semanas del resumen de ganancias”, detalló Salguero.
El fenómeno ya quedó reflejado en un informe del Banco Central, que analizó el crecimiento del crédito dentro de la llamada economía de plataformas. Según el organismo, durante 2025 la cantidad de trabajadores que tomaron préstamos a través de estas empresas aumentó un 122%, luego de otro fuerte incremento registrado el año anterior. Además, la deuda promedio de cada repartidor rondaba los 900.000 pesos hacia fines de ese año.
La lógica es diferente a la del sistema bancario tradicional. Para empezar, la tasa de interés puede llegar al 700% anual. Eso puede multiplicar por 7 el nivel de un préstamo bancario.
Como muchos repartidores no cuentan con historial crediticio suficiente para acceder a préstamos convencionales, las plataformas utilizan la información que generan dentro de la aplicación -cantidad de pedidos realizados, antigüedad, aceptación de viajes y calificaciones de los usuarios- para determinar quién y por cuánto puede acceder al financiamiento.
El dinero suele destinarse a sostener la actividad. Reparar una moto, cambiar neumáticos, afrontar un desperfecto mecánico o comprar un vehículo nuevo son inversiones imposibles de postergar para quienes dependen del reparto como única fuente de ingresos.
Sin embargo, desde el sector advierten que acceder al crédito no necesariamente resuelve el problema económico. Al contrario, muchas veces profundiza la dependencia de los trabajadores respecto de las plataformas.
EL CRÉDITO, UNA NECESIDAD
Marcos, de 28 años, trabaja como repartidor desde hace dos años. Cumple jornadas de unas nueve horas diarias, de lunes a sábado, y asegura que sus ingresos crecieron mucho menos que sus gastos. “Todavía no tuve que pedir un préstamo, pero varios compañeros ya empezaron a hacerlo, sobre todo para arreglar la moto”, contó a este diario.
La situación es similar para Micaela, de 32 años, que combina el trabajo como repartidora con la crianza de su hija. Explicó que entre combustible, seguro y patente destina entre 200.000 y 300.000 pesos mensuales solo para mantener el vehículo en condiciones. “Si tenés un accidente o la moto se rompe, esos días no trabajás y no cobrás. Ahí es cuando muchos terminan necesitando plata para seguir”, señaló.
Según un informe del Banco Central, siete de cada diez deudores tienen menos de 40 años
El Banco Central también observó que la mayoría de quienes toman estos créditos trabajan de manera exclusiva para las plataformas y que siete de cada diez deudores tienen menos de 40 años. En paralelo, distintos relevamientos realizados muestran que el perfil de los repartidores también comenzó a cambiar: crece la participación de mayores de 50 años, jubilados y personas que perdieron empleos formales y encuentran en las aplicaciones una forma rápida de generar ingresos.
Las empresas sostienen que estos préstamos representan una herramienta de inclusión financiera para personas que difícilmente accederían a créditos bancarios. Además, destacan que las cuotas se descuentan automáticamente de las ganancias obtenidas en cada reparto, lo que reduce los niveles de mora.
Del otro lado, los trabajadores plantean que el problema no es solamente acceder al crédito, sino la necesidad de endeudarse para poder seguir trabajando. Cuando la herramienta de trabajo depende de un préstamo y los ingresos obligan a extender cada vez más la jornada, la deuda deja de ser una solución transitoria para convertirse en parte del propio modelo laboral.
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