La presencia japonesa dejó marcas visibles en distintos momentos de la historia platense. Durante buena parte del siglo XX, las tintorerías fueron uno de los principales ámbitos de actividad de las familias llegadas desde Japón. Entre los comercios registrados aparecen Tokyo, Hinomaru y Tomari, además de los emprendimientos de las familias Onaha, Mayeyoshimoto y Teruya.
La actividad comercial convivió con otros oficios. Los Matsunaga se dedicaron a la jardinería y los Konishi a la venta de flores en la zona del cementerio.
Más tarde, la floricultura se convirtió en una de las actividades centrales de Colonia Urquiza y continúa teniendo un peso importante en la Región. De hecho, los referentes consideran que la dimensión del sector local es, hoy por hoy, mayor que en Escobar, tradicionalmente asociada con la producción de flores.
Con el paso de las generaciones, la huella japonesa también se trasladó a la gastronomía. Cecilia Onaha señala que la cultura culinaria fue una de las tradiciones que sobrevivió con mayor continuidad, aunque incorporándose a las costumbres locales. Un ejemplo es el arroz blanco, que pasó a acompañar comidas típicamente argentinas como el asado.
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