Este sábado por la noche, 800 exalumnos de distintas promociones del Colegio Nacional Rafael Hernández de la UNLP se reunieron en el edificio de 1 y 49 para celebrar el Día del Exalumno.
El encuentro “Volver al Nacional”, fue organizado por el Centro de Exalumnos con el fin de recuperar los lazos entre generaciones y colaborar con la institución.
La convocatoria se extendió hasta la medianoche y reunió a hombres y mujeres de distintas edades, aunque predominaron quienes tienen entre 50 y 80 años, junto a un puñado de egresados más jóvenes. Hubo trajes, jeans y hasta rastas y tatuajes, entre vestidos de gala.
La propuesta que se puso en marcha el año pasado, busca instalar el primer sábado de noviembre como fecha fija para celebrar el Día del Exalumno.
La tarjeta costó $30.000 y lo recaudado se destinará a acompañar las necesidades del Colegio. Con el encuentro anterior, se colaboró con la compra de lockers para las aulas, donde los estudiantes dejan sus celulares antes de comenzar las clases.
También repasó la actividad cultural realizada el 23 de octubre en el Salón de Actos, con la obra “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona, a cargo del grupo Gente de Teatro. La función recaudó $1.664.000 y reforzó la campaña “Fortalecer la Biblioteca”.
Pablo Di Plácido, presidente del Centro de Exalumnos, indicó que “son los primeros pasos, pero fundamentales para consolidarnos y tener continuidad”.
En la entrada, se encontraba Osvaldo Pombo, un preceptor ya jubilado al que los exalumnos se acercaban para saludar y reconocerle su trayectoria. Entre recuerdos y risas, contó la historia de un chancho que apareció una mañana de invierno en el hueco de una escalera, durante los años 70. El animal llevaba el nombre de un preceptor de carácter fuerte. Pombo recordó que los responsables fueron descubiertos mucho después, cuando uno de ellos, ya convertido en padre, se encontró con él y terminó admitiendo: “Sí, fui yo”. No quiso revelar su identidad.
Algunos evocaron los años en que se asistía con saco, camisa y corbata; otros, las décadas del 70 y 80, cuando el guardapolvo formaba parte de la vestimenta. También reaparecieron las pintadas en el patio principal, una tradición que, según Di Plácido, comenzó en 1982. Santiago, otro exalumno, recordó que el primer día que ingresó al Colegio se puso las manos en los bolsillos y lo mandaron directamente a dirección.
Entre los asistentes, Víctor Hugo Peñalva (78), graduado de la promoción 1966, médico pediatra y residente en Chascomús, contó que mantiene reuniones mensuales con antiguos compañeros. “Me di cuenta en primer año de Medicina que varios de mis compañeros no sabían lo que era un microscopio”, recordó, al valorar la formación recibida. También habló de los momentos difíciles: “Dentro de lo bueno, también está lo malo, también había bullying; esos son los dolores de crecer”.
Daniel Fernández Blanco, también de la promoción 1966, recordó que estudiar idiomas le permitió vivir y trabajar en Alemania. “Estamos los que quedamos”, expresó, al referirse a sus compañeros, y dejó un consejo para los estudiantes actuales: “Que estudien idioma, chino, hindú, lo que sea, pero que estudien, que es una ventana grande”.
La actual directora, Ana María García Munitis, también participó de la jornada, junto con docentes y preceptores, entre ellos Martín Sambori. Hubo sorteos y uno de los premios fue una estadía de cinco días en cabañas de Villa La Angostura, donada por uno de los organizadores. Para Enrique, egresado en 2009 y cuarta generación de su familia en el Nacional, el encuentro resume ese vínculo: “Mi bisabuelo se recibió en 1920 y mi prima en 2022. Es nuestra segunda casa”.
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