Frente a esta vulnerabilidad comercial, el debate sobre el valor agregado y la tecnología se vuelve urgente para mitigar las pérdidas. Rafael Velázquez, presidente de la Fundación Pro Humanae Vitae (FPHV), resaltó iniciativas académicas clave que buscan amortiguar el golpe: “Tenés la planta de alimentos y la planta de deshidratados donde hacen la supersopa, que es de la Universidad Nacional de La Plata. Fue un desarrollo tanto a nivel nutricional como a nivel tecnológico muy importante, ya que permitió procesar muchos productos del cordón frutihortícola, se lo volcó a los comedores y a la vez se reducía el desperdicio”.
No obstante, el referente de la FPHV advirtió que dar un salto de escala requiere inversiones hoy inaccesibles y una infraestructura moderna de frío para resguardar el valor estético y comercial de la mercadería: “Revertir eso tiene que ver con una aplicación de tecnología que son inversiones muy caras. No sé si hay un problema de inversión, pero por ahí sí de tecnología, de infraestructura o de falta de confianza. El IQF, que es el individual quick freezing, es una tecnología que ya existe desde la década del 30, pero hoy es muy común y permite el congelado rápido de los alimentos por separado. Generalmente esto se hace en nitrógeno líquido que permite que los cristales de hielo no dañen la estructura celular, que es la clave”.
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