La noticia de que más estaciones de servicio volvieron a vender GNC llevó algo de calma a los usuarios de la Región. Entre esos, taxis y remiseros, que tiene algunos picos de uso exclusivo. Sin embargo, para muchos particulares la normalización todavía parece un espejismo. La historia de Inés Cardozo, vecina de Los Hornos, es una muestra de eso: después de haber quedado varada días atrás en pleno centro platense por quedarse sin combustible, volvió a recorrer distintas estaciones en busca de una carga y otra vez se encontró con filas interminables, surtidores sin gas y horas de espera.
La mujer comenzó su recorrido en la estación de 7 y 66. “Cuando estaba por subir al playón me pusieron el cono justo adelante. Me quedé y no pude entrar”, contó. Sin éxito, decidió continuar viaje hasta la estación conocida como “Puente Roma”, en Baradero y Río de Janeiro, Berisso, donde le habían dicho que cargarían hasta las 20. Pero la realidad fue otra: “Había como cinco cuadras de cola”, recordó. La búsqueda no era nueva. Días antes, cuando se quedó sin gas, había recorrido estaciones de Los Hornos, Olmos, Berisso y distintos puntos de La Plata hasta que su auto dijo “basta” en plena calle. Aquella experiencia parecía haber quedado atrás con la incorporación de nuevas bocas de expendio, pero la realidad volvió a demostrarle que conseguir combustible seguía siendo una tarea de paciencia. Según relató, desde entonces pasó por las estaciones de 131 y 60, 67 y 130 y 67 y 31. Todas estaban cerradas. También intentó cargar en 62 y 131, pero tampoco tuvo suerte. Incluso llegó a dejar el auto estacionado cerca de una estación para regresar caminando a la mañana siguiente y asegurarse un lugar en la fila. “Como el auto anda solo a gas, con el frío tuve que empujarlo y después llamar al mecánico porque se enfrió la batería junto con todo el sistema”, explicó. Durante algunos días administró el poco combustible que había conseguido, pero las obligaciones laborales y personales terminaron vaciando nuevamente el tanque. La última búsqueda volvió a demandarle gran parte de la jornada. Tras cuatro horas de espera Inés pudo cumplir su misión. En este contexto, aunque el abastecimiento comenzó a mostrar señales de recuperación y cada vez son más las estaciones que vuelven a ofrecer GNC, para muchos usuarios particulares la odisea todavía no terminó. Las filas, los cupos diarios y la incertidumbre siguen marcando una rutina que, por ahora, está lejos de volver a ser como antes.
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