El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones actuales del ENOS corresponden a una fase cálida, es decir, El Niño. Para los próximos meses, los modelos proyectan una alta probabilidad de continuidad del fenómeno y un escenario que podría ubicarse entre los episodios fuertes y muy fuertes.
El fenómeno adquiere especial relevancia para el Gran La Plata porque aumenta la probabilidad de precipitaciones superiores a las normales en sectores del centro-este argentino.
También favorece condiciones que pueden generar lluvias intensas y acumulados importantes en períodos breves.
Sin embargo, El Niño no significa que necesariamente vaya a producirse una inundación en La Plata, Berisso o Ensenada, aclaran. El fenómeno modifica las probabilidades climáticas regionales, pero no determina por sí mismo cuándo, dónde ni cuánto va a llover.
Para evaluar el riesgo urbano habrá que seguir otras variables: la cantidad de lluvia acumulada, la intensidad de cada tormenta, la humedad del suelo, el nivel de los arroyos, la capacidad de los desagües y, en el caso de Berisso y Ensenada, la evolución del Río de la Plata.
Qué significa el pronóstico de más lluvias
Durante las últimas semanas circuló una estimación que habla de hasta un 90% más de precipitaciones durante diciembre. El dato requiere una precisión: esa cifra no puede trasladarse directamente al Gran La Plata.
El porcentaje está relacionado con proyecciones para determinadas regiones del país y no significa que La Plata, Berisso y Ensenada vayan a registrar automáticamente una anomalía de esa magnitud.
Para el área platense, especialistas consultados ubicaron la anomalía esperada para diciembre en aproximadamente 40 a 50 milímetros por encima del promedio mensual. Además, un pronóstico climático mensual no indica cómo se distribuirá esa cantidad de agua. No tiene el mismo impacto que los milímetros se repartan durante varias semanas o que se concentren en una tormenta de pocas horas.
Por eso, la variable más importante para las ciudades de nuestra región será la intensidad de las precipitaciones y las condiciones del territorio inmediatamente antes de cada episodio.
El Gran La Plata tiene un antecedente que explica la atención puesta sobre el próximo período de lluvias: la inundación del 2 de abril de 2013, cuando una precipitación extraordinaria superó rápidamente la capacidad de escurrimiento de distintos sectores de la Región. Este episodio también demuestra por qué no debe establecerse una relación automática entre El Niño e inundación. Las grandes emergencias hídricas urbanas dependen de múltiples factores meteorológicos.
Lo que sí puede cambiar con un El Niño fuerte es el escenario de fondo. Una mayor disponibilidad de humedad y una mayor frecuencia de situaciones lluviosas pueden dejar menos margen para absorber nuevas precipitaciones.
La sucesión de lluvias es particularmente importante. Si el suelo permanece húmedo o saturado y los arroyos continúan elevados, una nueva tormenta puede generar mayor escurrimiento superficial y acelerar la llegada del agua a los cursos.
La Plata y el desafío del drenaje
La Municipalidad de La Plata da cuenta de un Plan General de Gestión de Emergencias que contempla procedimientos de prevención, alerta, movilización y respuesta frente a eventos hidrometeorológicos severos. El esquema incluye la coordinación entre organismos municipales, provinciales y nacionales y contempla mecanismos de preparación comunitaria. El documento también establece la necesidad de revisar y actualizar periódicamente los planes.
Frente al escenario de El Niño, el municipio comenzó a realizar un seguimiento específico de las condiciones climáticas y de la capacidad de respuesta de su infraestructura hidráulica.
Entre las tareas de prevención se encuentran el mantenimiento y la desobstrucción de desagües. La capacidad de sumideros, conductos y canales será un factor relevante ante tormentas con grandes acumulados en pocas horas.
Las cuencas que atraviesan la ciudad
La Plata está atravesada por varias cuencas hidrográficas. Entre las principales se encuentran las de los arroyos del Gato, Maldonado, Pérez y otros cursos que recorren sectores urbanos densamente poblados.
El funcionamiento de esas cuencas depende de las obras hidráulicas, pero también del mantenimiento de canales, conductos y sumideros. El riesgo tampoco comienza necesariamente cuando un arroyo desborda. Una tormenta intensa puede generar primero acumulaciones en calles, esquinas y sectores bajos donde el agua tarda en ingresar al sistema de drenaje.
Por ese motivo, la limpieza previa de los puntos de captación constituye una medida preventiva necesaria, aunque no pueda garantizar por sí sola que una precipitación extraordinaria no genere anegamientos.
Berisso suma el factor Río
La ciudad ribereña enfrenta una situación diferente a la de La Plata por su proximidad directa al Río de la Plata. A las lluvias y el comportamiento de los arroyos se agrega la evolución del nivel del río.
Una tormenta intensa puede generar grandes volúmenes de escorrentía. Si al mismo tiempo se registra una crecida, una sudestada o niveles elevados del Río de la Plata, la evacuación del agua puede resultar más compleja.
Así, el municipio informó que conformó una mesa local de fortalecimiento para la prevención de desastres y la gestión del riesgo, con participación de distintas áreas, organismos provinciales y fuerzas de respuesta.
El esquema contempla situaciones de inundación, sudestadas y lluvias intensas, con una estrategia que combina prevención, monitoreo y respuesta ante posibles emergencias.
En agosto, la Provincia entregó a Berisso equipamiento para fortalecer su capacidad de respuesta. Entre los elementos incorporados se encuentran un gomón, un generador eléctrico, una motobomba, herramientas para limpieza y prevención y elementos de seguridad.
También se incorporaron pluviómetros mediante el programa “Anticipando la Crecida”. La instalación de estos equipos permite conocer cuánto está lloviendo efectivamente en diferentes sectores del territorio.
La Provincia también acordó avanzar con un Mapa Municipal de Riesgo para identificar zonas vulnerables y mejorar la organización de la respuesta junto con la comunidad.
Ensenada: canales, compuertas y el Canal Oeste
La otra ciudad ribereña también debe enfrentar una doble amenaza: el agua que llega como consecuencia de las precipitaciones y el comportamiento del Río de la Plata. En ese sentido, el municipio aseguró que realiza tareas de mantenimiento y prevención sobre canales y cursos de agua y sobre infraestructura vinculada con compuertas.
Entre las intervenciones figura el refuerzo de una compuerta en el sector Miguelín, destinada a mejorar el funcionamiento del sistema frente a crecidas del río y temporales.
También se realizan tareas sobre canales relevantes para el escurrimiento y se presta atención a sectores donde la acumulación de residuos vegetales puede afectar la circulación del agua.
Uno de los puntos observados es el Canal Oeste, ubicado junto al complejo industrial de YPF. En ese sector se registra acumulación de camalotes y se realizaron reuniones para coordinar intervenciones.
La estrategia de Ensenada también contempla una segunda etapa orientada directamente a la emergencia. El municipio prepara centros de evacuación y dispone de embarcaciones, colchones, frazadas y alimentos para responder ante un episodio que obligue a trasladar personas de las zonas afectadas.
Iincorporó además una herramienta destinada a la respuesta ante emergencias prolongadas: la nueva planta embotelladora de Aguas Bonaerenses (ABSA), ubicada en Punta Lara. La instalación tiene capacidad para producir hasta 8.400 bidones de agua potable por día.
La Provincia busca integrar a los tres municipios
La estrategia provincial apunta a superar las respuestas aisladas de cada municipio mediante una red de monitoreo y coordinación que alcanza a los 135 distritos bonaerenses.
El Ministerio de Ambiente estableció cinco líneas de trabajo: diagnóstico territorial, relevamiento de capacidades, sistemas de alerta temprana, protocolos institucionales y preparación comunitaria.
Hasta agosto se habían instalado 11 estaciones meteorológicas automáticas, 40 kits de gestión del riesgo y 50 pluviómetros comunitarios. Además, se anunció la instalación de otras 24 estaciones en puntos estratégicos y un plan de expansión que busca alcanzar 424 estaciones meteorológicas hacia 2030 mediante inversión provincial y convenios con otras instituciones.
El suelo también determina el riesgo
Uno de los indicadores centrales es la humedad del suelo. La Autoridad del Agua elabora informes semanales que permiten determinar qué sectores presentan condiciones de saturación.
Una misma cantidad de lluvia puede generar consecuencias diferentes según el estado del suelo. Cuando el terreno está seco, parte del agua puede infiltrarse; cuando está saturado, aumenta el volumen que escurre superficialmente.
El problema se vuelve mayor si los arroyos también presentan niveles elevados. En ese caso, la capacidad disponible para recibir nuevos aportes disminuye.
Por eso, durante la primavera y el verano será necesario observar no solamente las lluvias previstas, sino también las precipitaciones acumuladas durante los días anteriores.
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