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El sueño bajo presión: crece en la Región el consumo de fármacos y suplementos para “apagar la cabeza”

Del clonazepam a la melatonina: cómo la crisis transformó el descanso en un problema de salud. Los detalles

Aumenta el consumo de medicamentos para descansar al mismo paso que crece el agotamiento social / Web

Por Redacción

La imposibilidad de descansar se convirtió en una de las señales más visibles del deterioro emocional y social que atraviesa a miles de personas en la provincia de Buenos Aires. En ciudades como La Plata, Berisso y Ensenada, especialistas advierten que el sueño dejó de ser un proceso espontáneo para convertirse en una necesidad intervenida por medicamentos, suplementos o rituales destinados a “desconectar” la mente después de jornadas marcadas por la presión económica, la precarización laboral y la exposición constante a las pantallas.

Investigaciones desarrolladas en la región por equipos académicos de la Universidad Nacional de La Plata y del CONICET colocan al estrés crónico y a las condiciones laborales como factores centrales detrás del aumento de trastornos del sueño y del crecimiento sostenido en el consumo de ansiolíticos. Los estudios, alojados en el repositorio científico SEDICI de la UNLP, analizan cómo los Riesgos Psicosociales en el Trabajo impactan de forma directa sobre la salud mental y física de los trabajadores.

Uno de los investigadores más citados en este campo es Julio César Neffa, quien sostiene que las dinámicas laborales actuales producen una sobrecarga mental permanente. La exigencia de rendimiento continuo, sumada a la incertidumbre económica y a la falta de recuperación adecuada, deriva en agotamiento emocional, irritabilidad, trastornos de ansiedad e insomnio persistente.

En el Gran La Plata, los especialistas observan que muchas personas recurren a psicofármacos no para fines recreativos, sino como una herramienta para sostener el ritmo cotidiano. Dormir unas pocas horas para poder volver a trabajar al día siguiente se transformó en una práctica cada vez más habitual en sectores atravesados por el empleo precario, la informalidad y la multitarea constante.

LA EXPANSIÓN DE LOS ANSIOLÍTICOS Y LA AUTOMEDICACIÓN

Los informes del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense revelan que la pandemia y el período posterior profundizaron el uso de psicofármacos vinculados al sueño y la ansiedad. El fenómeno se consolidó especialmente entre adultos jóvenes y trabajadores urbanos.

Uno de los datos que más preocupa a los organismos sanitarios es el crecimiento de los circuitos informales de acceso a medicamentos. Según los relevamientos, el 14% de las personas que reconocieron haber aumentado el consumo de psicofármacos afirmó haberlos conseguido mediante familiares, amistades o conocidos, sin control médico ni receta profesional.

La tendencia también aparece respaldada por informes de la Confederación Farmacéutica Argentina y de la SEDRONAR, que ubican a las benzodiazepinas -como el clonazepam y el alprazolam- entre los medicamentos más dispensados del país.

Los datos relevados por organismos sanitarios muestran que la ansiedad y el estrés representan el principal motivo de inicio en el consumo de psicofármacos, con un 52,7% de los casos registrados. Muy por detrás aparecen los cuadros de depresión, que explican el 14,5% de los consumos, mientras que el insomnio crónico alcanza el 10,9%. Las cifras reflejan que el deterioro emocional y la presión cotidiana se consolidaron como factores determinantes detrás del crecimiento sostenido en el uso de ansiolíticos y medicamentos vinculados al descanso.

Otro dato relevante surge de la duración de los tratamientos. Más del 40% de los usuarios de psicofármacos admite un consumo prolongado por más de tres meses, pese a que muchos de estos medicamentos fueron diseñados para usos agudos y temporales. Para los especialistas, allí aparece uno de los principales riesgos: la transformación del tratamiento en una dependencia cotidiana.

LA PRESIÓN LABORAL Y EL DESGASTE MENTAL

Las investigaciones académicas platenses sostienen que el fenómeno no puede analizarse únicamente desde la medicina. Los estudios sobre salud ocupacional remarcan que el contexto económico y las nuevas formas de trabajo generan una tensión constante que el organismo no logra procesar de manera saludable.

El avance del teletrabajo, la conectividad permanente y la desaparición de límites claros entre tiempo laboral y tiempo personal profundizaron los cuadros de agotamiento. Muchos trabajadores permanecen conectados hasta altas horas de la noche, respondiendo mensajes o revisando tareas incluso fuera de horario.

Los especialistas en salud mental describen este escenario como una “fatiga de alerta continua”. El cerebro permanece en estado de vigilancia aun durante la noche, dificultando la conciliación del sueño y alterando los ciclos biológicos naturales.

En paralelo, crece la percepción social de que descansar sin ayuda externa resulta imposible. Allí se consolida una lógica donde la medicación o los suplementos pasan a ocupar el lugar de solución inmediata frente a problemas estructurales vinculados con el estrés, la incertidumbre y la sobrecarga emocional.

EL AUGE DE LA MELATONINA Y LOS PRODUCTOS “NATURALES”

Frente al temor a generar adicción a los psicofármacos tradicionales, cada vez más personas migran hacia alternativas consideradas “naturales”. La melatonina, los tés relajantes y la fitoterapia registraron un fuerte crecimiento en los últimos años.

Entre los productos más consumidos aparecen preparados con valeriana, pasiflora y tilo, además de adaptógenos y hongos funcionales promocionados en redes sociales como herramientas para reducir el estrés y mejorar el descanso.

Investigaciones biológicas desarrolladas en la UNLP advierten que el problema no puede resolverse únicamente mediante suplementos. Los especialistas recuerdan que la melatonina es una hormona regulada por el ciclo natural de luz y oscuridad, cuya producción disminuye notablemente debido a la exposición nocturna a pantallas y a la llamada “luz azul”.

Crece el consumo de psicofármacos como una forma para sostener el ritmo cotidiano

El uso indiscriminado de suplementos sin modificar hábitos de descanso, niveles de estrés o rutinas tecnológicas puede derivar en una dependencia psicológica. Los expertos señalan que muchas personas terminan convencidas de que ya no pueden dormir por sí mismas sin recurrir a una sustancia externa.

UN PROBLEMA SANITARIO Y CULTURAL

Para investigadores y organismos públicos, el fenómeno expone una transformación más profunda: el descanso dejó de percibirse como parte natural de la vida y pasó a entenderse como un objetivo que debe alcanzarse mediante consumo.

La situación también abre interrogantes sobre el acceso a la salud mental en la provincia de Buenos Aires. Los especialistas remarcan la necesidad de fortalecer dispositivos de atención psicológica, campañas de prevención y políticas laborales que reduzcan los factores de estrés crónico.

Distintos estudios internacionales de la Organización Mundial de la Salud indican que los trastornos vinculados a la ansiedad y al sueño aumentaron de manera sostenida después de la pandemia, especialmente en contextos urbanos atravesados por inestabilidad económica y sobrecarga digital.

Mientras tanto, en La Plata y el conurbano bonaerense, la búsqueda de una noche de descanso parece convertirse en una de las expresiones más silenciosas de la crisis contemporánea.

52,7%
DE LOS CASOS REGISTRADOS. Los datos relevados por organismos sanitarios muestran que la ansiedad y el estrés representan el principal motivo de inicio en el consumo de psicofármacos.
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