Cerca de 400 privados de libertad de una cárcel bonaerense de La Plata conformaron este viernes la audiencia de una obra teatral unipersonal en la que se interpretó “Caryl Chessman, el asesino de la luz roja”.
La experiencia cultural. bajo la dirección de Guillermo Ale y la actuación de Martín Álvarez, tuvo lugar en la Unidad 9 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y contó con el apoyo del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires.
Se trató de un unipersonal que narra la historia de un criminal estadounidense, Caryl Chessman, famoso por su lucha contra la pena de muerte en California, una historia real ocurrida en la década de 1920.
La experiencia artística propuso un espacio en el que la ficción y la realidad se econtraron y dialogaron al interior de los muros de la dependencia penitenciaria de calle 76 y 12.
Con una destacada actuación de Álvarez, la obra mantuvo en vilo a las 400 personas privadas de la libertad y culminó con sentidos aplausos.
Guillermo Ale, guionista y director de “Caryl Chessman, el asesino de la luz roja”, celebró la posibilidad de presentar la función en contexto de encierro y aseguró: “La cárcel ya no es una escenografía, es el lugar donde la representación sucede. Los muros que en una sala teatral se construyen con luces y elementos escenográficos son, en la Unidad 9, muros verdaderos”.
Además, Ale resaltó la singularidad de que la historia haya sido observada por los espectadores no solo como una ficción, sino desde la propia experiencia y la cotidianeidad.
La jornada fue organizada conjuntamente por la Unidad 9 y la Dirección de Deportes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Las autoridades de la Unidad 9 estuvieron presentes en el evento, acompañando la iniciativa y destacando la importancia de la cultura en dentro de las cárceles.
La puesta invitó a pensar en la dimensión humana que existe detrás de toda condena, sin desconocer los delitos cometidos ni las responsabilidades individuales, abriendo interrogantes sobre la culpa, el castigo, la dignidad, la soledad y la posibilidad de encontrar una voz propia aun en las circunstancias más extremas.
Jonathan, un interno platense de 38 años, se mostró visiblemente conmovido con la función y se refirió a la importancia de las oportunidades y al potente mensaje de no bajar los brazos, ni rendirse.
El actor, Martín Álvarez, agradeció los aplausos y las muestras de afecto y expresó: “Hacer esta obra, en este lugar, fue un placer y un desafío inimaginado”.
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