Baches cada vez más profundos y arreglos que transforman en pistas a una calle, plantean un enorme desafío a los conductores de vehículos en el casco urbano y la periferia de la Ciudad.
Cada vez más profundos y peligrosos, dos baches contiguos se convirtieron en una verdadera emboscada para los automovilistas que circulan por la avenida 60, entre las plazas Yrigoyen y Brandsen. Están en la mano ascendente, en el tramo que va de 21 hacia 22, y llevan varias semanas sin que los reiterados reclamos de vecinos y comerciantes de la zona hayan conseguido una respuesta.
Los pozos se formaron a partir del progresivo deterioro de un viejo parche rectangular de asfalto en el hormigón que, con el paso del tiempo, se fue desmoronando hasta dejar al descubierto dos profundos desniveles, con bordes filosos capaces de provocar importantes daños en los vehículos.
A pocas cuadras, en la esquina de 58 y 16 transitar es toda una odisea para cualquier clase de vehículos. Los pozos se transformaron en profundos cráteres que llevan a bajar la velocidad a paso humano.
En la periferia, circular por calle 73 de 17 a 15 es un desafío enorme si se quiere evitar el paso por un taller de reparación de amortiguadores y gomerías. Los pozos son tantos que ya no hay forma de evitarlos.
También en la periferia, un arreglo se transformó en un peligro. En calle 600 (o 602), 137 a 167, los vecinos dicen que quedó abandonada: “No hay señales, se asfaltó y van los autos a toda velocidad. La transformaron en un circuito automovilístico. Todo es muy peligroso porque tiene sólo dos cuadras iluminadas (entre 137 y 139) y el resto es oscuridad. Es una calle de doble sentido de circulación que además tiene un cañaveral que lleva a la gente a circular por la calle”, describió un vecino de la zona.
SUSCRIBITE a esta promo especial