El 9 de julio de 2007 quedó grabado en la memoria colectiva de los platenses como una jornada inolvidable. A 19 años de aquel histórico Día de la Independencia, la capital bonaerense recuerda el fenómeno meteorológico que transformó por completo su paisaje urbano y regaló una postal inédita a varias generaciones.
Aquel feriado patrio, una masa de aire de origen polar combinada con condiciones de humedad extraordinarias desencadenó una nevada que se extendió durante varias horas. Parques, diagonales, avenidas, los accesos principales de la Ciudad y la imponente Catedral quedaron cubiertos por un espeso manto blanco que cambió el ritmo habitual de las familias.
Lo que comenzó en las primeras horas de la mañana como una llovizna helada y aguanieve se convirtió pasadas las tres de la tarde en copos de nieve firmes y continuos. Para una ciudad en la que no se registraban precedentes de este tipo desde mediados del siglo XX, la sorpresa dio paso inmediato a la celebración en las calles.
La temperatura cayó drásticamente bajo cero y permitió que la nieve acumulada persistiera en veredas y techos hasta las primeras horas del día siguiente.
Los espacios públicos emblemáticos, como Plaza Moreno, Plaza San Martín y la República de los Niños, se transformaron en puntos de encuentro donde miles de familias armaron muñecos de nieve y tomaron fotografías que hoy forman parte del archivo sentimental de la región. A
la par del entusiasmo generalizado, las autoridades debieron montar operativos de emergencia ante el congelamiento de los accesos viales y la interrupción temporaria de algunos servicios básicos.
"Salió toda la cuadra a la vereda. Nadie podía creer lo que estaba viendo: caían copos enormes en pleno centro platense y no se derretían al tocar el suelo. Fue un regalo que jamás volvimos a presenciar", recuerda un vecino de Barrio Norte.
Un evento meteorológico excepcional
Desde el punto de vista técnico, el Servicio Meteorológico Nacional calificó el evento de 2007 como un caso de estudio sin igual en la franja central del país.
Para que la nieve llegara a la región capital fue necesario el acoplamiento perfecto de un frente helado desprendido de la Antártida, la entrada de aire húmedo desde el Este y temperaturas extremadamente bajas en toda la columna de la atmósfera.
Casi dos décadas después, el recuerdo de aquel 9 de julio mantiene vivo el encanto de una tarde en la que La Plata se detuvo por completo para transformarse, por unas horas, en un cuadro de invierno perfecto.
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