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En Ringuelet, dos árboles testigos de la historia y los mitos del pueblo

Mucho antes de que la Ciudad tomara forma, estos ejemplares ya se erguían como refugio para los viajantes
El ombú que sirvió de posta para los viajantes continúa de pie en una estación de servicio / g. calvelo
El olivo que los vecinos aseguran nació de un árbol del propio Sarmiento / G. Calvelo

Por Redacción

Árboles centenarios se alzan como testigos privilegiados del paso del tiempo. Crecieron mucho antes de que la Ciudad comenzara a tomar la forma que hoy muestra. Permanecieron allí mientras alrededor se trazaban calles, se levantaban casas, aparecían comercios y cambiaba por completo el paisaje. Hoy, convertidos en parte del patrimonio natural de la zona, el vecindario busca preservarlos y mantenerlos en pie.

Dos de estos ejemplares se encuentran en Ringuelet. Se trata de dos ombúes que, según las referencias históricas y los relatos de los vecinos, datan del siglo XIX y habrían formado parte de los antiguos puntos de descanso para quienes recorrían los caminos de la zona. Uno está ubicado en 7 y 511, abrazado por una estación de servicio que prácticamente se construyó alrededor suyo, convertido en una suerte de pulmón verde del lugar. El otro, vive dentro de la Escuela Primaria N° 25, sobre Camino Centenario entre 511 y 512.

Para conocer la historia de estos árboles hay que viajar hasta mediados del siglo XIX, cuando el actual territorio de Ringuelet era muy diferente al que hoy conocen sus vecinos. Por entonces, uno de los principales caminos que atravesaban la región era el denominado “Camino Real”, un antiguo trayecto que comunicaba Buenos Aires con el sur de la provincia y que era utilizado con frecuencia por comerciantes y viajeros para transportar mercaderías.

Los viajes podían extenderse durante largas jornadas y las condiciones de los caminos hacían que trasladarse de un punto a otro no fuera una tarea sencilla. Por eso, a lo largo de esos recorridos fueron apareciendo postas y lugares de descanso donde los viajeros podían detenerse, recuperar fuerzas, alimentar a los animales e incluso cambiar las herraduras de los caballos.

Uno de esos antiguos puntos de referencia habría estado en las inmediaciones del arroyo El Gato. Allí aparece una de las historias que todavía circulan entre los vecinos de Ringuelet: algunos sostienen que aquel ombú que servía como refugio es el que actualmente se encuentra dentro de la Escuela N° 25; otros aseguran que se trata del ejemplar ubicado en 7 y 511, junto a la estación de servicio.

Aunque resulta difícil establecer con absoluta certeza cuál de los dos árboles fue aquel antiguo refugio. Lo que sí comparten ambos ejemplares es una certeza mucho más contundente: estaban allí antes de que La Plata fuera La Plata.

De hecho, la presencia del ombú dentro de la Escuela N° 25 permite dimensionar su antigüedad. La institución fue fundada en 1886, apenas cuatro años después de la fundación de La Plata y para entonces el árbol ya formaba parte del paisaje del lugar.

Es decir que cuando las primeras calles de la nueva ciudad comenzaban a trazarse y La Plata daba sus primeros pasos, el ombú ya llevaba décadas creciendo allí. Vio cambiar el camino, llegar nuevas construcciones y transformarse por completo el entorno que lo rodeaba.

El olivo de Sarmiento

El ombú que da a la calle 511 no es el único árbol centenario que conserva la escuela. Sobre el acceso al establecimiento se alza también un olivo que tendría más de un siglo de historia y cuyo origen alimenta distintas versiones entre los vecinos.

Una de las historias sostiene que el árbol habría nacido a partir de un esqueje de un olivo que perteneció a la casa de Domingo Faustino Sarmiento. Un dato difícil de comprobar y que en la propia escuela aseguran no tener documentado, pero que quienes se han dedicado a reconstruir la historia de la localidad continúan transmitiendo.

Quizás nunca pueda saberse con certeza de dónde llegó aquel olivo ni cuál de los dos ombúes fue refugio de los viajeros del antiguo Camino Real. Pero ambos conservan algo que va más allá de cualquier documento, la posibilidad de mirar un árbol y saber que, mucho antes de que todo exista ellos ya estaban ahí.

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