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En tiempos de crisis, platenses se vuelcan a los libros en busca de respuestas

Con un mercado editorial en fuerte retracción, un relevamiento del Observatorio de Hábitos de Ghostwriter Argentina marca que el 80% de los títulos consumidos en los últimos 24 meses son de psicología, bienestar y desarrollo personal. También abundan los lectores interesados en finanzas, emprendimiento y desendeudamiento. Opinan especialistas locales

Más personas buscan respuestas en los libros a problemáticas como la economía y el desarrollo personal / ia
Daniela Leiva Seisdedos
Alberto Sánchez
Gabriela Pesclevi

alecastillo95@hotmail.com

Hay momentos en los que un libro deja de ser solamente un libro. Se lo busca porque hace falta entender una emoción, ordenar las cuentas, cambiar un hábito, mejorar un vínculo o encontrar alguna respuesta cuando todo alrededor se vuelve un caos difícil de controlar.

Ese cambio aparece con claridad en la Argentina de los últimos dos años. Mientras el mercado editorial atraviesa una fuerte retracción, los libros vinculados con la psicología, el bienestar, el desarrollo personal y las finanzas conservan un lugar privilegiado entre las preferencias del público.

El fenómeno fue detectado por el Observatorio de Hábitos de Ghostwriter Argentina, a partir de relevamientos en puntos de venta, datos de la industria editorial, plataformas de comercio electrónico y organismos oficiales. Un informe publicado por el Día del Lector, que se celebró el 24 de agosto pasado, da cuenta de que en un mercado que se achicó, una parte de los lectores empezó a elegir títulos que percibe como capaces de ofrecer alguna utilidad concreta.

Dato llamativo

El dato más llamativo surge de las búsquedas realizadas en Mercado Libre. Durante 2024 se comercializaron más de 3,13 millones de libros a través de esa plataforma y cuatro de los cinco títulos más buscados pertenecieron al universo de la psicología y el desarrollo personal: “La felicidad”, de Gabriel Rolón; “Este dolor no es mío”, de Mark Wolynn; “50 cápsulas de amor propio”, de Sara Espejo; y “Hábitos atómicos”, de James Clear.

En 2025, “La felicidad” volvió a ocupar el primer lugar, seguida por “Hábitos atómicos” y “Este dolor no es mío”. En el quinto puesto apareció “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl. La única obra de ficción entre los cinco primeros fue “El Eternauta”, con el empujón que recibió del éxito de la serie en Netflix.

La particularidad de estos rankings adquiere otra dimensión frente a la caída general del mercado editorial. Según la Encuesta Anual del Sector del Libro de la Cámara Argentina del Libro y el Núcleo de Innovación Social, el 80 por ciento de las editoriales relevadas declaró una caída de ventas entre 2023 y 2024. El retroceso también alcanzó a distribuidoras y librerías.

“Estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó”, sostiene Fernando Iannace, director general de Ghostwriter Argentina, convencido de que el lector está buscando “herramientas para gestionar la incertidumbre”.

El relevamiento señala, además, un crecimiento del 30 por ciento en la preferencia por libros de finanzas o desendeudamiento, aunque aclara que ese porcentaje no puede equipararse automáticamente con un aumento de ventas.

En las mesas de novedades conviven “Padre rico, padre pobre” y “La psicología del dinero” con manuales sobre ventas, marketing, liderazgo, negocios y emprendimientos. El lector que busca entender por qué no llega a fin de mes comparte espacio con quien quiere aprender a invertir, generar un ingreso adicional u ordenar sus gastos.

La paradoja es que la atracción por esos contenidos crece cuando resulta más difícil pagarlos. Una parte importante de los consultados dijo sentir interés por estas lecturas, pero reconoció que ya no puede comprar libros con la frecuencia que quisiera. Por eso aparecen otras formas de circulación: préstamos, libros usados y contenidos compartidos en formatos digitales.

“ORFANDAD”

En La Plata, especialistas vinculados con la lectura y la psicología coinciden en que el fenómeno no puede explicarse solamente como una moda editorial.

Gabriela Pesclevi, directora de la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires, ubica el origen de la “literatura de autoayuda” contemporánea en las décadas de 1980 y 1990, cuando comenzó a cobrar mayor peso la idea del individuo por sobre la comunidad.

La crisis de 2001 profundizó algunas de esas búsquedas. Pero Pesclevi advierte que no se trata simplemente de que las personas quieran “superarse”. Adjudica la demanda de recetas individuales a una pérdida de referencias colectivas y a una suerte de “orfandad”.

El psicólogo Alberto Sánchez observa que, frente a la incertidumbre, existe una búsqueda de soluciones rápidas. “En el libro hay cuestiones precocidas o pensadas por el autor sin conocer a la persona” que lee su contenido, marcando así la diferencia con una terapia.

Mel Gregorini, también psicólogo, destaca otra dimensión de este consumo editorial: “Puede ser útil como herramienta para conocer y tomar más conciencia de distintas situaciones sociales y económicas”. El problema aparece cuando esa herramienta se transforma en una receta universal.

La promesa de productividad permanente -ser mejor, aprovechar cada minuto, alcanzar objetivos, mejorar los hábitos- puede terminar poniendo todo el peso sobre el individuo. Si algo no funciona, la responsabilidad queda del lado de quien no logró aplicar correctamente la receta. El éxito de estos libros no demuestra necesariamente que sus lectores sean ingenuos ni que crean literalmente en sus promesas. Podrían reflejar que necesitan herramientas frente al caos o la ansiedad por la falta de control.

“PONER EN PALABRAS LO QUE ME PASA”

Mariana, una empleada administrativa de 42 años, empezó a leer autoayuda cuando sintió que las preocupaciones comenzaban a desbordarla. Primero buscó libros sobre ansiedad y hábitos; después llegaron los de vínculos, límites y autoestima.

“No es que crea que un libro puede solucionar los problemas, pero muchas veces me ayuda a poner en palabras lo que me pasa”, cuenta. Su forma de leer también cambió. Subraya, toma notas y trata de llevar algunas ideas a la vida cotidiana, porque -argumenta- leer le permite “ordenar la cabeza” en medio de las preocupaciones.

“Siento que estoy buscando respuestas para cosas que antes no necesitaba preguntarme tanto”, explica.

Diego, de 37 años y empleado de comercio, llegó a los libros por un problema concreto: la plata. Durante años no sabía exactamente en qué gastaba el dinero, pero cuando se dispararon los precios, esa falta de organización se convirtió en un problema.

Comenzó entonces a leer sobre finanzas personales, presupuestos, inversiones y formas de proteger los ahorros. Aunque no cree en las fórmulas mágicas para hacerse rico, encontró una manera de entender aquello que antes le resultaba ajeno.

“TOMAR CONCIENCIA SOBRE MIS GASTOS”

“Leer sobre estos temas me ayudó a tomar conciencia de mis gastos y a dejar de sentir que las finanzas eran algo que no entendía”, cuenta.

Iannace define a este tipo de obras como “libros herramienta”, con textos elegidos por la expectativa de obtener una respuesta aplicable a una dificultad concreta. La definición resulta adecuada para un mercado en el que comprar un libro dejó de ser una decisión automática. Si cada ejemplar debe competir con alimentos, alquileres, servicios, transporte o deudas, el lector se pregunta qué puede aportarle aquello que está a punto de pagar.

Eso no significa que la ficción haya desaparecido. Gabriela Pesclevi advierte que los rankings muestran sólo una parte de lo que leen los argentinos, con lectores que continúan consumiendo literatura, poesía, ensayo, historieta y autores de editoriales pequeñas y medianas. Por otro lado, compara a los actuales libros de desarrollo o bienestar personal con la “idea del ‘hágalo usted mismo’” que marcó una línea editorial en la década del ‘60, ya que entonces el interés estaba puesto en resolver “dilemas, prácticas o conocimientos útiles. Esto es otra cosa -dice- apela a crear un tipo de subjetividad, vinculada con la falta de espacios de encuentro y pensamiento crítico”.

Pesclevi considera que este estado de cosas “deja un tendal de personas desesperadas que ayudan a esta literatura como si fuera la puerta de algún tipo de salvación, cuando no lo es”.

CUESTIÓN DE EDAD

Como profesora de Historia en escuelas secundarias de La Plata y directora de la revista educativa El Arcón de Clío, Daniela Leiva Seisdedos también cuestiona la idea de que los cambios en los rankings impliquen una pérdida general del interés por la lectura y adjudica aquel cliché de “los chicos no leen” a un “prejuicio de los adultos”.

“El problema es que nosotros elegimos qué deben leer y a ellos no les interesa. En el bookfluencer que se hizo en Mar del Plata se vio que adolescentes argentinos están leyendo y generan su propios lugares”, destaca, convencida de que “los chicos leen más que sus padres”, aunque lleguen por vías distintas. Entre sus intereses, claro, también figuran libros como “A mí también me pasa”, de Iris Pérez-Bonaventura, que aborda la temática de ansiedades y miedos adolescentes, junto con mangas, novelas juveniles, cómics, fanfiction y libros que llegan a través de las redes sociales y bookfluencers.

El fenómeno de los libros de bienestar y desarrollo personal puede leerse, entonces, como parte de una transformación más amplia: no sólo cambió cuánto se lee, sino también para qué se lee.

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