Las “Narradoras Sociales”, el grupo de mujeres que recorren instituciones públicas llevando historias al estilo de los antiguos juglares, cumplieron 17 años de actividad. Y fieles a su esencia celebraron su aniversario con una presentación para adultos en la Biblioteca Central de la Provincia.
La iniciativa nació en junio de 2009, a partir de una convocatoria de la Biblioteca Central para conformar un equipo de narradores orales que acercara relatos de distintos autores a instituciones de la comunidad. Desde entonces, la propuesta creció de manera sostenida y hoy está integrada por doce mujeres, en su mayoría jubiladas, que realizan esta tarea de forma ad honorem.
“Las integrantes del grupo somos muy diversas y esa diversidad queda de manifiesto en los modos de narrar y en la elección del repertorio”, destacó Adriana De Blasis, una de las narradoras. “Nos parece muy importante dar cuenta de esa diversidad que existe al interior de Narradoras Sociales y saber que, gracias a ella y no a pesar de ella, nos mantenemos unidas y con muchas ganas de seguir en esta actividad”, agregó.
La propuesta va mucho más allá de contar cuentos. Cada presentación se construye junto con las instituciones que las reciben, adaptando las actividades a las características y necesidades de cada espacio. “Además de ir a contar, planificamos actividades articuladas con los lugares que nos convocan; por ejemplo, la Fiesta del Libro, un encuentro en el que regalamos libros artesanales al modo de la literatura de cordel y contamos cuentos, jugamos y cantamos”, explicó De Blasis.
Otro de los principios que guía al grupo desde sus comienzos es que solo actúan en lugares a donde la participación sea pública y gratuita. En estos 17 años visitaron escuelas, Centros de Educación de Adultos, hospitales, bibliotecas, comedores, unidades penitenciarias y numerosas organizaciones comunitarias.
“Lo que más nos gusta es cuando se produce un verdadero encuentro y surge el diálogo entre las partes, cambiando los roles entre las narradoras y los auditorios. Hemos escuchado historias maravillosas contadas por niños y adultos. En esos espacios aparecen relatos de migrantes, de internaciones, de encierro o de vulnerabilidad económica. El lenguaje, en todas sus formas, nos permite acercarnos, comprender, aprender y caminar más cerca, siempre buscando un ida y vuelta a través de la palabra y de las historias”, relató.
“Nuestro agradecimiento es para todas las personas que nos convocan y para quienes nos acompañan para que podamos seguir haciendo esta tarea, que no es simplemente contar un cuento. Habla de compromiso, de escucha mutua, de ofrecer lo que más escasea, que es el tiempo, y hacerlo con la alegría de vincularnos con nuestros vecinos y vecinas”, concluyó De Blasis.
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