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Fuego, apagón y derrumbe: “Detrás de mi casa tenía una ‘bomba’”

Una familia damnificada por el apagón perdió parte del patio y reclama explicaciones y justicia, mientras crece la preocupación vecinal por las causas del siniestro y las condiciones de seguridad de la Subestación Tolosa

Parecía una madrugada más. Una de esas en las que el feriado recién comenzaba y La Plata tenía su ritmo habitual: algunos ya dormían, otros seguían despiertos con planes para las próximas horas y de esos que todavía daban vueltas por la ciudad, aprovechando que al día siguiente no había que madrugar. Nadie imaginaba que a las 2.30 todo iba a cambiar.

Zona Norte, el Casco Urbano, distintos sectores del Oeste, avenidas, calles, barrios enteros. La oscuridad empezó a avanzar por la ciudad casi al mismo tiempo que las preguntas. ¿Qué había pasado? ¿Por qué se había cortado? ¿Cuándo volvía? Las respuestas no llegaban. Y mientras miles de vecinos intentaban comunicarse con EDELAP sin obtener información clara, las redes sociales se transformaron en el primer lugar donde empezó a aparecer una explicación. De los que estaban en sus casas y también los que habían salido a bailar o cerraban su noche.

El apagón tenía un origen: un incendio en la subestación eléctrica ubicada en Tolosa, en la zona de 9 y 528. Y no era un incendio cualquiera. Las llamas se elevaban varios metros, el humo cubría el sector y el sonido de las sirenas rompía definitivamente la tranquilidad de una madrugada que, hasta unos minutos antes, parecía una más.

A pocos metros, pared lindera, una familia se encontró con una escena todavía más difícil de procesar. La explosión y el incendio provocaron daños en una vivienda de décadas en el barrio, sobre 10 y 527. Parte del patio quedó destruido. El paredón que separaba la casa de la subestación cedió y, con él, se fue también una parte de la historia de una familia.

José vive allí, en la casa de sus padres. Hace cinco años que se instaló en ese lugar y comparte el hogar con sus animales, un perra y un gato. Esa noche se había ido a dormir cerca de la medianoche, como cualquier otro día. Hasta que una llamarada naranja, enorme, apareció frente a su ventana. Justo la que da a la subestación.

“Hace cinco años que vivo acá, en la casa de mis padres. Yo me fui a dormir a las 12 y sobre las 3 vi la ventana con llama gigante. Bajé rápido a rescatar a mis animales, que no los encontraba. Pasó una ambulancia y me ayudaron a rescatar a mi perra y gato”, contó después, todavía intentando asimilar lo sucedido. En cuestión de minutos, el miedo reemplazó al sueño.

Mientras afuera trabajaban bomberos, policías, Defensa Civil y vecinos, adentro quedaba una familia tratando de ponerse a salvo y de entender qué estaba pasando. El fuego seguía siendo una amenaza y la situación se volvía todavía más compleja porque, según relataron, no podían apagarlo con facilidad por la presencia de aceite en la instalación.

La escena que quedó después fue todavía más dolorosa. Donde antes había un patio, había recuerdos. Plantaciones, árboles frutales, una pileta, cosas que habían pertenecido a sus padres. Una vida acumulada durante años. Una parte de esa historia cotidiana que no se compra ni se recupera simplemente arreglando una pared.

“En el patio había plantaciones, una pileta, los recuerdos de mis viejos, y está todo destruido. Fue horrible”, relató José.

“UNA BOMBA DETRÁS DE CASA”

El derrumbe no se llevó solamente ladrillos. También rompió una frontera que para esa familia parecía inamovible: la medianera que separaba su casa de una instalación eléctrica de enorme magnitud.

Alejandra, hermana de José, recibió el llamado de una vecina cuando la explosión ya había ocurrido. Vive junto a su marido César y sus dos hijos en Ringuelet, y se acercaron para ayudar con lo que podían. La imagen que encontraron era difícil de creer.

“Nos llamó una vecina cuando explotó la usina. Me quise morir. Ahora pido explicación de EDELAP sobre qué pasó. Tenemos una medianera de 30 centímetros y jamás pensábamos que teníamos una bomba detrás de nuestra casa”, contó.

La frase resume buena parte del sentimiento que quedó entre los vecinos: miedo, bronca y, sobre todo, la necesidad de saber qué pasó.

Porque mientras la ciudad se preguntaba cuándo iba a regresar la luz, en esa casa la preocupación era otra. Había que mirar los daños, revisar qué podía rescatarse y empezar a pensar cómo reconstruir un lugar que, hasta esa madrugada, era simplemente su hogar.

En paralelo, el incendio seguía siendo el centro de la escena. Desde alrededor de las 3 comenzaron a circular videos en redes sociales. Algunos mostraban las llamas desde lejos; otros, el fuego prácticamente encima de la vivienda.

Los que viven en las inmediaciones habían percibido algo extraño incluso antes de la explosión. Una vecina recordó que cerca de la 1 la tensión eléctrica comenzó a subir y bajar. Por precaución, desconectaron los artefactos de sus casas.

“Cerca de la 1 empezó a bajar y subir la tensión; tuvimos que desconectar todo por las dudas”, contó. Después llegó la explosión. Y detrás de ella, la oscuridad.

El sol apareció pasadas las 7 y, con las primeras luces del día, La Plata comenzó a dimensionar lo ocurrido. El fuego estaba controlado, aunque el humo todavía se sentía en el ambiente. Las calles mostraban la postal de una madrugada fuera de lo común: barrios sin energía (luz y algunos sin agua), vecinos esperando respuestas y una subestación convertida en el epicentro de un problema que había alcanzado a buena parte de la ciudad. Bomberos, Policía, Defensa Civil, personal de la empresa, todos adentro ocupándose del desastre.

“Vivo hace 20 años acá enfrente, nunca pasó algo acá, pero ahora un poco de miedo tengo”, sostuvo Marcelo, otro de los vecinos de la zona.

El temor no se apagó cuando desaparecieron las llamas. El servicio eléctrico no regresó de inmediato en su totalidad y el impacto también alcanzó al suministro de agua potable. Para quienes viven alrededor de la subestación, además, quedó la pregunta inevitable de qué podía haber ocurrido y qué garantías existen para que algo similar no vuelva a pasar.

Y AHORA, LA VERDAD

Porque el apagón afectó a miles y miles de platenses, pero no todos vivieron de la misma manera aquella madrugada. Para muchos fue esperar unas horas hasta que volviera la electricidad. Para otros fue atravesar una noche de incertidumbre. Y para una familia de Tolosa fue ver cómo una explosión se llevaba parte de su casa y, con ella, objetos que tenían un valor imposible de medir.

Ahora vendrá lo más largo: reconstruir, limpiar, recuperar lo que se pueda y saber quién se hará cargo de lo que se perdió. También entender por qué ocurrió el incendio, qué falló y cómo una instalación eléctrica ubicada a centímetros de una vivienda terminó provocando semejante desastre.

José amaneció sin una parte de su casa. Y entre las paredes derrumbadas quedaron también pedazos de una historia familiar que ya no volverán a ser como antes. “Acá tenía todo. Quiero justicia”, cerró.

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