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Hermanos de Malvinas: las redes de contención que salvaron vidas

Tras el regreso, el silencio y el trauma marcaron el “después”. El apoyo entre excombatientes que fue clave y sigue vigente
El jueves pasado, en el centro cultural islas Malvinas se recordó la batalla de monte longdon con testimonios de excombatientes / el dia
Excombatientes platenses y el recuerdo del tiempo en Malvinas / el dia
Gustavo Luzardo Excombatiente

Por Redacción

Cuando regresaron de las Islas Malvinas, muchos sintieron que había cosas imposibles de contar. Ni a sus familias, ni a sus amigos, ni a una sociedad que parecía seguir adelante mientras ellos todavía seguían en guerra. Con el tiempo, muchos excombatientes encontraron refugio en quienes podían comprender sin demasiadas explicaciones: sus propios compañeros.

Así, entre mates compartidos, reuniones y hoy incluso a través de grupos de WhatsApp, fueron construyendo algo esencial para sobrevivir al después: una red de contención entre quienes atravesaron el mismo infierno. Hoy, a 44 años de la rendición, esos vínculos siguen vigentes y sostienen una memoria que no se apaga.

Una experiencia compartida

“Cuando volvimos necesitábamos entender qué había pasado”, recordó Gustavo Luzardo, excombatiente del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 “Coronel Conde”.

Después del primer mes y los homenajes iniciales entre los vecinos de Villa Elisa, llegó el silencio. “Parecía que todo se había terminado, pero ahí empezó el verdadero después”, contó.

Ese “después” estuvo marcado por el estrés postraumático y el aislamiento. Para Luzardo, la contención entre compañeros fue vital. “Nos juntábamos porque hablábamos el mismo idioma y necesitábamos apoyarnos. Algunos necesitaban largar todo. Generó hermandad”, explicó.

Con el paso del tiempo, esos encuentros fueron cambiando. Al principio eran “cerrados, solo entre los que estuvimos en las islas”, recordó. Sin embargo, con los años, empezaron a sumarse las esposas y los hijos. “Hoy hablamos de todo: fútbol, familia, trabajo. Pero Malvinas siempre está presente. Ya no como tema central, pero nunca falta”, señaló.

Tras cuatro décadas, la camaradería sigue intacta. “Si un compañero necesita algo, ahí estamos. Sale naturalmente”, afirmó Luzardo.

En su caso, el sostén sigue siendo su grupo de combate: la Primera Sección de la Compañía de Infantería C, que participó del contraataque en Monte Longdon. Con ellos mantiene un grupo de WhatsApp llamado “Primera Sección Siempre Unidos”.

“Ese nombre lo dice todo”, indicó, al destacar que aún hoy siguen acompañándose en los momentos difíciles. “Todos los días hay mensajes en el grupo y si vemos a alguien caído, porque los bajones siguen apareciendo, hablamos con la familia, con la esposa o con los hijos. Tratamos de ayudar”, relató.

Con los años, esa red sumó apoyo institucional. El Hospital Reencuentro, en calle 64 entre 6 y 7, se volvió clave, con un área gratuita para exsoldados. “Muchos compañeros se salvaron gracias a este espacio de contención y salud mental”, señaló Luzardo, sobre las reuniones terapéuticas que los ayudó a poner en palabras lo vivido.

Otra historia del “después”

“Somos una gran familia. Nos llamamos hermanos de la turba”, contó Ernesto Alonso, uno de los conscriptos platenses que partió del Regimiento 7. De la vida en Villa Elisa a Monte Longdon y de ahí hasta acá, fue parte de la construcción entre excombatientes de un vínculo que hoy se sostiene “a diario”.

“Es abismal la comparación entre lo que tenemos hoy y lo que ocurrió en el final de la experiencia bélica”, afirmó. Ese camino se construyó con respuestas institucionales, entre esas la propia, con la creación del Centro de Excombatientes de las Islas Malvinas (Cecim). Alonso fue socio fundador y hoy sigue como directivo. El Cecim se reúne una vez por semana. Desde hace 44 años, los martes nunca pasaron de largo: “Se tratan temas (institucionales) y luego es una juntada de amigos. Se habla de las familias, de los hijos, los nietos. Hemos logrado un núcleo de afinidades y nos sentimos acompañados”, dijo Alonso y añadió que “no es traumático hablar (de lo que pasó en las islas), pero cuando nos juntamos también nos reímos. Pasó la etapa de la catarsis”.

Todos los días hay mensajes en el grupo de WhatsApp y si vemos a alguien caído, porque los bajones siguen apareciendo, hablamos con la familia, con la esposa o con los hijos. Tratamos de ayudar”

Gustavo Luzardo Excombatiente

El camino fue arduo en 4 décadas de búsqueda de un apoyo: “De origen, transgredimos la idea que circulaba, que planteada no hablar, no contar”, afirma Alonso.

De ahí para acá, hablar, parece una clave. “Ante cualquier duda o situación siempre hay un contacto, un llamado telefónico”, contó y luego reprodujo otra escena que se repite entre los grupos de excombatientes en la Región: “Alguien dice `che, fulano no está viniendo´ y nos vamos todos a verlo”.

Según datos del Cecim, volvieron de las islas a La Plata, Berisso y Ensenada 550 soldados.

Los primeros encuentros atrajeron entre 250 y 300 excombatientes, se realizaron en el Pasaje Dardo Rocha y en un edificio de 49, 4 y 5, que albergaba al centro de estudiantes de Misiones. Ahí, brotaron los problemas físicos, la necesidad de terminar estudios, recuperar el trabajo o encontrar uno. El Estado, seguía en dictadura. “Era, `arreglátela como puedas´”, señala Alonso.

En 1985, la UNLP armó mesas para excombatientes. También en 1985 se sancionó la ley 23.109, que ordena al Estado Nacional garantizar atención médica, trabajo, vivienda y educación. “Se reglamentó recién en 1988 y prácticamente nunca se cumplió”, apuntó Alonso. La Provincia reaccionó en 1986 con la ley 10.428 que garantiza IOMA, juntas médicas y vivienda en planes oficiales. Luego, la Provincia y la Nación crearon un sistema de pensión.

Un cimbronazo, cuenta Alonso, vivieron al pasar una década desde la guerra: “Fue caótico por la cantidad de suicidios que se relevaron”. Se estima que son más de 500 a nivel nacional.

Unos 11 mil soldados estuvieron en las islas y se suman otros 3 mil en posiciones asociadas al combate, en el aire o el agua. Según se sostiene en el Cecim, la lista suma hoy 24 mil uniformados, una curiosidad que adjudican a la inclusión de mandos y conscriptos apostados en el continente.

Más tarde, en 2000, la Provincia decidió guardar un cupo del 10% de los nombramientos como auxiliares de escuelas y entre 2006 y 2008 sumó un régimen especial de jubilación anticipada. En 2005 se creó un programa nacional de Pami para veteranos, con una partida propia. A la vez, la pensión pasó a representar tres jubilaciones mínimas.

El resumen no muestra la injusticia: “Fue un largo recorrido. Tendríamos que haberlo tenido de entrada porque muchos quedaron en el camino”.

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