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En un tiempo no muy lejano, hablar de Malvinas era tabú. No porque hubiera dejado de doler, sino precisamente por eso. O para esquivar el recuerdo de los que nos llevaron ahí. ¿Barrer la basura bajo la alfombra? Quizás. Quienes combatieron volvieron a sus ciudades cargando una guerra que por años apenas encontró lugar en la conversación pública, sumergida en un silencio que atravesó gobiernos, familias, trabajos y hasta la intimidad de los propios excombatientes. Recién mucho tiempo después comenzaron a aparecer las palabras, los recuerdos y los espacios para contar lo vivido.
Quienes conocen de cerca a los veteranos suelen advertir un recorrido común. Más allá de las diferencias de origen, muchos atravesaron procesos similares: primero el silencio, luego el regreso abrupto de los recuerdos, las secuelas que alteraron sus vidas y, finalmente, la decisión de transformar esa experiencia en memoria colectiva.
En paralelo, también cambió la relación de las nuevas generaciones con la causa. Canciones, películas, libros, y, sobre todo, las charlas que los excombatientes brindan en las escuelas, fueron reconstruyendo un puente que parecía roto y ahora se ve más fuerte que nunca, por un plot twist que nadie vio venir. O sí.
EL TRIUNFO ANTE INGLATERRA
El triunfo de la Selección Argentina frente a Inglaterra en el Mundial fue mucho más que un resultado deportivo. La imagen de los jugadores que levantaron una bandera con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas” recorrió el planeta y abrió un debate internacional, mientras en el país aquella vieja causa volvió a ocupar un lugar central, atravesando tiempos, diferencias políticas y generacionales.
Para muchos adolescentes, fue el disparador que los llevó a preguntar en sus casas, buscar información o conversar nuevamente con docentes y excombatientes. Y, para quienes llevan más de cuatro décadas sosteniendo el reclamo de soberanía, la escena abrió una posibilidad que hasta hace poco parecía impensada.
Desde La Plata, el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) observó ese fenómeno desde un lugar muy particular. Antes del partido había hecho pública una carta dirigida al plantel nacional. “Sabemos que ustedes entienden perfectamente que para nosotros no es un partido cualquiera. Pero les pedimos que mantengan la calma. Jueguen con ese espíritu de potrero, con la resiliencia y la rebeldía que el futbolista argentino lleva desde la cuna”, expresaba el mensaje.
La relación entre el seleccionado y el CECIM no nació con este Mundial. Ernesto Alonso, uno de sus fundadores, recordó recientemente que el vínculo comenzó a través del preparador físico Luis Martín, platense e integrante del cuerpo técnico de Lionel Scaloni. Gracias a esa relación, en septiembre del año pasado un banderín firmado por todo el cuerpo técnico fue depositado al pie de la cruz mayor del cementerio de Darwin como homenaje a los soldados argentinos caídos. Antes, el plantel ya había enviado una camiseta firmada por Lionel Messi y otros referentes que hoy permanece en la sede del Centro.
Ese acercamiento explica por qué los excombatientes sintieron que el gesto de la bandera no fue improvisado ni ajeno a una historia previa de reconocimiento mutuo. Mientras el episodio ocupaba portadas internacionales, en las escuelas argentinas la repercusión adquiría otra dimensión.
IDENTIFICACIÓN POR EDAD
Daniela Leiva Seisdedos, profesora de Historia y directora de la revista educativa El Arcón de Clío, sostiene que desde hace más de una década Malvinas ocupa un lugar estable dentro de la educación obligatoria y que los excombatientes son protagonistas permanentes de la vida escolar.
“Los héroes recorren las escuelas todo el año. No aparecen solamente el 2 de abril. En La Plata los alumnos visitan el Museo Malvinas de Ensenada y el tema atraviesa distintas materias”, explica.
La docente observa que los chicos se sorprenden al descubrir que una guerra ocurrió hace apenas cuatro décadas y hacen todo tipo de preguntas, atravesados por la certeza de que muchos soldados tenían prácticamente su misma edad. Quieren saber cómo se alimentaban, qué ropa usaban, cómo viven hoy y cuáles fueron las consecuencias psicológicas de aquella experiencia. “Ellos son la Historia”, resume.
También advierte un fenómeno novedoso: el episodio de la bandera multiplicó el interés fuera del aula. “Muchos chicos empezaron a preguntarse qué pasó en Malvinas, dónde quedan las Islas y por qué apareció esa bandera. La Selección tiene hoy un peso internacional enorme y ese gesto funcionó como un faro para volver a poner el tema sobre la mesa”.
Eso sí, junto con la visibilidad aparecieron otros interrogantes. Las redes sociales amplificaron tanto el orgullo argentino como reacciones hostiles provenientes de distintos países. Para Leiva Seisdedos, ese fenómeno obliga a diferenciar el sentimiento nacional de los nacionalismos excluyentes.
“El sentir nacional hay que construirlo desde la escuela y desde las familias. El problema aparece cuando ese sentimiento se deforma y deriva en nacionalismos que generan violencia”, advierte.
HISTORIA CERCANA
Una mirada similar aporta Ignacio Martino, periodista y profesor de Construcción de Ciudadanía. Según explica, los estudiantes conocen cada vez más sobre la Guerra gracias a las charlas de excombatientes, aunque todavía manejan de manera más superficial el reclamo histórico por la soberanía.
Para él, el episodio posterior al partido reforzó especialmente la identificación emocional con Inglaterra como rival deportivo, pero también abrió una puerta para profundizar contenidos que antes pasaban desapercibidos.
“Malvinas sigue despertando un interés distinto. Los chicos preguntan, quieren entender y se sienten interpelados. La escuela tiene que aprovechar esa pasión para enseñar desde el conocimiento y no desde el odio”, sostiene. En esa construcción, las familias mantienen un papel central. Muchos adolescentes llegan a las aulas con relatos transmitidos por abuelos que realizaron el servicio militar o que vivieron aquellos días de 1982 siendo jóvenes.
Para Martino, Malvinas ocupa un fuerte lugar en la construcción de la identidad argentina para las nuevas generaciones: “Quedó a las claras con la exhibición de la bandera. Los propios jugadores, que no dejan de ser mayoritariamente ‘pibes’, tomaron la temática como incentivo para el partido. No hay dudas de que es una herida abierta que, a pesar de muchos intentos de deshistorización, no va a desaparecer. Por eso es importante mantener viva la memoria de los caídos y el homenaje a quienes vivieron la Guerra, y los chicos también lo entienden así. Por eso Malvinas los interpela mucho más que cualquier otro acontecimiento histórico”.
Esa percepción también aparece en las escuelas desde otra perspectiva. Virginia Camacho, licenciada en Comunicación y docente de nivel secundario, asegura que los estudiantes llegan al tema con un conocimiento histórico cada vez más sólido y que las charlas de los veteranos generan un interés difícil de encontrar en otros contenidos. “Los relatos de los soldados, en primera persona, les resultan muy interesantes. Los escuchan con mucho respeto, preparan preguntas y esos encuentros humanizan lo que antes conocían solamente desde los libros”, explica.
Para la profesora, el episodio de la bandera no hizo más que profundizar una asociación que los adolescentes ya establecían entre Inglaterra y la guerra de Malvinas. “En la previa ya existía la sensación de que era mucho más que un partido de fútbol. Esa idea estaba instalada por las familias, las redes sociales, los streamers, las canciones de cancha y hasta por referencias históricas como los goles de Maradona. La bandera terminó potenciando un sentimiento que ya circulaba entre los chicos”, señala.
Camacho sostiene que el episodio puede transformarse en una puerta de entrada para conocer mejor la historia reciente. “La causa Malvinas no les resulta indiferente. Escuchar testimonios de quienes estuvieron allí les pone rostro al conflicto y deja de ser un tema aislado del programa escolar. Es una historia que sienten cercana porque aparece en la escuela, en el deporte, en la música y también en las conversaciones cotidianas”.
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