Un problema que se agrava con el paso del tiempo y que no parece tener solución en el corto plazo: los ingresos de los jubilados que cobran la mínima no alcanzan. En octubre, el haber mínimo previsional es de $435.748,51 y con el bono extraordinario alcanza los $505.748,51.
En ese contexto, en la sede de Sumando Voluntades, de calle 8 entre 37 y 38, Carlos Martilelli, de 83 años, llegó para retirar una vianda. Tiene IOMA, trabajó en Educación y asegura haber cumplido con todos sus aportes. Pero hoy cuenta que tuvo que cortar servicios para poder sobrevivir. “Tuve que sacar el gas, no lo puedo pagar. Tampoco puedo pagar el municipal. Tengo una sola lámpara con luz, reduje todo”, contó. Después fue directo al punto: “Hay que elegir entre medicamentos o comida”.
Carlos sufrió tres infartos y toma cinco medicamentos por la mañana y tres por la noche, además de una pastilla para dormir. “Varias veces tengo que mecharlo, intercalarlo o directamente dejarlo de tomar”, relató. “Para poder comprar los remedios tengo que usar la tarjeta de crédito, sino no los puedo comprar”, afirmó.
Hay jubilados que tampoco tienen para cargar la tarjeta SUBE. Una mujer en la parada de micros de 7 y 35 dijo “no tengo para la SUBE y tengo que ir hasta Los Hornos para realizarme estudios en tres lugares distintos, así que me toca caminar”. Y los malabares se suman.
Susana Isabel Bay, de 86 años no tiene gas y utiliza un anafe eléctrico para calentar la comida. Para ahorrar electricidad, mantiene una sola lámpara encendida y la traslada por la casa según dónde se encuentre. “Yo ahorro en todo”, explicó durante la charla con este diario. También contó que llegó a pagar más de $100 mil de luz.
En La Plata, Silvia Gascón, gerontóloga y directora de la Maestría en Gerontología de la Universidad Isalud, aseguró: “En la farmacia de Ringuelet, veo gente que pide un blíster porque no le alcanza para la caja de analgésicos. En grupos focales realizados en la ciudad encontramos una señora con una vela porque dejó de pagar la luz”, relató.
Ricardo Savore, referente de almaceneros de la Ciudad, contó: “Hemos visto gente que hasta ha dejado de ir con la nieta a comprar, porque la nieta le pedía cosas y a la abuela se le caían las lágrimas porque no le podía dar el gusto a la criatura”.
En una farmacia de 7 entre 516 y 517, Sofía agregó: “Los propios clientes dudan en comprar y ante la duda consultan y van sacando cuentas si les conviene llevarse todo lo que precisan”. Según describió, muchos jubilados llegan con una lista y terminan seleccionando el medicamento “indispensable”. “Algunos eligen no seguir el consumo de la receta y los toman día por medio”, señaló. Entre los fármacos que aparecen en esas decisiones mencionó analgésicos, medicamentos para el asma y tratamientos vinculados al colesterol.
En otra farmacia de Tolosa,de 7 y 520 bis, Ana y Patricia describieron un comportamiento similar. “Mucha gente lleva lo que le cubre todo, principalmente con PAMI, no tanto IOMA”, explicaron. “Los que vienen, se llevan los que le cubre el 100%, que son los medicamentos fundamentalmente que necesitan para no tener complicaciones”, añadieron.
En el Club Circunvalación de Villa Elvira, ubicado en 7 entre 77 y 78, la biblotecaria Laura Giambarella detalló la cotidianeidad que se vive en los talleres destinados a adultos mayores. “Entre el 85% y el 95% tiene la jubilación mínima de ama de casa. Tenemos una bolsa de medicamentos, entonces eso que le sobra a una persona se lo pasamos a otra que no lo puede comprar o que no se lo cubre la mutual”, relató.
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