Los kioscos atraviesan una etapa de equilibrio frágil. Después de unas vacaciones de invierno que, según los comerciantes, estuvieron muy por debajo de las expectativas, el regreso de la actividad escolar aparece como una oportunidad para recuperar algo de movimiento. Sin embargo, el principal desafío ya no pasa únicamente por vender más, sino por afrontar el fuerte incremento de los costos fijos.
“El gran problema son los gastos que tenemos que soportar para tener abiertos los negocios. Las ventas no suben al mismo nivel que suben los gastos”, resumió -en diálogo con EL DIA- Cristian Loureiro, representante platense de la Unión de Kioscos de la República Argentina (UKRA).
Según explicó, en los últimos seis meses los gastos crecieron alrededor de un 55% interanual, mientras que las ventas lo hicieron cerca de un 30%. Esa diferencia obliga a muchos comerciantes a utilizar parte de sus ganancias para sostener el funcionamiento cotidiano de los locales.
Los servicios son el rubro que más preocupa. La electricidad, indispensable para mantener heladeras, freezers e iluminación, pasó a representar uno de los mayores costos. Loureiro contó que durante el verano llegó a pagar cerca de $1.100.000 mensuales de luz y que en invierno la factura ronda los $500.000 pesos, muy lejos de los alrededor de $70.000 que abonaba hace algunos años.
Frente a ese escenario, la estrategia ya no apunta a aumentar las ventas, sino a reducir gastos. En muchos kioscos se apagan las luces exteriores durante la noche, se desenchufan las heladeras cuando las bajas temperaturas permiten conservar el frío, se evita utilizar equipos de calefacción y hasta se controla el consumo de insumos como bolsas o rollos de papel. También hubo una disminución de puestos de trabajo y varios comerciantes optaron por cerrar sucursales para concentrar la actividad en un solo local.
De acuerdo con Loureiro, en La Plata hubo kioscos que directamente dejaron de funcionar y otros cuyos dueños decidieron desprenderse de una segunda boca de expendio porque el costo de mantenerla resultaba insostenible.
cambió la forma de comprar
La retracción del poder adquisitivo también modificó los hábitos de consumo. En las góndolas ya no se observa únicamente una caída en las cantidades vendidas, sino un reemplazo de productos por alternativas más económicas.
Las galletitas son uno de los ejemplos más claros. Los consumidores priorizan las marcas de menor precio y dejan de lado las opciones tradicionales de mayor valor.
En lugar de elegir surtidos premium, optan por paquetes más accesibles o incluso por variedades simples, como pepas o productos de segundas marcas, que permiten mantener el gasto bajo control.
El comportamiento no se replica en todos los rubros. En el segmento de los alfajores, por ejemplo, la oferta se multiplicó y el consumo continúa mostrando dinamismo gracias a la aparición constante de nuevas marcas y propuestas.
El auge de los kioscos “ventana”
En un contexto donde las grandes cadenas de kioscos comienzan a ganar terreno -especialmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y con cierto letargo en La Plata, según Loureiro- los kioscos instalados en viviendas particulares constituyen un fenómeno local en crecimiento. Para muchos emprendedores, dejar un local comercial y vender desde la propia casa representa una forma de eliminar uno de los costos más pesados: el alquiler.
La modalidad creció especialmente en los barrios periféricos de La Plata, donde cada vez es más frecuente encontrar pequeños comercios montados en garajes, ventanas o espacios adaptados dentro de las viviendas. Aunque estos negocios suelen tener un volumen de ventas menor que un kiosco ubicado sobre una avenida o en una zona céntrica, también requieren una estructura mucho más reducida para funcionar.
En un contexto donde los gastos avanzan más rápido que la facturación, esa ecuación aparece para muchos como la única alternativa posible para seguir en actividad. Mientras tanto, los kiosqueros esperan que el regreso pleno de la rutina tras las vacaciones permita recuperar parte del movimiento, aunque reconocen que el verdadero desafío seguirá estando en contener unos costos que no dejan de crecer.
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