Uno de los impactos sociales más severos de la actual recesión que golpea al cordón hortícola platense es la destrucción del empleo agrario informal. Hoy, pagar una jornada diaria es una utopía para los productores platenses por lo que obliga a las familias a sobreexplotarse y reducir sus hectáreas para no quebrar.
“No se puede dar ni changas porque no hay plata para pagarle a una persona por un día entero de trabajo. Desde temprano hasta al atardecer 50.000 pesos no le podés pagar porque la plata no alcanza y encima es un trabajo pesado”, explicó la productora Isabel Palomo. “La gente continuamente viene a buscar trabajo y no le podés decir ni siquiera ‘te puedo hacer trabajar hasta el mediodía’, porque ¿con qué le pagamos? Es lamentable, es una cadena de desastre”, agregó.
El productor Salvador Vides es el vivo reflejo de esta tendencia de resistencia y repliegue: “Hace 26 años inicié con 5 hectáreas y sucesivamente fui dejando de una en una. En todo caso, otra gente alquila una hectárea, otros otra y así, pero con el paso del tiempo me fui quedando solamente con una y media”.
Para sostener esa porción de tierra remanente, el trabajo vuelve a cerrarse sobre los lazos de consanguinidad. “Somos de la agricultura familiar. Toda mi familia está involucrada en la producción”, comentó el productor.
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