Para el psiquiatra Diego Sarasola, el papel de la salud mental dentro de los cuidados paliativos va mucho más allá del tratamiento de la ansiedad o la depresión que pueden aparecer frente a una enfermedad grave: “El rol fundamental es acompañar al paciente a elaborar la idea de un final”, explica.
Según el especialista, un diagnóstico de una enfermedad amenazante puede provocar “una reestructuración de la identidad, un repaso de toda la vida, el darle o no darle sentido a las cosas”. En ese escenario, “la psiquiatría interviene para no patologizar el sufrimiento. No todo sentimiento de tristeza o de duelo es patológico, muchas veces son respuestas humanas que se esperan y legítimas”, sostiene.
El objetivo, explica Sarasola, es facilitar la adaptación, mitigar la angustia y ayudar a preservar la autonomía frente a un dolor que puede ser físico o psíquico. Es importante “ayudar al paciente a transitar la incertidumbre preservando su dignidad y dándole un sentido a esta etapa de la vida”, además de afrontar una problemática recurrente entre las familias: el silencio, que “genera un aislamiento doloroso”.
La psiquiatría también tiene un lugar dentro del propio equipo de salud, advierte Sarasola, porque “quienes trabajan de manera cotidiana con el sufrimiento y el final de la vida están expuestos a un importante desgaste emocional”.
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