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La informalidad y el avance urbano atentan contra el cordón hortícola platense

Especialistas advierten que el crecimiento de los barrios privados, la expansión de la economía informal y la falta de controles sanitarios amenazan al principal polo productor de hortalizas frescas de la Argentina. El análisis de la problemática
La producción hortícola de la Región, afectada por varios factores
La especialista en producción hortícola Marina Lambertini

Por Redacción

“Donde más se siente socialmente y económicamente este problema es en La Plata”. La definición de la especialista en producción hortícola Marina Lambertini resume el momento que atraviesa el principal cinturón productor de verduras frescas del país. El avance de los barrios privados sobre las tierras cultivables, la expansión de la economía informal y la ausencia de controles sanitarios están modificando la estructura del cordón hortícola platense y ponen en riesgo su capacidad de seguir abasteciendo de alimentos a millones de argentinos.

La especialista advirtió que la Ciudad enfrenta un escenario que no se repite con la misma intensidad en otros polos productivos. “En La Plata esto es una preocupación más latente que en otros lugares del país porque estas producciones, que están a cargo en su mayoría de bolivianos, no tienen controles de todo lo que es seguridad alimentaria o aplicaciones de agroquímicos”, afirmó. Y agregó: “Más allá de lo económico está la preocupación por la seguridad alimentaria. No reciben controles de los agroquímicos que utilizan ni cómo los aplican”.

Al mismo tiempo, describió cómo el desarrollo inmobiliario está desplazando a la producción. “Se tientan con vender parte de sus campos, pero tampoco se animan a comprar tierras en otro lado para seguir produciendo por la crisis de los mercados y de los precios”, explicó. Según recordó, un fenómeno similar ocurrió años atrás en Escobar con el avance de los countries, aunque en La Plata la situación es más compleja porque la crisis económica dificulta la relocalización de las quintas.

La advertencia adquiere mayor dimensión al considerar el peso que tiene La Plata en el abastecimiento de verduras del país. Un estudio municipal realizado en 2025 determinó que el distrito cuenta con 4.922 hectáreas destinadas a la producción hortícola, lo que convierte a la ciudad en el principal polo de hortalizas frescas de la Argentina. Sin embargo, detrás de ese liderazgo conviven problemas estructurales que hoy amenazan la continuidad del sistema productivo.

UN CINTURÓN VERDE CON DESAFÍOS PROPIOS

Además de la presión inmobiliaria y la informalidad, el sector enfrenta un problema que atraviesa a toda la horticultura argentina: el estancamiento del consumo de verduras. Según Lambertini, aunque existe una mayor conciencia sobre la alimentación saludable, esa tendencia todavía no se traduce en una mayor demanda.

“Hoy no es prioritario el consumo de hortalizas en el país. Si bien hay una tendencia como en todo el mundo a alimentarse de manera más saludable, en la práctica la escala de consumo sigue siendo reducida en la dieta argentina”, explicó.

Para comprender por qué La Plata presenta una realidad distinta a la de otros cinturones hortícolas, la especialista repasó la evolución histórica del sector. Los primeros productores fueron inmigrantes italianos y portugueses que trajeron consigo la tradición de cultivar verduras. Con el correr de las décadas, el aumento del valor de la tierra y la necesidad de mano de obra impulsaron la llegada de familias bolivianas, que sostuvieron el crecimiento de la actividad mediante el trabajo manual, el arrendamiento y la mediería.

“Los bolivianos empiezan a venir, traen conocimiento de su zona de origen y empiezan a migrar las familias a los sectores hortícolas”, señaló Lambertini. Ese proceso permitió mantener la producción, pero también derivó en un esquema comercial mucho más atomizado que el de otras regiones del país.

LA INFORMALIDAD, UN PROBLEMA ECONÓMICO Y SANITARIO

Según la especialista, la proliferación de mercados informales después de la pandemia profundizó las diferencias entre quienes producen dentro del circuito formal y quienes comercializan sin controles.

“Algunos productores bolivianos están compitiendo por el mercado de las verduras de manera desleal, porque obviamente el que no pagó impuestos tiene otra historia de costos”, sostuvo. Además, explicó que la expansión de estos canales informales generó una sobreoferta permanente que presiona los precios a la baja. “La realidad de La Plata particularmente es que está en el auge de la economía informal, con lo cual todo el tiempo el mercado platense está con precios muy bajos por sobreoferta”, afirmó.

MENOS INVERSIONES Y DIFICULTADES PARA EL RECAMBIO

Ese escenario también desalienta la incorporación de tecnología y nuevas inversiones. La imposibilidad de acceder a maquinaria moderna para invernaderos y la competencia desigual dejan en desventaja a quienes buscan producir con mayores estándares de calidad.

“Ya casi no hay inversores en horticultura. El que apuesta a seguir produciendo tratando de invertir y de innovar de manera segura está en total desventaja económicamente con esta situación”, analizó Lambertini.

A la vez, el sector enfrenta otro desafío de largo plazo: el recambio generacional. La especialista explicó que cada vez son menos los jóvenes interesados en continuar con el trabajo en las quintas.

“Refugiarse en la mano de obra familiar ya mucho no pasa porque la gente nueva y joven ni siquiera está dispuesta a hacer esos trabajos manuales. Los mismos productores prefieren mandar a sus hijos a estudiar y que puedan acceder a trabajos más redituables y menos sacrificados”, sostuvo.

La combinación de todos estos factores configura una crisis singular para el cinturón hortícola platense.

El avance del desarrollo urbano sobre las tierras productivas, la expansión de la economía informal, la falta de controles sanitarios, la escasa inversión, el menor consumo y las dificultades para renovar la mano de obra amenazan la sustentabilidad del principal polo productor de hortalizas frescas de la Argentina y ponen en discusión su capacidad de seguir abasteciendo de alimentos seguros y trazables a millones de consumidores.

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