Psicólogos platenses tienen una mirada particular en relación con este fenómeno editorial en tiempos de crisis. Alberto Sánchez considera que, frente a la incertidumbre, existe una búsqueda psicológica de soluciones rápidas y el atractivo de muchos libros de autoayuda reside, justamente, “en la promesa de que en algún lugar existe una solución que uno no conoce. Que alguien tiene la respuesta de cómo modificar hábitos, ser feliz o enamorarse”.
En la mirada de este especialista, la necesidad de recuperar el manejo de nuestro cotidiano aparece como un elemento central. “Sentir que uno no tiene el control sobre las situaciones que vive puede ser en ocasiones desesperante, sobre todo para nuestra mentalidad occidental. En el budismo invitan a soltar el control; mientras nosotros buscamos lo contrario”. Y encontrar pasos, consejos o hábitos que indiquen qué hacer “puede resultar tranquilizador”. Sin embargo, para Sánchez existe una diferencia importante entre leer para comprender y leer para resolver inmediatamente. Los libros de autoayuda pueden resultar útiles, admite, pero también pueden simplificar situaciones que tienen causas económicas, sociales, culturales o vinculares mucho más complejas y terminar poniendo todo el peso sobre el individuo, con esta promesa de productividad permanente.
Por último, aclara que una “lectura de tipo terapéutico puede acompañar o complementar una psicoterapia, pero sustituirla, lo dudo”.
Mel Gregorini, también psicólogo, observa otro componente: la búsqueda de autoconocimiento. En un contexto que genera ansiedad, una persona puede aferrarse a una teoría que prometa explicarle quién es, por qué le ocurre algo y qué debe hacer para modificarlo. La lectura puede funcionar entonces como una herramienta de exploración personal. También puede ayudar a tomar conciencia de determinadas situaciones y favorecer una mirada más amplia, aunque su utilidad depende, en buena medida, de cómo se interprete lo leído. “Puede ser útil como herramienta para conocer y tomar más conciencia de distintas situaciones sociales y económicas”, plantea Gregorini. El problema aparece cuando esa herramienta se transforma en una receta universal.
Hay, además, una diferencia entre querer sentirse mejor y necesitar solucionar un problema concreto. La proliferación de títulos sobre resiliencia, hábitos saludables, productividad, vínculos, autoestima y “la mejor versión de uno mismo” puede leerse como una respuesta cultural a una época que exige permanentemente adaptación.
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