TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

La maternidad se posterga, caen los nacimientos y cambia la sociedad

Ser madre sigue siendo el deseo de la mayoría de las mujeres, pero cada vez más tarde, y de menos hijos. Los desafíos que abrirá el futuro
La menor cantidad de nacimientos se traduce en menos chicos que ingresan al sistema educativo

Por Redacción

En las rondas de padres a la salida de los jardines y las escuelas, los rostros juveniles pierden terreno frente a otros, más maduros. Y ya no se trata necesariamente de abuelas y abuelos yendo a buscar a sus nietos. La escena cotidiana es apenas una postal de una transformación mucho más profunda, y sintetiza un cambio generacional que se empieza a hacer notar: tener un hijo a los 25 años, algo mucho más habitual para generaciones anteriores, se convirtió en una realidad lejana para gran parte de los jóvenes de hoy.

Algunas parejas esperan más años. Otras tienen menos hijos. Algunas deciden no tenerlos. En otros casos, no hay parejas, sólo un papá o mamá. Y también están quienes quieren ser padres, pero necesitan que las condiciones personales, laborales, económicas o afectivas se acomoden antes de dar ese paso. Cada familia es un mundo. Pero cuando se observan en conjunto, y se transforman en estadísticas, la tendencia es clara: la maternidad se está desplazando hacia edades más avanzadas, y al mismo tiempo, con menos hijos por mujer.

Lula Fontanari tiene 40; es abogada, vive a metros del Bosque, y después de varias relaciones intermitentes está en pareja desde hace tiempo. “No estamos casados y tampoco sentimos que el matrimonio sea una condición necesaria para consolidar nuestro proyecto de vida” cuenta: “compartimos muchas cosas, viajamos bastante y conservamos nuestros espacios personales”.

“Con el tema de los hijos tuvimos alguna conversación. A mí, sinceramente, no me interesa demasiado la maternidad” admite la profesional, que trabaja en la CABA: “Mi novio es un poco más joven que yo y alguna vez manifestó que a él sí le gustaría tener hijos. Lo hablamos, obviamente, pero no se convirtió en una discusión. No tomamos una decisión definitiva, pero tampoco estamos a la espera de nada... Disfrutamos el ahora”.

Una década en picada

La magnitud del cambio en ciernes ya aparece en los números. Durante buena parte de los últimos treinta años, la fecundidad argentina venía descendiendo de manera relativamente gradual. En 1990, la tasa de fecundidad rondaba los tres hijos por mujer.

Entonces sobrevino el derrumbe; en 2014, todavía se ubicaba en 2,4 hijos, pero en 2017 cruzó el umbral de 2,1 que suele asociarse con el reemplazo generacional. Post pandemia, hacia 2024, había caído a 1,2 hijos por mujer. Una contracción de casi el 48 por ciento en la década más reciente.

El fenómeno no es exclusivamente argentino. La caída de la fecundidad afecta a buena parte del mundo, en especial a los países de mayores ingresos, y responde a una combinación de cambios económicos, culturales, laborales, educativos, familiares... Pero en nuestro país la velocidad de los acontecimientos es llamativa.

LA POSTERGACIÓN

Otro indicador permite abordar el cambio desde una mirada generacional. En 2001, el 41,2 por ciento de las mujeres de entre 20 y 24 años ya había sido madre. En 2010, la proporción prácticamente no se había modificado: era del 41,3 por ciento. En 2022, en cambio, había descendido al 31,2 por ciento.

Ser madre antes de los 25 años se volvió infrecuente; apenas tres de cada diez mujeres se ajustan a esa descripción. A la vez, creció la participación femenina en el mercado laboral. No es sólo eso: se “deconstruyó” el concepto tradicional de familia, se consolidó el empoderamiento femenino, se prolongó la adolescencia...

El viejo concepto de “sentar cabeza” también parece haber cambiado de significado. “Tengo 42 años y hace un tiempo decidí congelar mis óvulos” relata la cosmiatra platense Laura Umpiérrez: “no fue porque tuviera en ese momento un proyecto concreto de maternidad, sino porque el tiempo biológico es real y corre, y si algún día quería ser mamá, era lo indicado”.

“Hasta ahora no los usé y tampoco sé si los voy a usar. Tener un hijo siempre estuvo para mí bastante ligado a la idea de compartir un proyecto con alguien y no se dio” repasa la vecina que tiene su consultorio en la zona de parque Vucetich, y un coqueto departamento con dos gatos adoptados: “no siento apuro ni renuncio a ninguna posibilidad... Si algún día quiero ser madre y la ciencia me permite hacerlo de una manera segura, veremos. De antemano, no descarto nada”.

“Hoy no puedo decir que mi gran sueño sea ser madre. Pero tampoco puedo decir que no quiera serlo. Y creo que también hay que aceptar que una mujer puede estar en ese lugar intermedio, sin tener una respuesta definitiva.”

LA PLATA Y UN PUNTO DE QUIEBRE

La caída de la natalidad en nuestra ciudad contribuyó, al final de 2025, con un dato inquietante. Por primera vez, se dice que desde los tiempos fundacionales, murieron más personas de las que nacieron: concretamente, hubo 413 defunciones más que nacimientos.

Desde el Hospital Italiano de La Plata, su director, Roberto Martínez, describió el fenómeno como una transformación que ya está obligando a varios sistemas -incluidos el educativo y el sanitario- a adecuarse. “Estamos yendo hacia un envejecimiento de la población y una reducción de los niveles poblacionales. Eso cambia todo”, sostuvo Martínez.

Las tasas de natalidad han caído de manera estrepitosa”, señaló, y advirtió que en el centro asistencial de avenida 51 esto llevó a racionalizar estructura y personal.

El papel de la educación

La transformación también se vincula con las características particulares de La Plata, una ciudad con una enorme población universitaria y una fuerte concentración de jóvenes. Las dificultades para acceder a la vivienda propia, y para contar con las condiciones financieras que garanticen cierta autonomia, forman parte de un escenario en el que tomar decisiones tan relevantes como la de tener o no hijos se piensa una y mil veces.

Las estadísticas muestran, asimismo, un cambio en los modelos de hogar. La familia tradicional de pareja con dos hijos perdió peso relativo frente al crecimiento de los hogares unipersonales, las parejas sin hijos y los hogares monoparentales.

En La Plata, además, más del 80% de los hogares monoparentales tiene jefatura femenina, un dato que pone sobre la mesa el peso económico y cotidiano que puede adquirir la crianza en soledad.

Así, en la Región conviven dos fenómenos que se retroalimentan: se tienen menos hijos y se los tiene más tarde. Pero también hay una diferencia importante respecto de décadas anteriores: una parte de la reducción de los nacimientos responde a que las personas cuentan con más herramientas para decidir cuándo quieren tener hijos y, especialmente entre adolescentes y jóvenes, para evitar embarazos no planificados.

Soledad Fernández, desde la Secretaría de Salud platense, pone en valor a la ESI. “Fue y sigue siendo una herramienta enorme para que niñas y adolescentes tengan mucha información vital”, asevera, en la línea de lo que expresan en el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital berissense Larraín: “El programa ‘Niñas, no madres’ fue fantástico y bajó en un 50% el embarazo adolescente”, se entusiasman.

En Ensenada, el hospital Cestino también registra el impacto: la cantidad de partos cayó entre 30 y 35 por ciento respecto de cinco años atrás. A escala regional, el presidente de FECLIBA, Néstor Porras, confirma el descenso y su repercusión en los centros de salud privados: “Ha bajado más del 40 por ciento el índice de natalidad, lo que conlleva una menor demanda del servicio de neonatología”, dice.

Consecuencias demográficas

De mantenerse en los guarismos actuales la tasa de natalidad, la estructura demográfica regional irá acusando recibo, afectando cuestiones previsionales -menos trabajadores activos por jubilados-, sanitarias -mayor gasto-, comerciales -menor demanda de productos y servicios infantiles y mayor para adultos mayores-, productivas -escasez de mano de obra-, entre otras.

Durante décadas, la discusión sobre la natalidad parecía pertenecer al terreno de las proyecciones demográficas, de esas cifras que anticipan cómo será una sociedad dentro de veinte o treinta años. Pero ese futuro ya empezó a llegar. La menor cantidad de nacimientos se hace visible en los jardines de infantes, empieza a modificar la matrícula de las escuelas, reduce la actividad de algunas maternidades y obliga a revisar estructuras y servicios que durante años fueron pensados para una población más joven y numerosa.

La Plata y su región empiezan a transitar ese nuevo escenario con una población que envejece, una infancia menos numerosa y una generación de adultos que llega a la maternidad y la paternidad cada vez más tarde. El desafío ya no es imaginar cómo será esa sociedad, sino prepararse para ella.

La caída de la fecundidad afecta a buena parte del mundo, en especial el más desarrollado

La maternidad se desplaza a edades más avanzadas, y con menos hijos por vientre

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD