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La producción de huevos, un baluarte platense que bate récords y debate su futuro

Una iniciativa en el congreso busca que los envases de huevos visibilicen su sistema de producción / IA

Por Francisco L. Lagomarsino

De cada diez huevos que se consumen en la Provincia, uno proviene de La Plata. Uno y medio, para ser más precisos. Nuestra región concentra uno de los principales polos avícolas del país, que produce, bajo la modalidad intensiva o “en jaula”, unas 120 mil docenas de huevos por día. Mientras tanto, la demanda de esta fuente proteica que es furor en la mesa de los argentinos no para de crecer. En este contexto, ingresó en el Congreso de la Nación un proyecto legislativo que propone identificar en los envases las condiciones de vida de las ponedoras, como paso previo a avanzar hacia modelos “pastoriles”  o “libres de jaulas”. De inmediato, se abrió la controversia: los criadores tradicionales advierten sobre la “inviabilidad económica” y el desabastecimiento que acarrearía una reconversión de ese tenor.

Argentina ocupa un lugar singular en el mapa mundial del huevo. Con un consumo que ronda las 430 unidades por habitante al año y una proyección de 440, según las estimaciones difundidas por la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), el país es el máximo consumidor de este alimento per cápita. Y La Plata, con 50 grandes establecimientos, en su mayoría situados al oeste del distrito, que pueden albergar -cada uno- más de 300 mil gallinas, además de muchos otras explotaciones de menor escala, juega fuerte.

CÓMO VIVEN LAS GALLINAS

En ese escenario, un debate que gana terreno en el mundo comienza a instalarse también aquí: cierta mirada pone en tela de juicio las condiciones en las que viven las gallinas ponedoras y propone avanzar hacia sistemas más “sustentables” y “transparentes”. La discusión cruza a ONGs de protección animal, legisladores que respaldan sus propuestas y avicultores que cuestionan la oportunidad y los efectos que tendría una transformación de esa magnitud.

La iniciativa legislativa presentada días atrás por la diputada Gabriela Estévez, a instancias de la ONG internacional Sinergia Animal, apunta a que los envases de huevos identifiquen de manera visible el sistema de producción del que provienen. Las categorías serían cuatro: “producción en jaula”, “libre de jaula en galpón o piso”, “campero o de libre pastoreo” y “orgánico”. La información también debería aparecer en la publicidad comercial para evitar que imágenes de gallinas retozando en campos idílicos induzcan a error cuando los huevos en realidad provengan de sistemas de confinamiento.

“El sistema de jaulas provoca sufrimiento e impide a las aves comportarse como tales”

Los impulsores subrayan que la propuesta no busca prohibir modalidades productivas, sino garantizar el derecho de los consumidores a conocer el recorrido del alimento que compran. Para ello invocan el artículo 42 de la Constitución Nacional, que establece el derecho a recibir información adecuada y veraz. Actualmente, las normas del Código Alimentario Argentino y los requisitos del SENASA contemplan la difusión de datos de procedencia, identificación, conservación, vencimiento y trazabilidad, pero no obligan a precisar si las gallinas fueron criadas en jaulas, galpones o sistemas de pastoreo.

EXCEDE LO COMERCIAL

Desde Sinergia Animal, que milita contra el sufrimiento de las especies explotadas, y en favor de la transición hacia sistemas libres de jaulas para las aves, advierten que el planteo excede la cuestión comercial pero no la excluye. “El mercado está evolucionando rápidamente, y cada vez más empresas reconocen que la transición hacia sistemas libres de jaula no solo responde a consideraciones éticas, sino también a criterios de sostenibilidad, gestión de riesgos y competitividad”, señala Romina Viscarret, directora general de la ONG en nuestro país: “una de nuestras misiones es aportar evidencia y generar espacios de diálogo que permitan acelerar esta transformación”.

La organización destaca que firmas como McDonald’s, Danone, Mondelēz y Nestlé asumieron compromisos para retirar de sus cadenas de abastecimiento los huevos de gallinas enjauladas. “El confinamiento impide a las aves desarrollar comportamientos propios de su especie, como caminar, estirar completamente las alas, anidar, posarse en lugares elevados y darse baños de polvo” enumeran.

“El productor no está en condiciones de poder transitar hacia un camino libre de jaula”

Según un estudio de 2024 citado en el informe de Sinergia, una transición podría “evitar más de 7 mil horas de dolor y sufrimiento por cada ave que haya vivido en jaulas en batería”.

Desde nuestra región, del otro lado del mostrador, replica Luis Besteiro, secretario de la Asociación de Productores Avícolas del Sur (Apasur). El dirigente formula objeciones económicas, sanitarias y logísticas: “Con un 40 por ciento de pobreza en la República Argentina, hacer un huevo ‘libre de jaula’ para que te lo paguen un 30 o 40 por ciento más, me parece, hoy por hoy, una locura. Dentro de 20 años, si el país es otro, capaz que tenemos que ir a eso, pero en este momento lo veo muy complicado y difícil”.

Besteiro no cuestiona, en principio, la posibilidad de que los envases informen el sistema de crianza. Incluso considera que podría contribuir a evitar engaños comerciales. “Está bien que se haga porque hay mucha gente que dice que vende huevo de gallina libre de jaula, campero o similar, y realmente no es así”, señala. Sin embargo, aventura que el consumidor argentino difícilmente esté dispuesto a pagar un precio considerablemente mayor que el habitual por un producto que, desde el punto de vista alimentario, caracteriza como equivalente.

“LAS MISMAS PROPIEDADES”

“El huevo es exactamente el mismo, no hay ninguna diferencia. Las propiedades y las cualidades que tiene el huevo son iguales en uno u otro”, afirma el referente: “lo del espacio reducido, eso es una discusión eterna. Si las gallinas no estuvieran confortables no pondrían lo que ponen. Y los sistemas de galpón con ambiente controlado tienen ventajas sanitarias frente al pastoreo sin confinamiento, particularmente por las posibilidades de manejo del entorno, prevención de enfermedades y exposición a predadores”.

Besteiro agrega que la inversión ya realizada por el sector en equipamiento para “aggiornar” la producción en jaulas condiciona cualquier cambio. A eso se suma una situación económica que, según describió, atraviesa dificultades por el crecimiento de la oferta y meses de trabajo a pérdida. “El productor hoy está pagando todavía lo que compró en los últimos años, no está en condiciones de poder transitar hacia un camino libre de jaula” sentencia.

La dimensión del polo local permite comprender el alcance de la discusión. Abastece no solamente a la Ciudad, sino también a Berisso, Ensenada, Berazategui y otros mercados. Según Besteiro, con una extensa trayectoria dirigencial que incluyó la vicepresidencia de CAPIA además del liderazgo de Apasur, el país está lejos de poder afrontar una reconversión generalizada. “Si algo así fuera obligatorio, habría una disminución de la producción muy importante, con el consiguiente aumento de precios”, anticipa, y aclara que las modalidades sin jaulas requieren superficies considerablemente mayores y presentan dificultades adicionales.

En esa línea, Fernanda Viera, directora de Investigación y Bienestar Animal de Sinergia Animal, cree que los compromisos asumidos por grandes compañías internacionales anticipan una transformación de las cadenas de abastecimiento que también podría repercutir en los productores argentinos.

Las gallinas en jaulas, los productores que no podrían afrontar una reconversión y los consumidores que buscan alimentos accesibles forman parte de un mismo circuito y ecuación. El bienestar animal golpea las puertas de la industria y en La Plata, uno de los grandes graneros de huevos del país, el escenario promete ser complejo.

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