El deporte callejero es un fenómeno explosivo que suele combinar la idea de mejorar en lo físico y de paso, socializar, buscar pareja o un levante. La Ciudad también muestra un modelo donde esto último aparece limitado: solo mujeres con mujeres.
Grupos de running, ciclismo y caminata nórdica (marcha con bastones de montaña) crecen bajo una misma premisa: entrenar entre ellas. Se trata de construir un espacio donde, además del ejercicio, la comodidad, la confianza y el acompañamiento marcan el ritmo.
El fenómeno se expande a partir de iniciativas que surgen de forma espontánea y que, con el tiempo, se consolidan. En muchos casos, las propias participantes coinciden en que es más que hacer actividad física: se vuelve una rutina compartida, sin condicionamientos, donde sentirse libres y en sintonía con otras.
“Muchas chicas se suman justamente porque es un grupo solo de mujeres y se sienten más cómodas a la hora de hacer una actividad”, contó Denise Valiente, fundadora de un grupo de running que comenzó con cinco integrantes y hoy reúne a unas cincuenta mujeres de entre 18 y 55 años.
El espacio se formó a principios del año pasado de forma espontánea. “Subí una historia a mi cuenta de Instagram preguntando si había chicas con ganas de salir a correr conmigo. Se empezaron a sumar cada vez más y así nació el grupo”, explicó.
Desde entonces, se reúnen todos los sábados a la mañana en el Bosque. Corren, pero también comparten. Después del entrenamiento, muchas veces hacen un picnic y se quedan a charlar.
Lo distintivo está en el clima que se genera. “Las mujeres se sienten cómodas para compartir cómo están, qué les pasa. Se abre otra confianza y hay más libertad para expresarse”, aseguró Valiente.
En ese sentido, el hecho de que sea un espacio exclusivo no fue una decisión: “Simplemente, surgió así. Pero creemos que tiene que ver con la comodidad de estar entre pares”. Además, destacó que muchas de las participantes son mamás jóvenes que encuentran en estas actividades un momento propio, un corte en la rutina diaria para dedicarse a ellas mismas.
En los grupos mixtos se sostiene que esa dinámica cambia. “Hay chicas que sienten vergüenza, no tienen la intención de ir a conocer gente o hay días en los que una no se siente bien y en un espacio así pueden participar igual, porque se sienten comprendidas”, agregó.
Algo similar ocurre con un grupo de ciclismo que también integran solo mujeres. Su historia comenzó antes de la pandemia, cuando cinco vecinas de Los Hornos decidieron salir a pedalear juntas.
Gladys Rey, creadora de la propuesta, contó que con el tiempo el proyecto creció y llegó a ser mixto, aunque a fin de año decidieron retornar al formato original.
“Volvimos a la esencia. Nuestro objetivo siempre fue hacer actividad física y relajar. En los grupos compartido aparecen otras dinámicas, como conocer gente o buscar pareja, que no es lo que buscamos”, explicó.
Hoy son unas cuarenta mujeres las que participan. Salen dos veces por semana y recorren entre 40 y 80 kilómetros, según el día.
Rey también indicó que a la hora de hacer una actividad entre pares hay más confianza. “Podés decir ‘hoy no estoy bien’ o ‘me siento cansada’ sin problema. Además, si una tiene un problema con la bici, paramos todas”, contó.
Ese funcionamiento es central. “Priorizamos salir y volver todas juntas. A veces, las diferencias de ritmo hacen que el grupo se divida y se pierda esa lógica”, contó. En ambos casos, la exclusividad no busca excluir, sino generar un espacio distinto. “Se perdería esa contención, el vínculo, la amistad”, dijo Valiente. En la misma línea, Rey destacó que para muchas es clave: “Varias chicas dejarían de venir, porque se sumaron justamente porque es solo para mujeres”.
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