La crisis económica también golpea a las librerías. La caída en la venta de ejemplares, el aumento de los costos y los márgenes cada vez más ajustados dejaron al sector en una situación que, según advierten desde la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (Falpa), obliga a los comercios a reducir gastos hasta donde sea posible. El problema es que, para muchos, ese achicamiento ya llegó a un límite.
Jorge García, presidente de Falpa, señaló que en los últimos tres años los libros no aumentaron al mismo ritmo que la inflación. Aunque esto puede representar un alivio para los lectores en términos relativos, para las librerías significa una fuerte caída de los ingresos medidos en pesos.
“La baja en dinero es muchísima”, explicó García en diálogo con EL DIA. Según el relevamiento nacional que realizó la Federación sobre un universo de unas 1.200 librerías independientes de todo el país, la caída en libros vendidos ronda el 25 por ciento, mientras que la facturación real -descontada la inflación- se derrumbó un 41,5 por ciento: por cada $100 que una librería facturaba en 2023, hoy factura apenas $58,5.
El escenario se completa con el aumento de los gastos que deben afrontar los comercios. García describió una situación en la que muchas librerías funcionan con una estructura cada vez más pequeña y, en algunos casos, son sostenidas por sus propios dueños con otros ingresos.
“Muchas veces mantener una librería es perder plata”, sostuvo. Según explicó, algunos libreros terminan subsidiando el negocio con otro trabajo, otros ingresos o incluso con sus ahorros porque la actividad ya no alcanza para cubrir todos los costos.
recorte
Una de las consecuencias directas del ajuste es la reducción de personal. “Tenemos la mínima cantidad de empleados porque no nos da para pagar todos los gastos que nos lleva a tener un empleado”, afirmó García.
La misma lógica se aplica al resto de los gastos. “Todas las librerías están buscando al mínimo, al mínimo, al mínimo todo el tema de gastos, achicándose lo más posible”, describió. Sin embargo, remarcó que hay costos fijos que continúan aumentando y que no pueden eliminarse.
Entre ellos mencionó los alquileres, además de los gastos de luz, gas y agua. También señaló el impacto del IVA sobre los alquileres y planteó la posibilidad de que las librerías puedan descargar ese impuesto.
El margen con el que trabajan los comercios tampoco deja demasiado espacio. García explicó que actualmente los márgenes de las librerías se ubican, dependiendo del caso, entre un 30 y un 40 por ciento, mientras que las cadenas cuentan con descuentos superiores por parte de las editoriales, que pueden representar entre un 10 y un 15 por ciento más de margen.
Para las librerías independientes, esa diferencia supone una dificultad adicional para competir. En ese sentido, desde Falpa también apuntan al cumplimiento de la Ley de Defensa de la Actividad Librera, con el objetivo de que exista una competencia más equilibrada.
El ajuste también afecta a la promoción. “Hoy una librería que haga publicidad es muy raro. No se hace porque no te dan los márgenes”, afirmó García. Las redes sociales aparecen como una de las pocas herramientas posibles para sostener la difusión sin afrontar grandes gastos.
emergencia librera
En este contexto, desde FALPA buscan impulsar una serie de medidas bajo el concepto de “emergencia librera”. García explicó que el objetivo es conseguir beneficios que permitan sostener a los comercios durante este período.
Una de las propuestas consiste en conversar con los bancos para obtener líneas de crédito con tasas bajas y subsidiadas, con un período de seis meses antes de comenzar a pagar. La intención es que las librerías más complicadas puedan contar con un respiro para retomar la actividad, afrontar deudas o reorganizar sus cuentas.
También se buscará plantear el tema ante Nación, provincias y municipios para reducir determinadas tasas. El reclamo también apunta a las editoriales. Desde Falpa prevén emitir una circular para solicitar mejores condiciones comerciales y formas de pago más extensas. García señaló que algunas editoriales comenzaron a ser más estrictas con los plazos justamente en un momento en que las librerías necesitan tiempo para vender los ejemplares.
Para los libreros, el problema excede la lógica de un comercio tradicional. García sostiene que detrás de una librería también existe una actividad cultural que los propietarios intentan preservar aun cuando la ecuación económica no cierre.
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