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En nuestro hemisferio, octubre suele traer consigo un clima cambiante, entre el anticipo del verano y la “yapa” del invierno. Con humedad extrema, lluvias abundantes y temperaturas matutinas que todavía piden abrigo, el mes invita por ahora a quedarse adentro, mientras no pocos se preguntan qué pasará con los mosquitos cuando el sol empiece a brillar en continuado, y cuáles son las posibilidades de que vuelvan a poner a prueba a los platenses.
La respuesta no está escrita de antemano. Las precipitaciones pueden multiplicar los sitios de cría, desde los bañados ribereños a las plazas del centro, desde los basurales de las periferias urbanas a las macetas vacías arrumbadas en los patios, pero no todos los mosquitos responden de la misma manera al agua acumulada, ni a las temperaturas. En cuanto a las enfermedades que pueden transmitir, como el dengue, ante todo hay que poner la lupa en la circulación de los virus en los países vecinos y otras regiones de la Argentina.
La doctora María Victoria Micieli, directora del grupo de Insectos Vectores del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), recuerda que “lo que ocurrió hace tres años en algunas regiones de Argentina, siendo la provincia de Buenos Aires una de las afectadas, fue la aparición de una especie de mosquito llamada Aedes albifasciatus, a la que se conoce como ‘mosquito de la inundación’, porque está asociada su presencia a las lluvias, que generan charcos en zonas aledañas a las ciudades, y en áreas rurales; ésos son los sitios donde se desarrolla toda su etapa de cría acuática -larvas y pupas-, y cuando emergen los adultos, lo cual suele ocurrir de un modo sincrónico, pueden invadir las ciudades”.
Quien vivió el comienzo de 2024 en nuestra ciudad, el AMBA, o incluso las playas de la Costa Atlántica no necesitará hacer demasiada memoria: tras una primera irrupción a principios de enero, llegó otra invasión a mediados de febrero, con una presencia masiva de mosquitos que no se veía hace tiempo: circularon videos de fachadas blancas cubiertas de puntos negros, vecinos que evitaban salir a la vereda o quemaban toda clase de materiales en procura de ahuyentar los enjambres, repelentes y espirales agotados o a precios insólitos.
Todo esto, mientras los municipios multiplicaban los operativos de fumigación de manera algo infructuosa. En ese momento, se confirmó que se trataba de albifasciatus. Micieli aclara que “no es importante como vector de patógenos al hombre, pero sí puede tener relevancia veterinaria, en caballos no vacunados contra el virus de la encefalitis equina del oeste, pues está sindicado como vector de esta arbovirosis”.
En síntesis, esta especie “de inundación”, “charquera” o “plaga” en el lenguaje corriente, es voraz, agresiva, resiliente y longeva. Sus huevos se activan en simultáneo al humedecerse la tierra en que están puestos -por eso las mayores invasiones registradas son posteriores a lluvias que interrumpen largas sequías-. Si hace calor, alcanzan la adultez en una semana, y si no, en diez a quince días; entonces, se galvanizan y atacan todos juntos al atardecer.
Cuando lleguen, no habrá que esperanzarse si les toca padecer alguna madrugada fría; se lo ha encontrado hasta en Tierra del Fuego. Y pueden picar a través de la ropa porque están acostumbrados a alimentarse de vacas y caballos. El adulto de esta especie vive entre una semana y diez días, pero el episodio completo de incursión masiva puede extenderse, por la sucesión de camadas, durante unos 15 a 20 días.
El Aedes aegypti, vector del dengue, aprovecha en las casas los recipientes con agua estancada
Los albifasciatus son en general más grandes que la mayor parte de sus pares (hay más de 75 clases de mosquitos presentes en nuestra región), pero menos peligrosos. Pequeño, silencioso y doméstico, es el que representa la mayor amenaza. Micieli, investigadora principal del Conicet y profesora titular de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), señala que “el escenario actual puede ser favorable para la dinámica de Aedes aegypti, por las abundantes lluvias, que pueden generar mayor probabilidad de criaderos, y dependiendo de las temperaturas podemos tener una abundancia riesgosa para la transmisión del dengue”.
“Hay que recordar que el dengue es una problemática regional” subraya la especialista, “por lo que su circulación también va a depender y, tenemos que estar mirando, lo que pasa en países vecinos como Paraguay y Brasil, que siempre anticipa de algún modo lo que puede ocurrir en nuestra región, hablando específicamente de Buenos Aires” La experiencia reciente explica por qué la pregunta vuelve entrada cada primavera. La Argentina atravesó en 2023-2024 la mayor epidemia de dengue de la que se tenga registro, mientras que la temporada 2025-2026 presentó un panorama muy diferente: el informe nacional de cierre contabilizó “sólo” 71 casos confirmados. Desde ya, esa disminución no elimina la necesidad de vigilancia ni permite anticipar, por sí sola, qué sucederá en los próximos meses. La historia de los mosquitos no se repite de manera automática.
DURMIENDO CON EL ENEMIGO
Si el mosquito de inundación es un acontecimiento que puede irrumpir de golpe, el Aedes aegypti es una convivencia persistente. Se adapta al ambiente urbano, aprovecha recipientes con agua limpia y cristalina y encuentra en los patios, los jardines y los alrededores de las viviendas los lugares ideales para reproducirse. Vive dentro de las casas, y se posa en los cielorrasos. No necesita que un campo se inunde ni que se produzca una catástrofe climática para prosperar.
Su relevancia está en que es el principal vector del dengue en la región y también puede transmitir otras arbovirosis, como el zika y el chikungunya. Por eso, cuando se habla de prevención, es esencial la mirada sobre los recipientes que acumulan agua inadvertidamente. En La Plata, donde las viviendas con patios, los jardines y los espacios verdes forman parte de la vida cotidiana, es indispensable aguzar los sentidos: un balde, una maceta, un recipiente del perro en desuso, pueden convertirse en un criadero.
Micieli explica que una parte central del trabajo científico consiste en conocer dónde están las especies, cómo se distribuyen y qué cambios se producen en sus áreas de presencia. “Acerca de la distribución de especies, distintos investigadores han registrado que a Aedes aegypti se lo encuentra cada vez más al sur, en zonas templado- frías, con lo que estaría ampliando su distribución”.
En el laboratorio local del Cepave, la investigación se extiende por estos días a otro vector de interés sanitario, menos conocido por el público general. “Estamos investigando la actual distribución de otro vector importante de arbovirosis, su nombre es Aedes albopictus, que actualmente se encuentra solo en Misiones y Corrientes, pero hay un vacío de información y de muestreos que lo confirmen”.
Por eso, el equipo trabaja en una actualización de los registros nacionales, que, según adelanta Micieli, se publicará próximamente. Mientras tanto, quienes quieran consultar información sobre la distribución de las especies pueden recurrir al Catálogo de Culícidos de Argentina, BiodAr, que la investigadora define como una herramienta que “nuclea el conocimiento de las distribuciones de mosquitos” y es “una herramienta valiosa para especialistas, estudiantes y agentes de salud”.
“El dengue es un problema regional y lo que pasa en Brasil y Paraguay suele anticipar lo local”
A pesar de los cambios en la distribución geográfica, hay un aspecto que, por ahora, no muestra una alteración llamativa. “Los períodos de actividad que registran las especies más importantes a nivel sanitario en nuestra región se sostienen y coinciden con los registros que tenemos” confirma Micieli, que concluye: “Sobre medidas de control para los mosquitos de recipientes (Aedes aegypti), lo recomendable es eliminar todo lo que no sea de utilidad y pueda acumular agua, y en aquello que es útil, considerar opciones para que no acumule agua (tapar, agujerear, cubrir, etcétera). Como medidas preventivas, se pueden colocar mallas mosquiteras en ventanas y puertas y usar repelentes comerciales en ambientes abiertos (patios, jardines) siguiendo las indicaciones de la etiqueta del producto para su uso y re-aplicación.”
“Frente a un brote de dengue se recomienda la fumigación con el uso de los insecticidas químicos aprobados en Argentina para adultos que son los piretroides” precisa la investigadora: “En este caso, entre las desventajas, podemos asegurar, con datos, la detección de resistencia a estos insecticidas en esta especie de mosquito, que ya fue estudiada y documentada por varios grupos de investigación en nuestro país en los últimos años. El control del mosquito de inundación requiere programas específicos de monitoreo de sitios de cría y uso de larvicidas (por ejemplo, biológicos como el BTI, bacillus thuringiensis var. israelensis) que puedan prevenir a tiempo la emergencia de los adultos. Una vez que están los adultos la forma de disminuir las poblaciones es el uso de adulticidas, insecticidas químicos que generan problemas ambientales... y la aparición de resistencia en los insectos”.
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