Sobran hombres o faltan mujeres. Como los chinos andan en busca de un conteo equiparable, han aparecido empresas aprovechadoras que ante la escasez femenina se encargan de prometer lo que no tienen y cobrar lo que no pueden entregar. Los estafadores saben que la necesidad atrae a la credulidad. Y en China, según el cable, ante la desesperación de unos varones que andan penando por conseguir en casa alguna pollera duradera, surgieron compañías que le encontraron una aplicación rentable a los fanáticos del matrimonio y estafaron a millares de solitarios sin esperanzas que invirtieron todos sus ahorros para lograr tener una chinita exclusiva y predispuesta y no como ahora, que deben frecuentar prostíbulos para no olvidarse de cómo se hacía eso.
Se sabe que en China, encontrar pareja es una faena ingrata que convierte a muchos solterísimos en víctimas de estafas millonarias. Las llamadas agencias de “matrimonios relámpago” prometen resolver rápidamente la falta de opciones sentimentales, pero algunas terminaron involucradas en engaños cuantiosos. Wang Zhuang, de 37 años, viajó a Guiyang después de que una agencia le ofreciera conocer mujeres buenas y “recatadas” para formar un hogar. Entrevistó a siete y se interesó por la octava. Las chinas se saben tan pretendidas, que apenas le conceden a los interesados entrevistas de ocho o diez minutos, lo suficiente para conocer, no lo que tienen en la cabeza y el corazón, sino lo que llevan en los bolsillos. Lo del afecto y la atracción física es un requisito opcional. Les preguntan, tantean su carácter y si todo marcha bien, piden recomendaciones y comprobantes de solvencia antes de dar el sí matrimonial. Wang pagó más de 44.000 dólares entre la dote y otros gastos, una cifra que llegó hasta unos 74.000 dólares con el banquete y la boda. Meses después aparecieron cobradores que reclamaban deudas de su esposa. Wang descubrió entonces que ella había estado casada tres veces, tenía tres hijos y había ocultado información sobre su pasado. La agencia desapareció. Su caso no es aislado. Entre enero de 2024 y marzo de 2025, una red llegó a estafar a 128 víctimas por más de 371.000 dólares. El oscuro negocio de las bodas exprés en China tramitó causas contra 1.546 personas vinculadas a delitos relacionados con agencias matrimoniales. Y dejó un reguero de secos y tristones, más solos que nunca. Detrás del fenómeno hay un fuerte desequilibrio demográfico: China tiene unos 30 millones más de hombres que de mujeres. En muchas zonas rurales, además, se exige que los pretendientes tengan casa, auto y dinero para hacerse querer.
Sobran tantos varones, que el profesor Xie Zuoshi propuso que se admita la unión de varios hombres con una mujer
El profesor de Economía Xie Zuoshi propuso, para mejorar los índices de natalidad y ayudar a los millones de solitarios que andan buscando pareja, que su país admita la unión de varios hombres con una mujer. ¿Poligamia? Sí. ¿Razones? Según informó la BBC, el problema de género en China se debe a la alta tasa de natalidad masculina: por cada 100 niñas nacen 118 niños. Esto de poder sumar maridos a la vida hogareña, tiene variados fundamentos: como abundan los varones, saber que se puede llegar a compartir una dama, ya mejora el ánimo y la expectativa de esos solterones en lista de espera; además, las madres deseosas de tener los tres hijos que el gobierno reclama, seguramente aprobarán la idea de poder contar con padres suplentes por si flaquea el titular. Y encima, para algunas chinitas dicharacheras, lo de lograr poner en circulación a esos compatriotas con motores apagados, le sumará ejemplaridad a los empujones en la cama grande.
El feminismo paró la oreja y dijo “que no somos vasijas que fabricamos hijos”. Y mucho menos, mujeres multiuso obligadas a tener que recibir gente nueva en la cama. Pero no todas piensan igual. Habrá señoras que no verán con malos ojos algún subsidio romántico a la hora de olvidarse de la cacerola y el arroz para hacerle lugarcito a un nuevo budín con cama dentro. Pero si la idea del economista prosperara, a los millones de desolados les aguardará una misión trabajosa: primero, conseguir una doña –gratis o subsidiada- y después, no ponerse celoso si tuviera que prestársela a cualquier chino que llega con deseo atrasado.
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