Los calendarios ganaron protagonismo esta semana. Por un lado, el tumor del Papa ha generado una incertidumbre que los partes médicos irán disipando. Por el otro, se supo que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció que adelanta la Navidad para el próximo 1º de noviembre, una tradición que había instaurado de prepo el expresidente Maduro, sujeto ahora a un interminable feriado carcelario con fechas fijas y sin brindis.
Delcy sabe que la celebración navideña aporta actividad económica, pero principalmente derrama clima festivo y regalador. “Por eso adelanté la fecha”, indicó la mandataria en la instalación de la 82 asamblea anual de Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela.
Maduro había decretado el adelanto de la Navidad prácticamente todos los años desde 2017 -asumió en 2013-, coincidiendo con momentos de crisis. Y lo hizo con la aprobación de un Hugo Chávez que camuflado de pajarito lo aconsejaba a traer Navidades adelantadas para que el espíritu comprador empuje el consumo y la alegría. Las vidrieras ya están decoradas, dándole clima contagioso a esta Navidad apurada que tiene las cajas registradoras como único pesebre. “Es para que el pueblo –ha dicho Delcy- anticipe su algarabía”. Por eso desafió el calendario y pidió a su gente tener listo el arbolito antes que llegue el verano. Su patriotismo vendedor siempre estará dispuesto a sumar nuevas variaciones a un calendario más caprichoso que el de la AFA.
No está mal esto de imponer efemérides errantes, listas y predispuestas a ofrendar sus fechas para cuando el gobierno las necesite. El adelanto de las celebraciones siempre había generado críticas por parte de la Conferencia Episcopal Venezolana, que recordó que en la liturgia católica, la Navidad se celebra el 25 de diciembre. En respuesta, Maduro entonces había señalado en su programa semanal de televisión, que “Jesucristo le pertenece al pueblo, y las Navidades son del pueblo”. Ahora el gobierno apela otra vez a los paquetitos navideños para que los patriotas recuerden que, bajo el cielo venezolano, Jesús puede andar naciendo cada vez que la presidencia se lo pida.
¿La gente disfrutará con este almanaque de emergencia con feriados sometidos a un eterno saltimbanqui? Alrededor de esta ocurrencia han surgido varias iniciativas destinadas a dejarlo más contento al ciudadano: que al carnaval le den otra oportunidad a mitad de año, que tengan menos lunes los almanaques, que las fechas patrias se vayan reacomodando. Con esta decisión, Delcy dio el primer paso en pos de un nuevo fixture celebratorio que pueda apuntalar el superávit fiestero. Piensa que un calendario inamovible sólo sirve para reavivar recuerdos y para no olvidar fecha de cumpleaños e imponer tiránicamente días de gozos y penas. Cuando los vecinos andan alicaídos, presidencia convoca de urgencia a Papa Noel para que ahuyente sinsabores y haga su entrada antes de tiempo, porque sabe que en esos días, donde la fantasía obsequiosa levanta el ánimo, la gente pueda creer que alguna vez, quienes gobiernan, piensan en la felicidad del vecino.
Esto de tener un calendario vago e incierto, también podría favorecer a quienes viven pendientes de citaciones, comparecencias, vencimientos y plazos. El plan de Maduro fue dominar el tiempo, orientarlo como más conviene, impedir que cumpla su perpetua función desgastante y repetida. Y Delcy al menos ha dado un primer paso en esa dirección, alejando las fechas de Navidad y Reyes, para que los regaladores repartan mejor sus ahorros y presentes.
Manejando el transcurrir a su antojo y poniéndole fecha cambiante a cualquier conmemoración, el calendario venezolano se va recomponiendo al compás del presidente de turno. Delcy disfruta de un formato presidencial que está pendiente del ojo vigilante de un Trump, que es capaz de alentarla a cambiar de año. Ella quiere que su pueblo ande contento y sepa que lo de celebrar y recordar siempre el mismo día, es una atadura antirrevolucionaria que los militantes del júbilo perpetuo deben sacarse de encima. Ya hay minutas de legisladores que en la misma dirección dicharachera proyectan que los lunes abandonen su mala fama y no nazcan a la cero hora sino al mediodía, dejando que la tristeza del atardecer dominguero desaparezca para siempre en Venezuela.
Destacado
Las vidrieras ya están decoradas, dándole clima contagioso a esta Navidad apurada
SUSCRIBITE a esta promo especial