Grandes casas con tres, cuatro o más de cinco habitaciones. Jardines amplios, cocinas del tamaño de un pequeño monoambiente actual, bibliotecas, salas de juegos y hasta piletas cubiertas. Aunque parezcan una postal de otra época, estas propiedades todavía sobreviven entre los edificios del centro de La Plata y buscan hacerse un lugar en un mercado inmobiliario que hoy privilegia viviendas mucho más pequeñas.
Construidas hace décadas para albergar a familias numerosas, muchas de estas casonas ya no se adaptan al ritmo de vida actual. Con el paso del tiempo, varias fueron reconvertidas en sedes de instituciones educativas, culturales o profesionales, mientras que otras esperan un comprador dispuesto a devolverles el protagonismo.
Ese es el caso de una casa ubicada en 58 entre 7 y 8. El caserón de dos plantas, que durante años funcionó como un instituto de inglés, fue publicado recientemente en los portales inmobiliarios por 110.000 dólares.
“Por sus características, esta propiedad se presenta como una excelente oportunidad tanto para quienes buscan una vivienda con identidad propia como para desarrollar proyectos comerciales o culturales: un bar temático, un espacio de lectura, un centro cultural o emprendimientos afines. Una propiedad con historia, carácter y un enorme potencial por descubrir”, destacan sus vendedores en el aviso.
Se trata de un inmueble soñado para los amantes de las antiguas casas señorales pero que ya no resulta compatible con las necesidades de las familias actuales, que suelen ser más pequeñas y priorizan viviendas de menor tamaño y mantenimiento.
“Por más que se actualicen a la forma de vida actual, suelen tener un costo de mantenimiento muy alto: calefacción, instalaciones, limpieza y todo lo necesario para hacer más práctica la vida cotidiana. En cambio, cuando son ocupadas por una institución o consultorios, la inversión resulta mucho más lógica”, explicó Mirta Libera, vicepresidenta de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA).
Construidas para familias numerosas estas casas ya no se adaptan al ritmo de vida actual
Lejos de marcar el pulso del mercado, estas casonas representan un segmento muy específico. “Hoy las consultas, tanto para alquiler como para compra, se concentran en propiedades más chicas. En ventas, los monoambientes y los departamentos de un dormitorio son los más buscados para invertir”, señaló la corredora inmobiliaria Gisela Agostinelli.
“Se sabe que la venta de este tipo de propiedades no es inmediata. Por eso, muchas veces se recomienda ofrecerlas en alquiler con una cláusula de venta. Es una alternativa que funciona porque el propietario evita que la casa quede desocupada, reduce su deterioro y mientras tanto percibe una renta”, añadió Agostinelli.
Por ejemplo una casona antigua ubicada en 47 entre 115 y 116 está en venta y en alquiler a la vez. “En un periodo corto de tiempo es mucho más factible que una casa de este tipo se alquile a que se venda. Entonces, mientras se espera al comprador la casa está ocupada, no se corre riesgo de usurpación ni se deteriora la propiedad”, describió la corredora inmobiliaria.
BUSCADORES DE TESOROS
Aunque parezcan poco prácticas para la vida actual, lo cierto es que este tipo de construcciones conserva un público fiel. Lejos de quedar relegadas al pasado, las casonas de estilo siguen despertando el interés de compradores que valoran su historia, su diseño y los detalles arquitectónicos imposibles de encontrar en las construcciones modernas.
“Son casas que tienen un rango de público especial, hay gente que sigue estas casas, que les encanta el estilo de las casas antiguas y tan señoriales y con un montón de detalles de la arquitectura de esa época”, señaló Libera.
Según explicó la especialista, muchos de esos compradores adquieren estas viviendas “para ponerla en valor, hacen intervenciones sobre la funcionalidad y la luminosidad para adaptarlas para vivienda”.
Con el paso del tiempo, varias fueron convertidas en sedes de instituciones
En ese misma línea destacó que “son casas que tienen un sesgo de distinción muy interesante, que las hace muy llamativas, quedan muy distinguidas”.
Claro que las propiedades que ya fueron restauradas o se encuentran listas para ser habitadas sin necesidad de realizar reformas alcanzan valores reservados para muy pocos bolsillos. Un ejemplo es una vivienda de estilo Tudor ubicada en 2 y 35, publicada en los portales inmobiliarios por 800.000 dólares. No se trata de una casa cualquiera: construida en la década del 20, cuenta con tres niveles, cochera cubierta para cuatro vehículos, amplios jardines y hasta una pileta climatizada.
Podría suponerse que quienes disponen del capital suficiente para invertir semejante suma optarían por una vivienda de construcción más reciente o por la comodidad y la seguridad de un barrio cerrado. Sin embargo, el mercado demuestra que las grandes casonas históricas mantienen un nicho de compradores dispuesto a apostar por ellas. Al fin y al cabo, la elección de una vivienda no responde únicamente a criterios de funcionalidad, sino también a preferencias y gustos personales.
“Esas antiguas también tienen un valor histórico. Por ahí una casa en un country si resulta más moderna, más funcional, pero la decisión va en una cuestión de gustos”, opinó al respecto Agostinelli y concluyó: “Hay gente que se vuelve loca por vivir en una casa señorial. Es muy personal, hay personas que entran y que vuelven maravilladas de ver de ver esas puertas, esas ventanas o los pisos”.
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