El reclamo principal se concentra en la parada de colectivo ubicada en la intersección de las calles 44 y 28, un punto transitado diariamente por decenas de usuarios que deben esperar las líneas de transporte a la intemperie. "Desde que estaba en actividad hasta que me jubilé, los vecinos reclamamos un refugio para esos días que castigaban las inclemencias del clima", señaló una residente histórica del sector, exponiendo una problemática estructural que lleva años sin respuesta.
La falta de mobiliario urbano se suma al deficiente servicio de recolección y limpieza, lo que convirtió a la zona en un foco de contaminación visual e insalubridad. "Muestro mi decepción por la esquina que por años esperé el colectivo que me llevara a trabajar y sigue peor o igual de sucia: bolsas abandonadas con arena, un árbol seco adornado con basura adentro, cestos rebalsados por años, botellas, latas y pastos crecidos", concluyó la frentista. Ante esta situación, piden la intervención urgente de quién corresponda para concretar la limpieza integral del área y la instalación de la tan esperada garita.
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