Benito está en adopción. Tiene apenas 70 días, es juguetón, activo y le encanta dormir cerca de alguien. Ahora está bien, pero su primera infancia estuvo marcada por el hambre, los parásitos y la ausencia de afecto. El viernes próximo, cuando termine su tratamiento, podría estar listo para irse a un hogar. Sus rescatistas esperan que no tenga que aguardar demasiado: lo imaginan como compañero de otro felino enérgico y, mientras tanto, invitan a los interesados a completar el formulario disponible en Instagram.
Las redes sociales se llenaron de hocicos diminutos, bigotes y miradas enternecedoras que parecen pedir una oportunidad. Detrás de esas fotografías hay, sin embargo, mucho más que una búsqueda de adoptantes. “Involucrarse salva vidas”, proclama el lema de Un Gato Rescatado (Gatitos al Rescate), una iniciativa platense con más de seis mil seguidores en Instagram (@ungatorescatado), que encontró en la difusión digital una herramienta para visibilizar la situación de los animales en tránsito.
Conseguir un hogar es apenas una parte de la tarea de estos benefactores contemporáneos, que se ocupan de recuperar la salud de los animales, evaluar sus necesidades, conocer a los adoptantes, verificar las viviendas y acompañar la adaptación. Ya casi no existe aquello de pasar a buscar una mascota por equis dirección, concretar la entrega en minutos, y “si te he visto no me acuerdo”.
La adopción responsable incluye hoy formularios minuciosos, condiciones de seguridad y seguimiento posterior, para evitar abandonos, devoluciones y convivencias que no funcionen.
El cuestionario de Un Gato..., por caso, permite dimensionar el cambio cultural. Antes de concretar una adopción, las responsables preguntan quiénes viven en la casa, si todos están de acuerdo y, en caso de alquilar, si se permiten mascotas. También indagan sobre patios, balcones y ventanas, y si cuentan con redes de protección o mosquiteros.
La consulta incluye a otros animales del hogar, su castración y vacunación, los gastos veterinarios que puede afrontar el adoptante, la existencia de una veterinaria de confianza y los cuidados previstos durante los viajes. La batería de preguntas puede parecer excesiva, pero permite anticipar dificultades y evaluar cómo será la vida cotidiana del animal. “Para nosotras, ellos son familia”, explican.
Descubrir y APRENDER
Un Gato Rescatado nació en 2021, cuando dos personas que ya se movían por su cuenta decidieron unir esfuerzos. Durante la pandemia comenzaron a prestar más atención a los gatos que buscaban comida por el barrio. Alimentarlos y acercarse a ellos les permitió descubrir las colonias, los animales abandonados y los gatos sin castrar que se reproducen sin que nadie pueda hacerse cargo.
“Es muy difícil hacer esto estando sola, sobre todo por la carga emocional que conlleva. Pero también es difícil coincidir con alguien con quien se comparta la forma de rescatar. Por suerte nos encontramos y hoy, gracias a esto, somos amigas”, cuentan.
El trabajo comienza antes de levantar a un animal de la calle: primero necesitan saber dónde podrá quedarse. Algunos pasan por sus casas y otros son alojados en hogares de tránsito. Después llegan los controles veterinarios, los tratamientos y la socialización. Hay gatos que nunca tuvieron contacto humano y necesitan tiempo para entender que están a salvo.
“Ningún gato es igual a otro y, a veces, se tienen expectativas con la adopción que difieren de la realidad o de la personalidad del gato. No son peluches. Por ejemplo, si adoptás un bebé, tenés que saber que tiene más energía, que juega y necesita atención. Hay que estar dispuesto a cambiar la rutina y disfrutar de todo lo que conlleva tener un gato. El amor y la compañía que te dan es lo más lindo”, sostienen.
La entrega tampoco termina cuando el animal llega a su nuevo hogar. Recomiendan comenzar por una habitación separada de otras mascotas, con comida, agua y piedritas sanitarias, para que pueda familiarizarse gradualmente con el ambiente. Las rescatistas lo trasladan personalmente e ingresan con él a la vivienda para explicar los cuidados y resolver dudas. Después mantienen un seguimiento. “Es la parte más linda de todo esto, verlos felices y en familia. Es el motor para seguir ayudando a otros”, dicen.
LOS LÍMITES DE QUIENES AYUDAN
La contracara es una tarea cada vez más difícil de sostener. Los gastos veterinarios, los alimentos y los insumos se financian con donaciones, rifas y aportes propios. “Cuando empezamos con esto sentíamos que era más fácil de sostener. Agarrábamos muchos casos sin pensarlo un segundo; hoy realmente es difícil”, reconocen. Las pérdidas, los pedidos constantes y la imposibilidad de llegar a todos generan un desgaste emocional que se agrega a las dificultades económicas.
Por experiencias conflictivas con personas que consideran que deben hacerse cargo de cualquier animal que encuentren, las responsables prefieren hablar en nombre de la organización y no individualizarse.
Las adopciones hoy incluyen detallados formularios, visitas de seguimiento y plazos de adaptación
Por eso, su mensaje apunta a repartir la responsabilidad. “La realidad se cambia entre todos. Podés rescatar, transitar, adoptar, pero también alimentando a los gatos y perros de tu barrio y castrando hacés la diferencia: les cambiás la vida”, afirman.
Involucrarse a fondo
Vanesa, de 36 años, lleva adelante su emprendimiento de accesorios “Can de Luz” y rescata animales por su cuenta, con la colaboración de seguidores y clientes que ayudan con la difusión, los gastos y la búsqueda de adoptantes. Fue hogar de tránsito de varios perros, en su mayoría cachorros, y llegó a tener algunos durante tres meses hasta encontrarles una familia.
“Yo creo que es importante fomentar el ser hogar de tránsito. La realidad actual de la situación del país quizás no permite que nos podamos involucrar con más casos porque no hay plata. Y lamentablemente, para rescatar se necesita eso”, explica.
Hace dos años rescató a Gala, una galgo tan desnutrida que no advirtió que estaba preñada. A las pocas semanas dio a luz ocho cachorros; varios murieron por el estado de salud de la madre, que además padecía ehrlichiosis, una enfermedad transmitida por garrapatas. Los tres sobrevivientes consiguieron familias después de una búsqueda en la que los requisitos fueron determinantes.
Para Vanesa, el perro debe ser parte de la familia. No entrega animales para que queden atados a un poste, cuiden propiedades o funcionen como alarmas, ni para que sean juguetes de los chicos. “Es importante que tengan su camita adentro, que estén resguardados del frío, de la lluvia, que no sean un objeto de patio”, plantea.
Ahora su preocupación es Sultán, un perro de unos siete años que tiene varios tumores y permanece en su casa. Para reunir fondos abrió una cuenta de Cafecito (cafecito.app/unhogarparasultan), pero las donaciones todavía son escasas.
También acompaña a Nala, rescatada por su amiga Martina, que lleva varios meses esperando adoptantes. Está en una guardería cuyo costo ronda los 200.000 pesos mensuales, más unos 80.000 de alimento y los gastos veterinarios.
Vanesa observa que las posibilidades de adopción se reducen especialmente entre los animales adultos y los perros negros. “No sé por qué hay también ese racismo con los perritos”, dice.
UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
Para las rescatistas de Gatitos..., el objetivo final es dejar de serlo: que no haya más perros y gatos abandonados ni camadas que nazcan en la calle por falta de castración. Que difundir la foto de Benito, despertando infinita ternura, ya no sea necesario.
Para Vanesa, el fin máximo es conectar a un animal con su futura familia. “Siempre digo que no sabés a quién podés llegar” resume, “con simplemente repostear una historia”.
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