La informalidad laboral dejó de ser un fenómeno marginal en el Gran La Plata para convertirse en una de las principales marcas del mercado de trabajo regional. En La Plata, Berisso y Ensenada, cada vez más trabajadores sobreviven sin recibo de sueldo, sin obra social, sin aportes jubilatorios y sin derechos básicos como aguinaldo, vacaciones pagas o cobertura frente a accidentes laborales. Los últimos informes oficiales y académicos muestran que la precarización avanzó de manera sostenida durante la última década y que el empleo “en negro” ya forma parte estructural de la economía cotidiana.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC indican que la informalidad laboral alcanzó el 43% en el cuarto trimestre de 2025 en los 31 principales aglomerados urbanos del país, afectando a alrededor de 9,2 millones de personas. La cifra representa un aumento interanual cercano a un punto porcentual y consolida una tendencia que viene creciendo desde 2016, cuando la informalidad rondaba entre el 36% y el 38%.
En el Gran La Plata, los relevamientos elaborados sobre la base de datos del INDEC por organismos académicos como la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y estudios regionales ubican la informalidad laboral en torno al 40% y, en algunos trimestres recientes, incluso por encima del 50%. El fenómeno golpea especialmente a jóvenes, trabajadores por cuenta propia, mujeres y sectores como la construcción, el comercio y los servicios.
La región conformada por La Plata, Berisso y Ensenada aparece además entre las zonas urbanas con mayores problemas laborales del país. El desempleo alcanzó alrededor del 9,5% durante 2025, ubicando al aglomerado entre los más afectados de Argentina. Ese deterioro empuja a miles de personas hacia formas laborales precarias o directamente fuera del sistema formal.
UNA DÉCADA DE DETERIORO
La transformación del mercado laboral en el Gran La Plata se profundizó durante los últimos diez años. Hacia 2015 y 2016, la informalidad laboral rondaba entre el 33% y el 35% de los trabajadores del aglomerado. Los informes del INDEC de aquel período calculaban que cerca de 140 mil personas trabajaban sin registración formal en la región.
Una década después, la situación empeoró de manera notoria. Los estudios más recientes indican que la informalidad ya alcanza al 43% de los ocupados y que el trabajo precario dejó de ser excepcional para convertirse en una condición estructural del empleo regional. El crecimiento de monotributistas de subsistencia, changas, plataformas digitales y empleos sin aportes explica buena parte de esa expansión.
La pandemia terminó acelerando una tendencia que ya existía. Muchas pequeñas empresas no lograron recuperar plenamente sus niveles de actividad y comenzaron a reemplazar empleos formales por contrataciones más flexibles y precarias. A eso se sumaron salarios deteriorados por la inflación y una caída persistente del consumo.
Los informes del Instituto de Investigaciones Económicas de la UBA sostienen que el aumento de asalariados no registrados superó el 28% en la última década a nivel nacional. En el Gran La Plata, la situación replica esa tendencia y muestra una consolidación de la precariedad como parte central de la estructura laboral.
GENERACIONES AFECTADAS
Uno de los aspectos más alarmantes del crecimiento de la informalidad es el impacto sobre las nuevas generaciones. Los datos oficiales muestran que cerca del 60% de los trabajadores de hasta 29 años se desempeña en condiciones informales. En algunos sectores precarios de la región, la cifra es todavía más alta.
Eso significa que miles de jóvenes ingresan al mercado laboral sin conocer derechos históricamente ligados al trabajo registrado: vacaciones pagas, aguinaldo, licencias, aportes jubilatorios, cobertura de ART o estabilidad laboral. Para una parte importante de la juventud platense, cobrar “en mano” se volvió la única realidad posible.
En actividades como construcción, reparto, gastronomía, comercio informal o trabajo doméstico, la informalidad supera incluso el 70%. Allí predominan acuerdos verbales, pagos diarios o semanales y vínculos laborales completamente desprotegidos.
Especialistas en sociología laboral advierten que esto genera una “naturalización de la precariedad”. El empleo deja de percibirse como una herramienta de movilidad social y se transforma solamente en un mecanismo de supervivencia inmediata. La consecuencia es una ruptura cultural con el modelo histórico de empleo formal argentino.
EL TRABAJO INFORMAL
La expansión del trabajo informal no responde a una única causa. Del lado empresarial, especialmente entre pequeñas y medianas firmas, aparecen el peso de las cargas laborales, los aportes patronales, la presión impositiva y los costos de despido como principales argumentos para evitar contrataciones registradas.
Diversos estudios económicos señalan que los costos laborales pueden elevar entre un 25% y un 50% el salario total que paga un empleador. En un contexto de caída del consumo y márgenes reducidos, muchas empresas recurren al empleo “en negro” como forma de reducir costos y sostener la actividad.
Pero también existe una lógica del lado de los trabajadores. En un escenario de inflación persistente y salarios bajos, muchos priorizan el ingreso inmediato y prefieren cobrar el sueldo completo “en mano” antes que sufrir descuentos jubilatorios o de obra social. La necesidad urgente de liquidez termina pesando más que beneficios futuros.
El problema es que esa decisión implica resignar derechos fundamentales. Un trabajador informal no tiene vacaciones pagas, aguinaldo, licencias, aportes jubilatorios ni cobertura frente a accidentes laborales.
Tampoco puede acceder fácilmente a créditos, alquileres formales o financiamiento bancario.
CUÁNTOS TRABAJADORES ESTÁN ATRAPADOS EN LA INFORMALIDAD EN EL GRAN LA PLATA
Los cálculos realizados sobre la base del Censo 2022 y las tasas oficiales de actividad y empleo muestran la magnitud del problema regional. El Gran La Plata supera actualmente el millón de habitantes entre La Plata, Berisso y Ensenada.
Con una tasa de actividad cercana al 48,6% y una tasa de empleo del 45,4%, la población ocupada ronda las 458 mil personas. Si se aplica una tasa de informalidad cercana al 43%, la cantidad de trabajadores informales supera ampliamente las 190 mil personas. En escenarios donde la informalidad trepa al 50% o 55%, las estimaciones superan incluso las 250 mil personas.
Eso convierte al Gran La Plata en uno de los principales focos de precarización laboral de la provincia de Buenos Aires. Según distintos análisis estadísticos, la región aporta entre el 6% y el 9% de toda la informalidad laboral bonaerense.
La situación se agrava además por la existencia de subocupación y pluriempleo. Muchas personas tienen más de un trabajo informal para llegar a fin de mes. Otras alternan períodos de desempleo con changas ocasionales, sin estabilidad ni previsibilidad económica.
EL IMPACTO SOBRE JUBILACIONES, SALUD Y FUTURO FAMILIAR
Las consecuencias de la informalidad exceden largamente el presente económico. Cada trabajador no registrado representa menos aportes para el sistema jubilatorio argentino, que ya enfrenta fuertes problemas de financiamiento. Actualmente, el sistema previsional cuenta apenas con dos aportantes formales por cada jubilado.
La expansión del empleo informal vacía progresivamente la base contributiva de la ANSES y obliga al Estado a cubrir déficits crecientes mediante transferencias fiscales. Economistas advierten que esta dinámica compromete la sustentabilidad futura del sistema previsional.
En materia sanitaria, la precarización también deja secuelas profundas. Los trabajadores informales no cuentan con ART ni cobertura de obra social. Frente a un accidente o enfermedad laboral quedan completamente desprotegidos y dependen exclusivamente del sistema público de salud.
La informalidad además impacta sobre la organización familiar y la movilidad social. La imposibilidad de acceder a créditos, planificar una jubilación o sostener ingresos estables limita las oportunidades educativas y económicas de los hijos de trabajadores precarios. El resultado es una reproducción intergeneracional de la pobreza y la vulnerabilidad.
UNA ECONOMÍA DONDE EL EMPLEO FORMAL DEJA DE SER LA NORMA
Los informes oficiales y académicos coinciden en que el Gran La Plata atraviesa una transformación profunda de su estructura laboral. La precarización dejó de ser una anomalía para convertirse en un componente permanente del mercado de trabajo.
La consolidación de generaciones enteras que nunca tuvieron vacaciones pagas, aguinaldo o aportes jubilatorios muestra hasta qué punto se modificó la relación entre empleo y derechos sociales en Argentina. En amplios sectores de la región, el trabajo formal ya no aparece como una expectativa concreta sino como una excepción.
Mientras la informalidad continúa creciendo, también crece el riesgo de una sociedad más desigual, más vulnerable y con menor capacidad de sostener su sistema previsional y sanitario. En La Plata, Berisso y Ensenada, la expansión del empleo “en negro” ya no es solamente un problema laboral: es uno de los síntomas más visibles del deterioro económico y social de toda una región.
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