Dormir bien se convirtió en una tarea cada vez más difícil para miles de vecinos del Gran La Plata. Lo que hasta hace algunos años parecía un problema individual hoy aparece como un fenómeno social que atraviesa a estudiantes, trabajadores y familias enteras, impulsado por el estrés, las pantallas y hábitos cotidianos que empujan el descanso hacia horarios cada vez más tardíos.
La preocupación no es casual. Equipos de investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata vienen estudiando las alteraciones del sueño y sus efectos sobre la salud mental, el aprendizaje y la calidad de vida. Los trabajos fueron presentados en congresos científicos de la UNLP y forman parte de una creciente línea de investigación que busca entender por qué cada vez cuesta más dormir y descansar correctamente.
El problema tiene una expresión concreta en las aulas platenses. Docentes y directivos de escuelas bonaerenses advierten que cada vez son más frecuentes los alumnos que llegan cansados, con dificultades para concentrarse o con signos evidentes de somnolencia durante las primeras horas de clase.
Las investigaciones científicas respaldan esas observaciones. Un estudio encabezado por la neurocientífica María Juliana Leone detectó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana pueden acumular hasta cuatro horas de “jet lag social”, un desajuste entre el reloj biológico y los horarios cotidianos que genera efectos similares a los de vivir permanentemente un cambio de huso horario. Más del 95% de esos estudiantes duerme menos de las ocho horas recomendadas para su edad.
El celular, uno de los grandes protagonistas
Los especialistas coinciden en señalar a las pantallas como uno de los factores que más modificaron los hábitos de descanso.
El investigador del CONICET Diego Golombek sostiene que se duerme una hora menos que hace 50 años y dos horas menos que hace un siglo. Entre las causas menciona la hiperconectividad, la iluminación artificial, el estrés y la posibilidad de permanecer conectados prácticamente las 24 horas del día.
El 45 por ciento de las personas reconoce tener problemas para dormir
La escena es habitual en muchos hogares de La Plata, Berisso y Ensenada: adolescentes revisando redes sociales de madrugada, trabajadores respondiendo mensajes laborales fuera de horario o personas que reemplazan horas de sueño por series, videojuegos o navegación en internet.
Diversos estudios muestran que se descansa entre 6 y 6,7 horas por día, por debajo de las siete horas mínimas recomendadas por los especialistas. Aunque muchas personas creen dormir lo suficiente, la calidad del descanso suele verse afectada por despertares frecuentes, ansiedad y dificultades para conciliar el sueño.
Según el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, el 45% de las personas reconoce tener problemas para dormir. Además, casi la mitad se despierta al menos una vez durante la noche y un tercio lo hace dos o más veces.
Un problema que afecta la salud y el trabajo
Los investigadores advierten que las consecuencias van mucho más allá del cansancio. Dormir poco o mal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos de ansiedad, problemas de memoria y dificultades de aprendizaje.
También impacta en la economía. Un estudio publicado en The European Journal of Health Economics calculó que la falta de sueño le cuesta a la Argentina el equivalente al 1,27% de su Producto Bruto Interno por caída de productividad, ausentismo y accidentes laborales.
Para los especialistas de la UNLP, el desafío es comprender cómo estos cambios en los hábitos cotidianos están modificando la vida de la población. Y los indicios son claros: detrás del cansancio que muchos vecinos consideran normal podría esconderse uno de los problemas de salud pública más extendidos y menos visibles de la actualidad.
SUSCRIBITE a esta promo especial