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Las pruebas educativas PISA volvieron a encender una luz roja. La Argentina cayó nuevamente en las tres materias evaluadas durante 2025, y quedó en el pelotón de países menos desarrollados de América Latina, con niveles paupérrimos en asignaturas como la matemática, que ya parece haberse convertido en la bestia negra del sistema educativo nacional: apenas uno de cada cuatro alumnos alcanza el nivel básico.En La Plata, donde la abundante oferta de establecimientos refleja una realidad atravesada por profundas diferencias sociales y académicas, la pregunta no es solamente cuánto se aprende, sino por qué parece ser cada vez menos, y qué margen queda para dar vuelta la tendencia.
Los tests Pisa remiten al universo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, 38 países de diferentes órbitas entre los que se cuentan, por ejemplo, EEUU, Japón, Alemania e Inglaterra y varios sudamericanos). La media, en ciencias, lectura y matemática, tocó el año pasado el nivel más bajo de la serie histórica. Es que actualmente, el 29% de los adolescentes de la OCDE se ubica en niveles de bajo rendimiento en las tres áreas. Lideran el ranking positivo, en cambio, las economías asiáticas, Estonia, Japón, Corea, Macao, Taiwán.
El pedagogo platense Facundo Stazi, autor del reciente libro “Hackear la escuela”, relativiza, ante todo, el shock del diagnóstico: “Las PISA nos sirven para ver cómo les va a los otros. Pero no hay sorpresas... Ojo, tampoco es una sorpresa para los chinos o los finlandeses o los polacos, que miran estas evaluaciones de la misma manera que nosotros, de costado; pero a nosotros no nos marca el ritmo esta evaluación internacional y ninguna nacional tampoco. Seamos sinceros, no necesitamos que venga la OCDE a decirnos que estamos mal, eso ya lo sabemos. Ya no es una sensación o un ‘me parece’. Midas lo que midas, evalúes lo que evalúes te va a dar mal. Lo peor es que seguimos tratando de adivinar por qué estamos mal. Se lo suele atribuir a los sueldos bajos y la pobreza, pero los pibes de nuestro país que están en el porcentil socioeconómico más alto, están al mismo nivel educativo que los más pobres de Canadá…”.
El 52% de los estudiantes realiza tareas con (IA) al menos una vez por semana
Los números nacionales son elocuentes: los puntajes cayeron en las tres áreas respecto de 2022 y 2018, y el país quedó en el bloque medio-bajo de América Latina, detrás de Uruguay, Chile, Costa Rica, México, Colombia, Brasil y Perú. La excelencia académica es casi inexistente -prácticamente nadie alcanzó los niveles más altos en matemática, frente al 8% de la OCDE en su conjunto y el 54% de varias provincias chinas-4, y el dato más crítico es que solo el 24% alcanzó el nivel básico en esa materia (76% no puede resolver operaciones cotidianas simples, contra el 65% de la OCDE en nivel básico).
Martín Nistal, director del Observatorio y coautor del informe, lo resumió así: “Los resultados obtenidos en matemática vuelven a ubicar a la Argentina entre las últimas posiciones de PISA 2025... Desde 2009 la Argentina empeora de manera sostenida en Matemática y esta vez no fue la excepción”.
UN DESTELLO DE ESPERANZA
Stazi, sin embargo, pide matizar, sin excusar: “Entre 2022 y 2025 Argentina cayó 12 puntos en Lectura; mientras que la OCDE registra una caída media de 14 puntos; en Matemática, Argentina perdió 11 puntos, mientras que el general cayó unos 13 puntos”. Y agrega un dato que rescata: “Los indicadores socioemocionales no muestran a un estudiante argentino completamente desvinculado de la escuela. El 79% de los pibes y pibas de 15 años manifestó que se siente parte de su escuela”.
En lectura, el 60% no cuenta con las competencias mínimas para identificar la idea principal de un texto moderado, y el informe marca una alerta puntual: “El 52% de estudiantes de Argentina usa herramientas de Inteligencia Artificial (IA) para realizar tareas escolares al menos una vez por semana. El 41% las utiliza para resumir un texto que debía leer... Este nivel de uso que delega en la IA la lectura profunda debe ser considerado una alerta”. Para Stazi, el problema de fondo excede el uso del celular: “No se trata de saber responder preguntas, sino de aprender a hacer las preguntas necesarias para que el saber posibilite capacidades... En definitiva se trata de aprender a pensar”. Y sobre la metodología de la prueba, plantea un desajuste cultural: “Nuestra enseñanza privilegia la reproducción de contenidos, la resolución de ejercicios conocidos... PISA pone el acento en la transferencia: leer información nueva, seleccionar datos, relacionarlos y resolver un problema no ensayado”. Aun así, es tajante sobre dónde recae la responsabilidad: “PISA no demuestra que los estudiantes argentinos sean menos inteligentes, más vagos, menos curiosos o incapaces de aprender... Perdonen que insista, pero es el sistema el que falla”.
A pesar de todo, los indicadores no muestran alumnos desvinculados del todo de sus escuelas
El informe advierte además sobre una “crisis de la lectura en la era de la inteligencia artificial”: se deterioraron las habilidades para evaluar fuentes y pensar críticamente, y la proporción de “lectores apresurados” casi se duplicó entre 2018 y 2025. También sostiene que la riqueza explica apenas la mitad de las diferencias entre países -Luxemburgo, con la inversión más alta del mundo por estudiante, obtuvo en ciencias un puntaje inferior al de Irlanda, Francia e Italia, que gastaron menos de la mitad-. Para Stazi, sin embargo, el problema de fondo no es de recursos ni de comparación externa sino de rumbo: “Si vos jugás al tenis y te ponés a entrenar, viene un día un tipo que te evalúa y te dice ‘le estás pegando torcido’... En Argentina el problema es que no sabemos a qué estamos jugando. No tenemos objetivos claros. El sistema se propuso tener a los chicos adentro de la escuela, bárbaro, lo logramos. ¿Y ahora?”.
RUMBOS INCIERTOS
Víctor Volman, director ejecutivo de Argentinos por la Educación, sintetizó el cuadro: “Ocho de cada diez estudiantes argentinos de 15 años no alcanzan los niveles mínimos en matemática y la caída también se observa en lectura y ciencias... El desafío es sostener esos esfuerzos y sumar un fuerte foco en matemática”. Stazi cierra con un pronóstico sombrío sobre la falta de un rumbo concreto: “Hasta que no definamos nuestros propios objetivos y elaboremos un plan de estrategias a largo plazo, no vamos a tener resultados favorables ni evaluaciones internacionales, ni nacionales, ni galácticas... Seguimos sin saber cuál es el objetivo de la escuela. Seguimos discutiendo cómo hacer para que los chicos estén alfabetizados, incluso seguimos discutiendo qué es estar alfabetizados… De ahí para arriba, hay todo un sistema educativo que se sostiene de ilusiones y opiniones, sin un sentido pleno de acuerdos concretos. Lamentablemente, por lo que podemos ver de las discusiones públicas que giran torno a la educación de nuestro país, puede que dentro de tres años estemos escribiendo la misma nota”.
EL ENTORNO, AL DESCENSO
Como si esto fuera poco, la prueba PISA 2025 dejó otro dato demoledor: Argentina quedó última entre 82 sistemas educativos en el “índice de clima disciplinario”, con un valor de -0,43 frente al promedio de 0,14 de la OCDE. Al menos así lo evaluaron los protagonistas: el 58% de los consultados reportó perturbaciones por “ruido y desorden” en la mayoría de las clases de Ciencias (casi el doble del promedio internacional) y el 47% admitió que sus compañeros no escuchan al docente.
Para el santafesino Pablo Mainer, vocero de Argentinos por la Educación y creador del espacio Hablemos de Bullying, el origen del problema es claro: “La causa de fondo es una crisis de autoridad adulta”, que imbrica el liderazgo docente con el respaldo institucional y familiar. Mainer describe una escuela que no logra seguirles el ritmo a los adolescentes: “Están acostumbrados a la información inmediata, a la imagen por sobre el texto”.
La gravitación de los dispositivos digitales hace lo suyo: el 55,4% de los estudiantes dice que sus compañeros se distraen con el celular durante la clase. El especialista lo resume de manera contundente: “Tenemos cuerpos presentes, pero la cabeza está afuera”. Otro indicador de esta disociación es que, siempre de acuerdo con el informe, el 52% de los adolescentes usa herramientas de IA para completar tareas escolares al menos una vez por semana, y cuatro de cada diez para resumir textos que debían leer completos, frente a guarismos del 30% promedio en la OCDE. El documento considera este último uso preocupante debido a la “delegación” de la lectura profunda.
Los números de contexto completan el poco halagüeño panorama: dos de cada tres chicos llegaron tarde al menos una vez en las dos semanas previas a la evaluación PISA (66%, frente al 60% de 2022 y el 53% de 2018), y el acompañamiento familiar retrocedió del 67% al 62% en las consultas semanales sobre la escuela. El ausentismo se mantiene en línea con el promedio internacional, pero golpea más fuerte a los sectores socioeconómicos más necesitados.
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