La crecida de los principales ríos del Litoral comenzó a generar preocupación por sus posibles consecuencias aguas abajo, particularmente en el Río de la Plata y las localidades costeras de Berisso y Ensenada. El aumento de los caudales del Paraná, Uruguay, Iguazú y Paraguay, impulsado por las abundantes precipitaciones en sus respectivas cuencas, anticipa un escenario de mayor actividad hidrológica durante las próximas semanas, aunque por el momento no existe un pronóstico oficial de inundaciones para el Gran La Plata asociado directamente con este fenómeno.
Los registros de la Prefectura Naval Argentina muestran un crecimiento pronunciado del Paraná en Ituzaingó, Corrientes, inmediatamente aguas abajo de la represa de Yacyretá. Allí, el río alcanzó los 4,03 metros durante el martes 13 de octubre, superando el umbral de evacuación establecido en 4 metros. La situación se produjo después de varios días de incrementos sostenidos y en medio de un aumento de los aportes provenientes de Brasil y Paraguay.
En paralelo, Yacyretá dispuso la apertura de las 18 compuertas de su vertedero principal para administrar el mayor volumen de agua. Los caudales entrantes rondaban los 28.000 metros cúbicos por segundo, mientras que las proyecciones difundidas para los días siguientes contemplaban valores de entre 29.000 y 32.000 metros cúbicos por segundo. La Entidad Binacional Yacyretá había informado que los aportes de septiembre superaron en un 37% el promedio histórico correspondiente a ese mes.
La situación también resulta delicada sobre el río Uruguay. En Paso de los Libres se registraron alturas superiores a los 9 metros, por encima del nivel de evacuación de 8,50 metros, mientras que Concordia presentó mediciones superiores a los 11 metros. Las crecidas obligaron a trasladar familias en localidades ribereñas y mantener operativos de asistencia, al tiempo que la represa de Salto Grande gestionaba caudales elevados.
Una crecida que avanzará hacia el Delta del Paraná
El Instituto Nacional del Agua (INA) advirtió sobre la propagación de ondas de crecida a lo largo del Paraná, con posibles incrementos durante la segunda mitad de octubre. Las estimaciones difundidas contemplaban un acercamiento al nivel de alerta de 6,50 metros en Corrientes capital y un aumento progresivo en los puertos de Entre Ríos y Santa Fe, aunque los valores y las fechas pueden modificarse según las precipitaciones y los aportes de los afluentes.
Entre las proyecciones publicadas se mencionó la posibilidad de que Rosario alcanzara los 5 metros hacia fines de octubre, altura que corresponde a su nivel de alerta. Sin embargo, los informes hidrológicos anteriores presentaban estimaciones inferiores, por lo que resulta necesario considerar estos escenarios como previsiones sujetas a actualización y no como alturas que necesariamente se alcanzarán.
El desplazamiento de las grandes masas de agua desde Corrientes hasta el Delta demanda tiempo y está condicionado por la geografía del río, las planicies inundables y el funcionamiento de los embalses. Por esa razón, las crecidas registradas en el norte argentino no se trasladan inmediatamente ni con la misma altura hacia el Río de la Plata.
A diferencia de otros episodios, el fenómeno actual comprende incrementos simultáneos en varios cursos de la Cuenca del Plata. El Paraná y el Uruguay constituyen los principales aportantes de agua dulce al estuario, de modo que una crecida sostenida de ambos sistemas puede modificar las condiciones hidrológicas aguas abajo. No obstante, el volumen efectivamente recibido por el Río de la Plata dependerá de la evolución de los caudales durante las próximas semanas.
Qué consecuencias podría tener en Berisso y Ensenada
La principal preocupación para el Gran La Plata se concentra en la posibilidad de que el incremento de los aportes fluviales coincida con una sudestada. Este fenómeno meteorológico se produce cuando los vientos persistentes del sudeste empujan el agua hacia el interior del estuario, elevan su nivel y dificultan el drenaje natural de los cursos de agua que desembocan en él.
En esas circunstancias, las localidades ribereñas de Berisso y Ensenada presentan una mayor exposición, especialmente en sectores bajos de Punta Lara, la zona de la Isla Santiago, los accesos costeros y las inmediaciones de canales y arroyos. También requieren atención las áreas próximas a las playas de Palo Blanco, Bagliardi y La Balandra, donde las crecidas del Río de la Plata pueden afectar caminos, instalaciones y sectores cercanos a la costa.
Los antecedentes recientes muestran la sensibilidad de estas zonas frente a las variaciones del estuario. El 25 de febrero de 2026, una crecida que alcanzó aproximadamente 3,10 metros en Puerto La Plata llevó a las autoridades de Berisso y Ensenada a adoptar medidas de preemergencia y mantener activos los sistemas de bombeo. En episodios anteriores, niveles cercanos a los 2,80 metros también provocaron inconvenientes en sectores bajos de Punta Lara.
Como referencia, algunos relevamientos históricos ubican alrededor de los 2,90 metros un umbral a partir del cual pueden registrarse desbordes en determinados puntos de la costa. Sin embargo, no se trata de un límite uniforme para toda la Región, ya que los efectos dependen de la topografía, las defensas existentes, la duración de la crecida y las condiciones meteorológicas.
El efecto sobre La Plata: cuando los arroyos no pueden desagotar
Aunque La Plata no tiene la misma exposición costera directa que Berisso y Ensenada, una elevación importante del Río de la Plata también podría complicar el funcionamiento del sistema de drenaje regional. Esto ocurre porque numerosos arroyos que atraviesan el partido desembocan, directamente o mediante otros cursos y canales, en el estuario.
Cuando el nivel del río receptor aumenta, disminuye la diferencia de altura que permite el escurrimiento natural. Este fenómeno, conocido como efecto de remanso, puede dificultar la salida del agua y prolongar los anegamientos, especialmente si coincide con precipitaciones intensas sobre la ciudad y sus alrededores.
Entre los cursos de agua que requieren seguimiento se encuentran los arroyos El Gato, Maldonado y otros integrantes de las cuencas urbanas y periurbanas. La magnitud de una eventual afectación dependerá de las lluvias acumuladas, el estado de los conductos y canales, la capacidad de bombeo y la altura del agua en los puntos de descarga.
De todos modos, los especialistas distinguen las inundaciones provocadas por lluvias intensas dentro de la ciudad de aquellas originadas por crecidas del estuario. La primera situación puede producirse sin que el Río de la Plata presente niveles extraordinarios, mientras que la segunda afecta principalmente las áreas ribereñas. La combinación de ambas representa un escenario más complejo para la gestión del riesgo hídrico.
Cuánto podría subir el Río de la Plata y qué dicen los antecedentes
Las mediciones y avisos recientes del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) no permiten establecer todavía cuánto podría aumentar el nivel del Río de la Plata frente al Puerto La Plata como consecuencia de las crecidas del Paraná y el Uruguay. El 27 de septiembre, por ejemplo, se había pronosticado una altura de 2,20 metros durante un episodio de crecida, mientras que para el 10 de octubre se estimaba una pleamar de 1,35 metros.
Como referencia histórica, distintas recopilaciones de datos hidrométricos sitúan la pleamar promedio en torno a 1,25 metros y los máximos habituales de sudestadas cerca de 2,45 metros. Son valores orientativos que deben interpretarse según la estación, el período estadístico y el sistema de referencia utilizado. Una sudestada importante puede superar ampliamente esas alturas, como ocurrió en diciembre de 2023, cuando se informaron registros cercanos a 3,50 metros.
La diferencia entre esos niveles resulta significativa para los sectores costeros. Mientras una pleamar ordinaria suele desarrollarse sin mayores consecuencias, una elevación superior a los 2,80 o 3 metros puede comprometer determinados caminos, instalaciones y viviendas ubicadas en terrenos bajos. No obstante, la altura necesaria para producir desbordes varía entre localidades y no existe un único umbral aplicable a toda la costa.
En cuanto al volumen de agua, los caudales previstos para Yacyretá y Salto Grande representan aportes importantes a la Cuenca del Plata. Sin embargo, no corresponde sumarlos directamente para calcular la altura futura del estuario: las ondas de crecida no necesariamente llegan al mismo tiempo, parte del agua se almacena temporalmente en las planicies inundables y la respuesta del Río de la Plata está fuertemente condicionada por el viento y las mareas. Por ese motivo, todavía no existe una estimación oficial que permita anticipar un aumento determinado en centímetros frente a Berisso y Ensenada.
El Niño y las lluvias: otro factor que preocupa para los próximos meses
El escenario hidrológico se desarrolla en un contexto de perspectivas de precipitaciones superiores a los valores normales en sectores del Litoral y el centro argentino durante el trimestre octubre-diciembre. Las proyecciones estacionales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) constituyen otro elemento de atención, ya que las lluvias persistentes pueden mantener elevados los aportes a los grandes ríos y aumentar la humedad de los suelos.
La posible influencia de El Niño también aparece entre los factores considerados para analizar la evolución de las precipitaciones. Sin embargo, las tendencias estacionales no permiten pronosticar por sí solas una inundación concreta, ni determinar cuándo se produciría una sudestada. Tampoco implican que todos los episodios de lluvia vayan a ser extraordinarios.
En el Gran La Plata, la situación adquiere relevancia porque las precipitaciones intensas pueden incrementar rápidamente los caudales de los arroyos urbanos. Si esas lluvias coinciden con niveles elevados del Río de la Plata, el drenaje podría volverse más lento y extender la permanencia del agua en sectores vulnerables.
Por eso, el seguimiento durante la segunda quincena de octubre y noviembre deberá concentrarse tanto en la propagación de las crecidas del Paraná y el Uruguay como en los pronósticos de viento, mareas y precipitaciones para la costa bonaerense. La evolución conjunta de esas variables será determinante para establecer si existe una amenaza concreta para la Región.
Qué se espera para las próximas semanas en el Gran La Plata
El Instituto Nacional del Agua mantiene actualizado su sistema de alerta hidrológica de la Cuenca del Plata, con reportes diarios, mediciones y pronósticos específicos del Paraná. Al 13 de octubre, el organismo registraba valores todavía inferiores a los niveles de alerta en varios puntos del tramo inferior: Rosario se encontraba alrededor de los 3,3 metros, frente a un umbral de alerta de 5 metros, mientras que Victoria registraba aproximadamente 3,6 metros, con alerta en 4,60 metros.
La evolución de estas estaciones permitirá determinar cómo se propaga la crecida hacia el Delta. A su vez, los informes del Servicio de Hidrografía Naval serán fundamentales para conocer las alturas previstas en Puerto La Plata y establecer si los aportes fluviales coinciden con condiciones meteorológicas capaces de elevar significativamente el nivel del estuario.
Por ahora, la información disponible confirma una crecida importante en el Litoral, pero no permite afirmar que exista una inundación inminente en La Plata, Berisso o Ensenada. Tampoco se dispone de una proyección oficial que cuantifique el incremento que podría experimentar el Río de la Plata frente a la costa regional.
La atención estará puesta en las próximas semanas, cuando las ondas de crecida avancen hacia los tramos inferiores de la cuenca. Para Berisso y Ensenada, la principal amenaza sería la coincidencia de niveles fluviales elevados con una sudestada; para La Plata, el riesgo adicional estaría asociado a lluvias intensas y dificultades de escurrimiento. Se trata de un escenario que requiere vigilancia hidrometeorológica, pero que todavía no constituye una alerta de inundación para el Gran La Plata.
Preocupa que el incremento de los aportes fluviales coincida con una sudestada
Miran de reojo cómo podría complicarse el funcionamiento del sistema de drenaje regional
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