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El dato sacude por su magnitud y por el drama que revela: en La Plata, los suicidios superan a las muertes por homicidios culposos y accidentes viales. Detrás de esas cifras hay una trama silenciosa, históricamente subregistrada, devastadora y atravesada por prejuicios, que durante años permaneció fuera del radar público. Hoy, con nuevos mecanismos y mayor énfasis a la hora de la medición, el fenómeno emerge con una crudeza que obliga a enfrentarlo sin rodeos.
En la cartera de Salud bonaerense aseguran que por primera vez la Provincia elaboró un método y equipos específicos de investigación sobre el tema, integrando reportes sanitarios y del área de seguridad. “Se firmó un convenio y estamos procesando los primeros números actualizados sobre 2025, que superan en mucho los de años anteriores” precisan los voceros: “esto se da tanto por el aumento en los casos como por un abordaje metodológico que permite reconocerlos”.
Los informes disponibles configuran un escenario preocupante tanto en suelo provincial como en el plano nacional; durante 2024, se registraron 4.249 suicidios en Argentina, equivalentes a una vida perdida cada dos horas, marcando una tendencia significativa en el mapa de las muertes violentas. El fenómeno presenta, además, un fuerte sesgo de género: el 78% de las víctimas son varones.
Si bien la mayor incidencia se concentra en jóvenes entre 20 y 34 años, en los últimos años comenzó a registrarse un crecimiento sostenido entre adultos en edad laboral. A nivel territorial, la tendencia es homogénea: absolutamente todas las regiones muestran tasas en aumento.
“Unificar registros, en este caso entre Salud, Seguridad y la Procuración, es positivo porque mejores datos no son sólo números más precisos, sino mejores oportunidades para prevenir, intervenir y construir políticas públicas más efectivas” advierte Hernán Alessandria, quien además de médico psiquiatra es el actual presidente del capítulo de Suicidología de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA): “durante demasiado tiempo, el suicidio fue uno de los grandes silencios de las estadísticas sanitarias argentinas: oculto entre subregistros, fragmentación de datos, estigma y tabúes culturales”.
“Ahora bien, debemos ser cuidadosos con la interpretación” advierte el profesional: “No todo el aumento que hoy observamos necesariamente significa que haya más casos; parte de lo que estamos viendo probablemente refleja que estamos midiendo mejor aquello que antes permanecía invisible. Lejos de minimizar el problema, esto lo vuelve más claro”.
PREGUNTAS INCÓMODAS
El profesional considera que las estadísticas “nos obligan a hacernos preguntas incómodas, porque probablemente estemos ante patrones culturales; seguimos educando a muchos hombres para resistir solos, no pedir ayuda, ocultar el sufrimiento... para convertir la vulnerabilidad en silencio. Ese silencio tiene consecuencias. Y cuando miramos específicamente a adultos en edad laboral, aparece otra dimensión crítica: las condiciones de vida, ya que el suicidio -como muchos otros problemas de salud mental- no ocurre aislado del contexto”.
“Cuando una persona pierde el trabajo, se la precariza, o se endeuda por encima de sus posibilidades” precisa Alessandria: “no pierde solamente la estabilidad en sus ingresos. También pierde rutinas, vínculos, proyectos, propósito, identidad. Padece el aislamiento y la incertidumbre. Y cuando esto se prolonga en el tiempo, sin redes de apoyo y sin acceso adecuado a atención, la desesperanza puede transformarse en un riesgo concreto”.
“No existe prevención del suicidio sin redes; lo que salva vidas es la articulación”
Concretamente, el suicidio se viene consolidando como la principal causa de decesos violentos en el Gran La Plata desde hace al menos un lustro, así como se concentra su impacto en los varones adolescentes, hombres jóvenes y de mediana edad. Durante 2024 se registraron 93, que se focalizaron principalmente en el casco fundacional y la zona norte platense, y septiembre fue el mes más crítico.
En 2023 se registraron 78 en La Plata, 26 en Berisso y 6 en Ensenada, mientras que en la Provincia hubo 1.399, según datos oficiales. La cifra ya superaba con amplitud a los accidentes viales (76) y a los homicidios (45) en el Departamento Judicial local, y además mantenía una tendencia alcista de 5% respecto de 2022, año en que el número ya había crecido un 7,4% tomando como referencia a 2021.
GARANTIZAR EL ACCESO
El documento suscrito por los funcionarios provinciales detalla que mediante la cooperación “se pretende obtener un perfil epidemiológico del fenómeno; mejorar la calidad, cobertura, integridad y oportunidad de las estadísticas oficiales sobre suicidios; así como contribuir a generar herramientas para la identificación de grupos de riesgo, fortalecer las redes de apoyo comunitarias y garantizar el acceso a los servicios de salud mental”.
“Sabemos que una enorme proporción de personas con trastornos mentales moderados o severos no accede a tratamientos adecuados en Argentina. Eso no es solamente un problema sanitario: es un problema social” señala Alessandria, quien oficia como secretario de la sección de Psiquiatría Positiva de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA) y es fundador de la ONG GlobalPsy, que lleva diez años trabajando en formación e investigación y desde 2001 coordina el Observatorio de Prevención del Suicidio y Construcción de Resiliencia de la UNLP.
“Hablar del suicidio, si se hace con responsabilidad, no mata. Lo que mata es el silencio”
“Hacemos trabajo comunitario, y no sólo cuando aparece una noticia impactante. Lo hacemos porque sabemos que esto requiere continuidad” aclara el especialista: “no existe prevención del suicidio sin redes; no puede hacerlo el área de salud sola, ni el área de educación sola, ni las familias por su cuenta solas. Lo que salva vidas es la articulación: comunidad, escuelas, universidades, sistema sanitario, deporte, organizaciones civiles, medios responsables y políticas públicas sostenidas en el tiempo”.
Quienes trabajan en salud mental admiten que tras la pandemia hubo una suba abrupta, de casi un 50%, en el impacto de estas enfermedades. Se sabe que la mitad de los trastornos se desencadena antes de los 14 años, y se calcula que el 85% de las personas con trastornos mentales moderados a severos no tienen acceso a un sistema de detección precoz ni un tratamiento adecuado.
“Hablar del suicidio no mata. Lo que mata es el silencio” enfatiza Hernán Alessandria: “Hablar puede salvar vidas, siempre que se haga con responsabilidad, evidencia y empatía. Cuando ocurre una tragedia, un suceso, con alguien cercano, de la familia, el colegio, el barrio o el club, aparecen las dudas; que por qué, cómo no nos dimos cuenta, en qué fallamos. Y en general, la gente trata de no aludir al tema porque es tabú, porque se siente culpable. En ese punto, es clave la posvención. Y urgente, porque un suicidio puede desencadenar otro. Es necesario intervenir inmediatamente y trabajar con los sobrevivientes”.
“Celebro que hoy tengamos más datos” concluye el profesional: “ahora necesitamos transformarlos en algo más importante: más acción, más articulación y más compromiso colectivo. Porque el suicidio es prevenible y esa convicción sigue siendo el punto de partida de todo lo que hacemos”.
Contactos esenciales
Si algún familiar, alguien cercano, o uno mismo necesita ayuda, estos canales brindan orientación y acompañamiento profesional de forma inmediata.
- Emergencias: 107 o 911
- Líneas Provincia de Buenos Aires: 0-800-222-5462
- CABA/Salud Mental (las 24 horas): 0800-333-1665
- Centro de Asistencia al Suicida: 135 (CABA/GBA) / (011) 5275-1135 | 0800-345-1435
- Línea Nacional de Salud Mental: 0800-999-0091
- Chat (gratuito en Latinoamérica): https://aquiestoy.chat
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