Aunque suele generar controversia por el uso de armas de fuego, el tiro práctico (IPSC, por sus siglas International Practical Shooting Confederation en inglés) es una disciplina deportiva reconocida internacionalmente que combina precisión, velocidad y potencia bajo un estricto reglamento de seguridad. Creado en la década de 1970 en Estados Unidos, se practica hoy en más de un centenar de países y cuenta con federaciones nacionales e internacionales que regulan las competencias.
Los tiradores recorren diferentes escenarios o “etapas”, donde deben resolver recorridos con blancos distribuidos a distintas distancias. Cada ejercicio es supervisado por oficiales de campo, responsables de controlar que se cumplan las normas de seguridad y el reglamento deportivo.
En este deporte, una infracción vinculada a la manipulación del arma implica la descalificación inmediata. Entre las faltas más graves figuran apuntar fuera del área permitida, colocar el dedo en el disparador durante un desplazamiento o efectuar un disparo accidental. En competencias internacionales, cada deportista es acompañado permanentemente por varios oficiales durante su recorrido.
Las pruebas se desarrollan con distintas categorías de armas, entre ellas pistolas, escopetas y carabinas, según la modalidad. En la Argentina, la práctica se realiza en polígonos habilitados y los clubes exigen que los competidores acrediten idoneidad técnica y cumplan con la normativa vigente para la tenencia y utilización del armamento.
Los menores de edad también pueden participar, siempre bajo condiciones específicas: deben contar con la autorización y supervisión de un adulto responsable y desarrollar la actividad dentro de clubes habilitados. En esos casos, las armas permanecen registradas a nombre del tutor, quien asume la responsabilidad legal sobre su tenencia y uso.
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