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Tras 30 años, cerró la calesita de Plaza Paso y quedan menos de 10 activas en La Plata

Sin vueltas. La música dejó de sonar y la sortija quedó en el recuerdo. El pasado viernes, la calesita de Plaza Paso cerró definitivamente sus puertas y con ella se apagó otro de los íconos más entrañables de la infancia de tantísimos platenses.

Su propietario, Adrián Rino Demarchi, oficializó la baja ante la Municipalidad, poniendo punto final a una historia que había comenzado en 1997, cuando adquirió la calesita. Sin embargo, su vínculo con ese mundo venía de mucho antes: desde casi los 18 años había encontrado en las calesitas una pasión que lo acompañó durante toda su vida, convirtiéndose en el rostro de la diversión de 13 y 44. Es un nuevo capítulo de una lenta desaparición que golpea a un patrimonio platense: es de motivo económico y cultural.

A fines del siglo pasado y comienzos del actual, La Plata contaba con más de 20 calesitas distribuidas en plazas y parques. Llegaron hace más de 80 años, siendo tradición turca. Eran puntos de encuentro donde las familias compartían tardes enteras y donde generaciones de niños crecieron esperando alcanzar la sortija para ganar otra vuelta. Hoy, pocos espacios brindan esa chance.

Hace apenas una década, en 2017, todavía permanecían activas once calesitas: Plaza Belgrano (13 y 38), Plaza Paso (13 y 44), Parque Alberti (25 y 38), Plaza Olazábal (7 y 38), Plaza Sarmiento (19 y 66), Plaza Irigoyen (19 y 60), Parque Castelli (25 y 66), Parque San Martín (25 y 51), Parque Saavedra (13 entre 63 y 64), Plaza Iraola (530 y 2) y la Plaza Belgrano de City Bell (Cantilo y 3).

Las crisis económicas de 2001, 2009 y 2018 golpearon con fuerza al sector. Luego llegó la pandemia, que terminó de poner en jaque a muchos calesiteros. En 2021 hubo un intento por reactivar la actividad: se impulsaron medidas de acompañamiento y hasta se instituyó el 4 de noviembre como el Día de la Calesita, buscando reconocer el valor cultural y social de estos espacios.

Patrimonio histórico...

En 2004, cuando la ciudad todavía conservaba alrededor de veinte calesitas, el Concejo Deliberante las declaró Patrimonio Histórico, entendiendo que eran mucho más que un juego mecánico. Eran parte de la identidad de varios barrios, un espacio donde se construían recuerdos y las familias incluían entre sus planes dar esa vuelta. Hoy no aparece, en una consulta a 10, ni como plan.

Aquella magia parece enfrentarse a una realidad distinta. La competencia de nuevas formas de entretenimiento, los costos de mantenimiento y la baja rentabilidad hicieron que, para muchos calesiteros, sostener la actividad se transformara en un enorme sacrificio. Lo que alguna vez fue un punto de encuentro y alegría terminó convirtiéndose, muchas veces, en un esfuerzo económico imposible de sostener.

Con el cierre de la calesita de Plaza Paso -sumado al de Parque San Martín ocurrido el año pasado- quedan apenas un puñado de sobrevivientes. Actualmente continúan las de Plaza Belgrano (13 y 38), Parque Alberti (25 y 38), Plaza Olazábal (7 y 38), Plaza Sarmiento (19 y 66), Plaza Irigoyen (19 y 60), Parque Castelli (25 y 66), Plaza Iraola (530 y 2), Plaza Belgrano de City Bell (Cantilo y 3), además de las del Paseo del Bosque y la República de los Niños. La de Parque Saavedra permanece fuera de funcionamiento debido a las obras de remodelación del espacio.

La Plata todavía conserva algunas calesitas que resisten gracias al esfuerzo de quienes se niegan a dejar morir una tradición centenaria y porque aún pueden mantenerlas. Si no aparecen políticas sostenidas que acompañen a los calesiteros y revaloricen estos espacios, aquellas vueltas que marcaron la infancia de miles de platenses podrían estar transitando sus últimos giros.

Fue el primer caballo de muchos chicos, autitos, cercanía con personajes favoritos de la tele, la primera sortija, la sonrisa de un abuelo, sorteos o depositar la alegría en aquel calesitero o calesitera que tanto esperaba a los más pequerños. Pero cuando una calesita deja de girar, no solo pierde un comerciante: también pierde la memoria de ese barrio.

Llora la calesita, de la esquinita sombría. Y hace sangrar las cosas, que fueron rosas un día.

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