El 27 de septiembre, desde las 10, el Club Unidos por Garibaldi, en 650 y 4, será punto de partida para una carrera especial: tiene como el objetivo conseguir un desfibrilador para la comunidad de toda el área de esa localidad, que incluye a Parque Sicardi.
Bajo el lema “Garibaldi Late”, el vecindario que se extiende hasta Arana y Correas buscarán reunir los fondos necesarios para comprar un Desfibrilador Externo Automático (DEA), un equipo que cuesta alrededor de $3 millones y que pretenden instalar en el puesto de vigilancia de 22 y 659, con personal durante las 24 horas, para convertir a la zona en el primer punto cardioprotegido del barrio. El equipo ayuda a salvar vidas en emergencias cardíacas extremas.
La propuesta incluye una carrera participativa de 7 kilómetros y una correcaminata de 2,5 kilómetros. Aunque quienes no deseen participar también podrán colaborar mediante donaciones. Las inscripciones cuestan $1.000 para chicos de 0 a 8 años, $2.500 para participantes de 9 a 16 y $10.000 para mayores de 17 años. Hasta ahora, la campaña logró reunir $2.331.101, acercándose al objetivo fijado por la institución.
“Más que una carrera, este evento es un latido colectivo”, se resume desde el club, donde hace tiempo comenzaron a trabajar en la iniciativa. Como antesala, organizaron dos jornadas de capacitación en RCP y manejo de desfibriladores, en las que participaron más de 60 vecinos.
Para María Gallardo, socia fundadora, integrante de la comisión directiva y vecina del barrio, el proyecto sintetiza el espíritu con el que nació la institución. “Somos un club muy nuevo; el 10 de octubre cumplimos apenas 16 años. Fue fundado por vecinos y hoy unas 550 personas realizan más de 20 actividades deportivas y culturales”, cuenta. Y agrega que el trabajo se sostiene “con mucho esfuerzo, entusiasmo y el apoyo de los comerciantes del barrio”. Todo es nuevo en un área que tuvo un crecimiento explosivo en las últimas dos décadas.
La decisión de colocar el DEA en el puesto de vigilancia y no en el CAPS de 7 y 634 se debe a que la sala sanitaria no cuenta con guardia nocturna y la ambulancia del SAME asentada allí interviene únicamente cuando la emergencia ocurre en la vía pública. En casos de mayor complejidad, la derivación suele ser hacia el Policlínico San Martín, ubicado a varios kilómetros del barrio, un tiempo que puede resultar decisivo ante un paro cardíaco.
No es la primera vez que el Club concentra el espíritu colaborativo. En los últimos años impulsó una correcaminata para reunir galletitas y elementos de higiene destinados al Hospital de Niños, otra para colaborar con Ciro, un chico que necesitaba un trasplante de corazón, y tres jornadas de donación de sangre junto al Instituto de Hemoterapia de la Provincia, realizadas en 2015, 2023 y 2024. A la vez, cada año organiza muestras sobre la historia del barrio para fortalecer el sentido de pertenencia.
“Es una satisfacción enorme ver el club lleno de gente, desde chicos de cuatro años hasta adultos de noventa que participan en las actividades”, dice Gallardo. El desafío ahora es que ese movimiento comunitario deje una huella permanente. Si la meta se cumple, Garibaldi podrá responder de inmediato a quien necesite ganar minutos que hacen la diferencia entre la vida y la muerte.
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