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A casi dos semanas del operativo policial en el que fueron secuestradas 25 armas de fuego y más de 6.700 municiones, la familia del juvenil tirador Nasif Ale asegura que la angustia reemplazó la rutina de entrenamientos. Mientras la investigación sigue su curso, el padre del deportista relata cómo cambió la vida puertas adentro de la casa y espera una resolución judicial que le permita a su hijo volver a prepararse para representar a la Argentina en el próximo Mundial de Grecia.
Desde hace dos semanas, Adrián Ale -empleado de una compañía de seguros desde hace 27 años- incorporó una nueva rutina junto a sus dos abogados, como es la de pasar por los Tribunales para preguntar si hay novedades sobre la causa y volver a su casa de San Carlos con la misma respuesta: las armas con las que su hijo Nasif entrena para competir, siguen secuestradas, sin que ellos tengan muy en claro dónde y bajo qué condiciones.
En el medio quedaron noches sin dormir, una familia atravesada por la incertidumbre y un adolescente de 16 años que cambió los entrenamientos por la espera.
“La pasamos mal y la seguimos pasando mal”, resume Adrián, sentado en el living donde permaneció 14 horas junto a su esposa y sus dos hijos mientras los efectivos del Grupo Halcón registraban cada ambiente de la vivienda, en el marco de un procedimiento encabezado por la Dirección de Contraterrorismo de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado.
El allanamiento lo ordenó el Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata, en una causa por presunta intimidación pública que se abrió tras detectarse publicaciones en redes sociales, donde el adolescente aparecía realizando prácticas de tiro con armas de fuego y sacaba una pistola de la cartuchera de su bici. Días después se conoció que Nasif integra desde hace años el circuito competitivo del tiro práctico, disciplina en la que representa a la Argentina y con la que obtuvo el cuarto puesto en el último Campeonato Mundial Junior disputado en Tailandia. Tenía entonces 13 años y compitió en su categoría con jóvenes de 20.
“Mi hijo es incapaz de amenazar a nadie -resalta Adrián-; el director del colegio San Miguel (a donde concurre) hizo una nota para presentar a la Justicia contando qué tipo de alumno es y su conducta. Es un chico común y corriente y todos sus compañeros saben que es tirador”. En este punto recuerda también uno de los momentos más emotivos de la carrera deportiva de Nasif: “La primera medalla que obtuvo se la regaló al director, porque se lo había prometido”.
Ese torneo marcó otro récord. Fue la primera competencia general que ganó y, desde entonces, se convirtió en el tirador de escopeta más joven del país y uno de los más precoces de América Latina en esa especialidad.
“MI HIJO ESTÁ TRISTE”
Por eso, la historia del allanamiento y el secuestro de las armas ya fue contada. La que comienza ahora transcurre lejos de los polígonos y de las competencias. Se desarrolla entre expedientes judiciales, visitas al juzgado y una familia que intenta recuperar una normalidad que, asegura, quedó interrumpida por el operativo. “Mi señora está muy afectada también. Mi hijo está enojado, triste. Nosotros estamos haciendo un surco, yendo todos los días al juzgado”, cuenta Adrián.
La preocupación tiene una fecha marcada en el calendario. El 21 de septiembre la delegación argentina debe viajar a Grecia para disputar el Campeonato Mundial de Escopeta de IPSC. Tres días después será el control oficial del equipamiento, instancia en la que cada competidor debe presentar las mismas armas con las que afrontará la competencia.
“Vamos a Grecia si nos dan las armas, porque las que están registradas son las que secuestraron. Aunque nos prestaran armas no podemos ir porque tienen que ser esas dos, no otras.” Mientras la investigación continúa y la Justicia analiza la documentación secuestrada, la cuenta regresiva no se detiene.
PROYECTO FAMILIAR
En la casa de los Ale el tiro práctico nunca fue un pasatiempo individual.
Adrián descubrió la disciplina en 2017 y, cuando Nasif manifestó interés, decidió realizar el curso de instructor para cumplir con las exigencias que impone la normativa para la participación de menores.
“Siempre tuve armas porque me gustan. En el año 2017 descubro el tiro práctico, hago el curso para hacer la disciplina, que te habilita a participar en torneos sociales, locales, metropolitanos y nacionales”, recuerda. Su hijo comenzó primero con aire comprimido y, cuando las actividades volvieron después de la pandemia, ingresó al curso para menores que ofrecía el Tiro Federal Argentino de La Plata, con sede en Berisso.
El progreso fue rápido. A los 11 años ya había obtenido las habilitaciones para competir. La madre, María, acompaña los entrenamientos y los viajes. El hijo mayor también probó la disciplina, aunque luego eligió otro camino.
“Nasif anda en bicicleta y hace tiro deportivo. ¿Qué más puedo pedir como padre, si los chicos hoy están con la computadora, con el teléfono?”, dice Adrián. Es que este deporte, explica, está regido por protocolos estrictos de seguridad.
Cada competidor es supervisado permanentemente por oficiales de campo y cualquier incumplimiento implica la descalificación inmediata. “Las normas de seguridad son el 80 por ciento del deporte”, sintetiza.
LA NOCHE QUE CAMBIÓ TODO
Hasta aquella noche del 22 de junio, la mayor preocupación de la familia era organizar el viaje al Mundial. El allanamiento modificó completamente ese escenario.
“No teníamos idea de nada. Vinieron poco después de las 22. Vino un escuadrón completo del Grupo Halcón, con más de 20 personas”. Recuerda Adrián que abrió inmediatamente la puerta y levantó las manos antes de que se lo pidieran.
“Me esposaron, igual que a mi hijo de 22 años, que salió descalzo y en short porque estaba acostado” y también a Nasif: “Le apretaron tanto las esposas que todavía debe tener alguna marca”.
Después llegaron perros entrenados para detectar drogas en una búsqueda que duró algunos minutos-, seguida de una requisa que se prolongó durante casi catorce horas. Durante ese tiempo fueron secuestradas 25 armas, más de 6.700 municiones, teléfonos celulares y documentación.
Adrián sostiene que toda la tenencia estaba registrada y que colaboró con cada requerimiento. “No encontraron nada fuera de lo que marca la ley. Está todo permitido y registrado”. Incluso recuerda que algunas de las armas son modelos específicos para competición y prácticamente inexistentes en el mercado argentino.
“Tardaron 14 horas para contar 25 armas y se olvidaron de registrar un cargador lleno, que me devolvieron”
El esfuerzo para construir la carrera deportiva de Nasif fue, según cuenta la familia, exclusivamente propio. “Todo es a pulmón. Para ir a Tailandia en 2023 pusimos todos nuestros ahorros. Desde ese año no nos vamos de vacaciones ni a comer afuera”, detalla. De hecho, los fines de semana, después de entrenar en Berisso o CABA, regresan directamente a su casa para ahorrar.
“Nunca tuvimos apoyo del Estado. Lo pedimos, pero ni siquiera nos contestaron”, aclara, no sin apuntar que esa discusión -por ahora- quedó en segundo plano.
“El apoyo no vendría mal, pero eso es secundario. Lo que queremos es recuperar las armas”. La familia contrató a los abogados Santiago Anuassi y Axel Hurtado, ambos conocedores del ambiente del tiro deportivo. Uno de ellos, incluso, tiene previsto participar del próximo Campeonato Mundial de Grecia.
La estrategia de la defensa apunta ahora a demostrar que toda la documentación exigida por la legislación vigente se encuentra en regla y que no existe ninguna irregularidad en la tenencia del armamento, que figura a nombre del padre por tratarse de un menor de edad.
VARIOS INTERROGANTES
Más allá de la resolución que finalmente adopte la Justicia sobre la documentación y el armamento secuestrado, el caso dejó planteados varios interrogantes.
¿Hasta dónde deben llegar las investigaciones preventivas iniciadas a partir de publicaciones en redes sociales? ¿Cómo se compatibiliza la obligación del Estado de actuar frente a una posible amenaza con el derecho de quienes desarrollan una actividad deportiva legal y regulada?
Esas respuestas todavía no existen. Lo que sí cambió fue la vida cotidiana de esta familia platense, porque para ellos el tiempo no se mide por los plazos judiciales del expediente sino por los días que faltan para el Mundial y los entrenamientos que pierde este joven deportista de élite.
“Se equivocaron con nosotros”, afirma Adrián Ale. Y utiliza una comparación que repite varias veces durante la entrevista: “Fueron a cazar al zoológico o a pescar en una pecera. Vinieron por Pablo Escobar y se encontraron con la familia Ingalls. Si averiguaban hubieran sabido que todas las armas están registradas”.
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