(Enviado especial de EL DIA a Estados Unidos)
Kansas City.- A menos de tres días del debut de la Selección Argentina en el Mundial, el complejo deportivo donde jugará el equipo de Lionel Scaloni ofrece una postal tan particular como llamativa: a pocos metros de distancia conviven el clima relajado del béisbol estadounidense y la expectativa creciente por la llegada de miles de hinchas albicelestes.
Mientras la ciudad se prepara para recibir el encuentro entre Argentina y Argelia, este sábado el protagonismo fue para los Kansas City Royals, el equipo local de béisbol que disputó su partido en condición de local ante una multitud.
Desde temprano comenzaron a llenarse los enormes estacionamientos que rodean el complejo. Camionetas, casas rodantes, parrillas portátiles, cerveza y largas mesas forman parte de un ritual típicamente norteamericano que antecede a cada partido. Todo ocurre en el mismo lugar donde, dentro de pocos días, desembarcarán miles de argentinos para acompañar a la Scaloneta.
La particularidad del lugar es que reúne dos escenarios emblemáticos del deporte estadounidense. Por un lado, el estadio de los Royals; por el otro, el imponente Arrowhead Stadium, elegido como sede mundialista y escenario del debut argentino.
Con capacidad para cerca de 76.000 espectadores, el estadio fue adaptado a los requerimientos de FIFA para albergar la Copa del Mundo. Incluso resignó parte de su aforo habitual para adecuar sectores destinados a delegaciones, bancos de suplentes y espacios operativos exigidos por la organización.
De la calma al hormiguero mundialista
Por ahora reina la tranquilidad. Sin embargo, la situación cambiará radicalmente en cuestión de horas.
Según estimaciones de los organizadores, para el martes podrían concentrarse más de 100.000 personas en los alrededores del estadio entre espectadores, turistas, revendedores y curiosos que buscarán vivir de cerca la experiencia mundialista.
"Hoy es una tarde de béisbol. El martes esto será una marea celeste y blanca", describió Mendinueta durante una recorrida por el predio.
El contraste resulta impactante. Allí donde este sábado familias enteras compartían almuerzos al aire libre y seguían las alternativas del béisbol, en pocos días se instalarán fanáticos llegados desde distintos puntos del mundo para presenciar uno de los partidos más esperados de la primera fase.
Un ritual bien estadounidense
La organización también llamó la atención. Decenas de colaboradores, muchos de ellos mayores de 55 años, coordinaban con precisión cada movimiento de vehículos y asistentes.
Todo transcurre con una tranquilidad difícil de encontrar en otros grandes eventos deportivos: largas filas ordenadas, estacionamientos perfectamente señalizados y un ambiente familiar dominado por el tradicional "tailgate", la costumbre estadounidense de reunirse a comer y beber en los alrededores de los estadios antes de cada encuentro.
Mientras tanto, las estructuras vinculadas al Mundial comienzan a tomar forma. Carpas, áreas operativas y sectores restringidos ya anticipan la transformación que experimentará el complejo cuando la pelota empiece a rodar.
Kansas City vive por estas horas una curiosa transición. El béisbol todavía ocupa el centro de la escena, pero el fútbol ya asoma en el horizonte. Y en ese punto exacto donde hoy se escuchan los bates y los aplausos de los fanáticos de los Royals, el martes rugirá la hinchada argentina en el inicio de un nuevo sueño mundialista.
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