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El archivo de la memoria popular lo recordará al triunfo como “el inesperado milagro de Atlanta”

Cuando todo indicaba que se volvía, Argentina construyó lo que parecía imposible. Su reacción hizo llorar a muchos
Messi fue el jugador más determinante de la selección en los minutos finales. él condujo al grupo

ATLANTA, Georgia (Env. Esp.)

@firmamendinueta

Después de haber sentido el filo cortante de la cornisa que anticipa la caída al precipicio, y presagiar el tan abrupto como triste punto final de su ilusión, la legión de hinchas argentinos repite a quien quiera escucharlos que al campeón del mundo siempre hay que tenerle fe.

Horas después del pitazo final y rebobinando la cinta de un día inolvidable de punta a punta, reaparece aquel cartel que nadie podía creer; Argentina 0 - Egipto 2. Fue un momento oscuro. De profundo vacío en el pecho. Decididamente negro. El grito de gol de los que estaban vestidos y pintados de rojo penetró como una daga que se clavó en los corazones que laten fuerte por Leo Messi. ¿Cómo iba a hacer Argentina para alcanzar el empate defendiendo tan mal y con el arquero egipcio atajando en excelente nivel?

La tarea asomaba como una misión imposible. Ni siquiera la anulación del gol mediante la salvadora revisión del VAR (encontró una lejana infracción sobre Lisandro Martínez en posición de ataque), alcanzó para mucho más que un alivio. Sin frescura, otra vez lento y dependiendo en extremo de su ancho de espada, que no había pateado bien el penal que le desviaron, el favorito no estaba dando la talla. Aquel cuadro de situación sólo invitaba a una plegaria. Y no mucho más.

LA GESTACIÓN DE UNA REMONTADA ÉPICA

Cuando el Cuti Romero volvió a ponerse el traje de artillero, se experimentó un brote de esperanza. Después del segundo gol de Egipto, que no necesitó pasar por el VAR para ser convalidado, se rompieron miles de vasos plásticos y pasó a gobernar la dictadura del pesimismo. Pero eso se cortó en el tanto de descuento. Volvieron los cantos y el apoyo a un equipo que realmente lo necesitaba.

La historia empezó mal pero terminó siendo ideal con pasaje de la angustia al éxtasis

Lo mejor de “La Scaloneta” fue que jamás renunció al rol protagónico que lo define como una escuadra grande y poderosa. El instante supremo en que el jugador símbolo de esta Copa del Mundo incrustó el empate, se hizo la luz... Confianza, autoestima, vigor, esfuerzo y valentía se unieron en un cóctel de sabor inigualable. ¿Podría entonces ganar sin necesidad de tiempo extra, ni de pasar por el enorme riesgo cardíaco de los tiros desde el punto del penal? Era una meta muy ambiciosa, pero en una de esas...

Felízmente, el final de película estaba escondido en el cabezazo magistral de Enzo Fernández. Impacto perfecto para que el antiguo cartel en las pantallas 360 del estadio donde se leyó Argentina 0 - Egipto 2 mutara en Argentina 3 - Egipto 2. No había off-side probable ni apoyo polémico que revisar en la sala VAR, entonces se pudo sacar todo lo que estaba guardado en el pecho sin riesgo alguno de anulación. Fue como subirse a una montaña rusa de Disney sin cinturón de seguridad. Aunque cueste creerlo, hubo muchos que no emitieron sonido y se largaron a llorar como nenes superados por la emoción.

La transformación épica de nuestra Selección será tema obligado de análisis hasta el próximo sábado, cuando se presente en Kansas City soñando con el pasaje a semifinales.

Argentina construyó lo que parecía que no podría. Defendiendo, otra vez, con problemas y errores, igual se las arregló para que su gente siga cantando que van a levantar el trofeo. La historia empezó mal, fea y complicada. Terminó siendo ideal, con pasaje en primera clase de la angustia al éxtasis. Lo vivido en esta ciudad quedará guardado en el galpón de la memoria popular como “el inesperado milagro de Atlanta”.

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