Otra vez la banda argentina dijo presente en Miami y jugó de local en una tierra que le sienta bien. Con los accesos al Hard Rock Stadium colmados de simpatizantes, los hinchas argentinos volvieron a estar en el centro de la escena y transformaron una jornada de fútbol en una verdadera fiesta albiceleste.
Ni siquiera los intentos de lluvia pudieron detener el agite de los campeones del mundo. Durante buena parte de la tarde, el cielo se tornó gris y encendió algunas alarmas. Desde distintos puntos del continente comenzaron a circular rumores sobre una posible modificación en el horario del partido debido a eventuales tormentas eléctricas. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Miami mantuvo sus condiciones y la fiesta pudo desarrollarse con total normalidad.
Desde temprano, la ciudad comenzó a teñirse de celeste y blanco. En supermercados, estacionamientos, bares y espacios verdes cercanos al estadio se improvisaron puntos de encuentro donde las canciones de cancha tomaron protagonismo. Los bombos, redoblantes y banderas aparecieron mucho antes del horario pactado para el encuentro, generando un clima muy similar al que suele vivirse en cualquier previa de la Selección en suelo argentino.
El tradicional “Fan Fest” fue otro de los lugares elegidos por los simpatizantes. Allí miles de personas se congregaron para compartir la espera, sacarse fotografías y cantar por la Selección. Familias enteras, grupos de amigos llegados desde distintos estados norteamericanos y turistas que aprovecharon sus vacaciones se mezclaron en una marea celeste y blanca que copó los alrededores del estadio.
Algunos aparecieron disfrazados, otros con camisetas históricas, banderas gigantes o carteles dedicados a Lionel Messi. También estuvieron los infaltables puestos gastronómicos adaptados al gusto argentino, con choripanes, empanadas y otras especialidades que ayudaron a generar una sensación de cercanía con el país.
Uno de los datos de color se produjo minutos antes del inicio del encuentro. El deseo de ver a Lionel Messi dentro del campo hizo que muchas personas permanecieran en los alrededores del estadio intentando conseguir una entrada de último momento. Las reventas alcanzaron cifras impactantes, superando en algunos casos los cinco mil dólares.
Cuando finalmente se habilitaron las puertas del Hard Rock Stadium, el ingreso de los simpatizantes terminó de darle forma al escenario soñado. Las tribunas quedaron completamente coloreadas de celeste y blanco y musicalizadas por una multitud que, una vez más, hizo sentir a la Selección como en casa. Miami volvió a convertirse en territorio argentino.
Banderas colgadas en cada rincón, camisetas de distintas épocas y generaciones enteras unidas por una misma pasión completaron una postal difícil de encontrar lejos del país. Mientras los jugadores realizaban los movimientos precompetitivos sobre el césped, desde las tribunas bajaban los clásicos cantitos que acompañan a la Scaloneta en cada presentación. El recibimiento fue ensordecedor y dejó en claro que, sin importar la distancia, la Selección siempre encuentra un hogar donde jugar. Porque si algo quedó demostrado una vez más, es que cuando Argentina sale a la cancha, miles de hinchas se encargan de borrar cualquier frontera.
De esta manera, el combinado nacional volvió a sentir una vez más, el cariño de más de 50 mil argentinos presentes en el Estadio, que hasta el último suspiro, y pitazo final apoyaron al conjunto campeón del Mundo dirigido técnicamente por el oriundo de Pujato, Lionel Scaloni.
Las calles de Miami volvieron a teñirse de celeste y blanco ante el avance de hinchas argentinos
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