Desde varias horas antes al inicio del partido de Argentina frente a Jordania en el AT&T Stadium, la fanaticada albiceleste volvió a copar las calles de Dallas, y como es costumbre se llevó todas las miradas: de texanos que merodeaban por la zona, hasta hinchas de otras selecciones que no se quisieron perder la fiesta argentina.
En las arterias que conducen a la “nave nodriza”, predominan dos colores: el celeste y blanco, mientras que las camisetas de varios equipos del fútbol argentino también pintan el panorama de pura alegría, murga y carnaval. El barrio se trasladó hacia metrópolis del norte de Texas. Los argentinos allí presentes, por un rato, parecen haber olvidado todos los problemas, el mal de amores, las deudas de la tarjeta de crédito y la inflación.
Los redoblantes, bombos y trompetas son los elementos que musicalizan la cálida tarde, y que en una especie de escena cinematográfica, la caída del sol dibuja en el cielo la bandera argentina. Al mismo tiempo, los símbolos patrios están al frente de un banderazo que se armó a un par de cuadras del recinto, que una vez más, albergará a miles de hinchas.
El folklore argentino está presente desde temprano, las caras de Messi, Maradona, Gardel y hasta de Pappo le dan otro colorido a la jornada; mientras que al ritmo de “Muchachos”, y a paso de hombre, las hordas avanzan por la avenida E Randol Mill Rd. “Las Malvinas son Argentinas”, dice una bandera de un hincha oriundo del conurbano bonaerense, que acompañado de bebidas espirituosas, se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
“Y 32 años después la Scaloneta va a vengar...”, es otra de las canciones que se escucha a la pasada y que al detectar más argentinos, el volumen va en crecida como el río. El panorama es ideal y los argentinos lo hacen mejor todavía.
A diferencia del clásico de los Redondos, el “ambiente está encantador”. Es que miles de historias se cruzan y entrelazan desde distintos puntos del mapa argentino. Aquellos que vendieron hasta lo que no tenían para disfrutar la última función de Lionel Messi, hasta quienes bajaron la persiana del negocio por unas semanas para alentar a la Selección
Por su parte, el humo de las parrillas y los gritos de bebida que comúnmente se oyen en las inmediaciones de cualquier Estadio argentino o en las costas de nuestro lado del atlántico, también están presentes.
Y cuando las puertas del estadio comenzaron a engullir a los miles de hinchas que llegaron desde distintos lugares, la sensación fue la misma que se repite partido tras partido. No importa si es Dallas, Miami, Doha o Buenos Aires. La Selección consigue algo difícil de explicar: transformar cualquier rincón del mundo en una pequeña porción de Argentina. Entre abrazos de desconocidos, camisetas heredadas, banderas gastadas por los kilómetros y canciones que atraviesan generaciones, el pueblo argentino volvió a decir presente. Todavía faltaban varios minutos para que rodara la pelota, pero el partido ya había comenzado en las calles. Y una vez más, la tribuna albiceleste ganó su propio encuentro antes del pitazo inicial.
Ya minutos antes del inicio el juego entre la hincha y los futbolistas en el campo de juego haciendo la entrada en calor se hizo cotidiano. Las canciones contra el rival también. En tanto, que con la pelota rodando por le verde césped, al unísono el cancionero nacional suena hoja tras hojas. Una vez más, como en tantas veces, Argentina se siente local, porque todo lo que toca lo contagia. En ese contexto simpatizantes de otros países que pagaron sus entradas para ver al “diez”, se unen a la fiesta.
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